Los deportistas con discapacidad intelectual vuelven a los Paralímpicos después de la estafa de la Selección Española de baloncesto en Sidney 2000
El deporte español tiene mucho de lo que sentirse orgulloso, pero también hay algún que otro episodio que es de lo más vergonzoso.
Sin duda, uno de estos últimos fue la estafa que la Asociación Nacional para el Deporte Especial cometió con la selección de baloncesto de discapacitados mentales en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000.
El equipo ganó el oro, arrasando a sus rivales, pero poco después se descubrió el pastel de que diez de los doce integrantes no eran padecían discapacidad e incluso dos de ellos eran jugadores de Liga EBA.
En el caso de problemas físicos la comprobación es evidente, sin embargo cuando se trata de enfermedades mentales la cosa cambia.
A raíz del escándalo, el Comité Paralímpico Internacional (IPC) decidió que hasta que no hubiera un sistema fiable para detectar la discapacidad no se celebrarían competiciones de ningún tipo en esta categoría durante los siguientes Juegos.
Ese método no fue aprobado hasta 2009 y ha permitido que atletas paralímpicos con estos problemas vuelvan a participar en los Juegos Paralímpicos que se celebran estos días en Londres.
Se van a disputar las pruebas de salto de altura, lanzamiento de peso y 1.500 metros en atletismo, otras tres modalidades en natación y tenis mesa.
Existen varios aspectos que dilucidan si un deportista puede ser considerado discapacitado mental: un coeficiente intelectual por debajo de 75; deterioro en el funcionamiento adaptativo, por ejemplo, las habilidades sociales o de comunicación y discapacidad ocurrida antes de los 18 años.
Una vez que un atleta se reconoce con discapacidad intelectual, se le somete a una clasificación específica de los deportes, un proceso supervisado por la federación deportiva internacional para el deporte en cuestión, el IPC en el caso del atletismo y la natación, y la Federación Internacional de Tenis de Mesa en el último caso.
La segunda serie de pruebas son específicas de cada deporte. Para los 1.500 metros se hace una prueba de ritmo: se comprueba si el atleta tiene la capacidad para moderar o no su velocidad para evitar el desfallecimiento antes de la carrera.
Para el tenis de mesa se verifica si el jugador es capaz de hacer determinados tipos de servicios o responder a una serie de saques de un adversario. Cuando aparecer algún deportista que demuestra una habilidad muy por encima del resto se deshecha su participación en la prueba.
Según Peter Van de Vliet, miembro del comité médico del IPC es un sistema “muy robusto”, que hace muy improbable repetir el fiasco del baloncesto español en los Juegos de Sidney.
Sin duda, uno de estos últimos fue la estafa que la Asociación Nacional para el Deporte Especial cometió con la selección de baloncesto de discapacitados mentales en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000.
El equipo ganó el oro, arrasando a sus rivales, pero poco después se descubrió el pastel de que diez de los doce integrantes no eran padecían discapacidad e incluso dos de ellos eran jugadores de Liga EBA.
En el caso de problemas físicos la comprobación es evidente, sin embargo cuando se trata de enfermedades mentales la cosa cambia.
A raíz del escándalo, el Comité Paralímpico Internacional (IPC) decidió que hasta que no hubiera un sistema fiable para detectar la discapacidad no se celebrarían competiciones de ningún tipo en esta categoría durante los siguientes Juegos.
Ese método no fue aprobado hasta 2009 y ha permitido que atletas paralímpicos con estos problemas vuelvan a participar en los Juegos Paralímpicos que se celebran estos días en Londres.
Se van a disputar las pruebas de salto de altura, lanzamiento de peso y 1.500 metros en atletismo, otras tres modalidades en natación y tenis mesa.
Existen varios aspectos que dilucidan si un deportista puede ser considerado discapacitado mental: un coeficiente intelectual por debajo de 75; deterioro en el funcionamiento adaptativo, por ejemplo, las habilidades sociales o de comunicación y discapacidad ocurrida antes de los 18 años.
Una vez que un atleta se reconoce con discapacidad intelectual, se le somete a una clasificación específica de los deportes, un proceso supervisado por la federación deportiva internacional para el deporte en cuestión, el IPC en el caso del atletismo y la natación, y la Federación Internacional de Tenis de Mesa en el último caso.
La segunda serie de pruebas son específicas de cada deporte. Para los 1.500 metros se hace una prueba de ritmo: se comprueba si el atleta tiene la capacidad para moderar o no su velocidad para evitar el desfallecimiento antes de la carrera.
Para el tenis de mesa se verifica si el jugador es capaz de hacer determinados tipos de servicios o responder a una serie de saques de un adversario. Cuando aparecer algún deportista que demuestra una habilidad muy por encima del resto se deshecha su participación en la prueba.
Según Peter Van de Vliet, miembro del comité médico del IPC es un sistema “muy robusto”, que hace muy improbable repetir el fiasco del baloncesto español en los Juegos de Sidney.

Obispo- 01/09/2012 a las 14:36:07
Recuerdo aquello y creo recordar un reportaje amplio en Gigantes(de esto no estoy tan seguro) Es lo más bochornoso y penoso que ha sucedido en el deporte español. Como persona que trabaja con personas con discapacidad me parece aberrante, ya no sólo por los responsables que actuaron con mala fe, sino también por los, mal llamados, deportistas que incurrieron en un delito tan miserable al que a penas encuentro calificativo. No sólo arrebataron a personas con discapacidad la posibilidad de acudir o luchar por ir a unos juegos olímpicos, sino que robaron partidos, ganando(de paliza) a rivales con personas con discapacidad. Es de lo más deplorable que se puede hacer en el ámbito deportivo. Según mi entender, es muchísimo peor esto que el que un deportista se dope.
Desiderio- 01/09/2012 a las 14:26:44
El deporte para personas con discapacidad intelectual se agrupa principalmente en la entidad SPECIAL OLYMPICS. Tiene presencia en más de 200 países (también en España) es un gran ejemplo para todo aquel que se quiera acercar a conocerlo.