Se advertía una noche de reuniones y un día de conclusiones para sentar unas bases. Casualmente, después de ello, España recupera su fluidez. El tiempo, y no el entorno, dirá quiénes son las víctimas colaterales; de momento llevamos dos: Llull fue señalado indirectamente para atacar a quién apostó por él, Scariolo; mientras que la otra víctima no deja de ser un Ricky Rubio que pese a que ha completado su partido más completo en lo que va de torneo -su último minuto después de robar un balón, penetrar a canasta, fallar y más adelante no escatimar esfuerzos para volver a quitar el balón a los lituanos y hacer una asistencia a Marc Gasol, es para recordar a aquellos que lo señalan como culpable coincidente de la marcha de la selección- esperemos que sirva para no cuestionarlo tanto.

 

El siguiente nombre en aparecer será Claver. Todos víctimas de un entorno mediático exigente, un vestuario que nunca ha sabido administrar los relevos generacionales, recordemos cuando el rendimiento de Rudy discutía la presencia en pista de Juan Carlos Navarro, y que siempre vuelven a ser los intocables los que aparecen y reafirman su ascendencia en el colectivo.

 

Ahora mismo no podemos esperar una regularidad en el libro de estilo español. Debemos conformarnos con la competitividad. Instalados en la eficacia, huyendo de la eficiencia. Lejos de apostar por la estética debemos resolver por el resultadismo más estricto. Cada partido, una batalla. Llegar a la final como sea. España, lejos de exhibir su estilo propone mostrar su lado más rudo. Cerca de lo terrenal. Lejos de mostrar su potencial, nos demuestra su mentalidad ganadora, que es mucho pero insuficiente para el paladar sibarita del aficionado español. Se nos presenta una España diferente, pero no menos interesante. Menos atractiva visualmente pero con muchos más argumentos para analizar.

 

España no defiende mal en el poste bajo pero atacaba de forma muy desordenada. Se perdió en la defensa estática otomana, mientras que ante Lituania supo leer muy bien las líneas de pase. Principalmente por la defensa exterior. Además, España ha podido correr. La clave del equipo es reunir un equilibrio. Se habla mucho de los bases, se ha recurrido mucho al "paucentrismo", se está lamentando -y desde estas líneas nos incluimos- en la baja de Carlos Jiménez. Es en este último punto donde me gustaría pararme.

 

No se debe limitar la involución española a la ausencia de Jiménez, ni mucho menos de Calderón. La realidad nos muestra que tanto el uno como el otro no completaron una gran trayectoria en los Juegos Olímpicos. Jiménez poco a poco iba reduciendo su peso en el equipo, pero su intrascendencia venía motivada porque otros jugadores estaban en mejor situación, léase Mumbrú. Contra Lituania, el alero catalán estadísticamente no demostró una sorpresa en su rendimiento pero se mostraba muy cómodo en la rotación de Scariolo.

 

Las claves que han diferenciado a la España de este torneo con la que ganó a Lituania de forma clara han sido Ricky por su actuación cuando España perdía por 9 puntos al finalizar el primer cuarto y como revolucionó el segundo; Rudy por su aportación intensa para equilibrar la defensa española; y Mumbrú por completar un partido bastante serio en muchos aspectos, siempre presente, ofreciéndose siempre en posiciones claras de lanzamiento. El partido más consistente de Mumbrú ha coincidido con una mayor comodidad de los de Scariolo. Otros, como los Gasol, Felipe Reyes, Navarro, Rudy o Ricky llenarán portadas y recibirán los elogios de la crítica. El mejor calificativo de Mumbrú es aportar y trabajar para el silencio de la crítica. Trabajar por el sentido táctico. Asimilar el perfil de Jiménez; no rendir pleitesía a su nombre.

 

Son jugadores capaces de mezclar la albañilería con la orfebrería de los que recogen los elogios y son retratados en las portadas. Jugadores que antes eran el mismo Jiménez, o también Garbajosa, Berni Rodríguez y Cabezas. Jugadores que sí se hicieron con un papel como no consiguieron otros jugadores como Sergio Rodríguez, TrigueroFran Vázquez. Jugadores que son conscientes de sus limitaciones pero que facilitaban la consideración del grupo como un equipo. Los hay que pensaban que este grupo ganaba porque le gustaba jugar a la pocha, cuando en realidad ganaban porque todos sabían perfectamente cual era su función en el equipo. Asimilación de perfiles y distribución de roles. Y no vean como cambia la cosa.


Fuente:

TUBASKET.com