Fundidos en la trinchera. Partido durísimo de plantear, más propio del baloncesto táctico europeo que del sueño americano que hace perder el sueño, y quizás el sentido común, de los jugadores españoles. Hasta el año 2000 el paradigma del baloncesto europeo se resumía en encuentros como el de ayer. Defensa cerrada y lucha sangrienta en el rebote. Pocos puntos, muchos intentos de canasta y sólo ganan los que tienen la cabeza fría. El que tiene las ideas muy claras. Saber a qué jugar.

 

En el último partido alabamos el sentido -y sentimiento- competitivo de los jugadores de la selección española. La competividad es un rasgo importante dentro de los tres aspectos a tener en cuenta en un jugador de baloncesto de élite: talento, físico y mentalidad. Todos estos aspectos los reúne la selección española dentro de una cultura que se ha transmitido los últimos diez años: desde Alberto Herreros a Pau Gasol. Se ganarán muchos partidos, de la misma manera que se han ganado muchas medallas; pero para partidos como el de ayer hay que añadir un elemento que por sorpresa no han reunido este año: la ideología.

 

Si el otro día analizando la derrota contra Serbia llorábamos por la falta de fluidez y de equilibrio de los nuestros, hoy tenemos que lamentarnos porque España ha caído contra el rival que mejor ha sabido jugar contra los de Scariolo. La mejor de largo. Han sacado de quicio a los españoles, tanto en el partido como en el post-partido. Las palabras de Marc Gasol a parte de ser inoportunas son un mal ejemplo de la derrota.

 

España no ha perdido por una canasta o por una decisión arbitral. España pierde porque juega sin pensar, le falta cordura y no sólo vale la bemolía de Reyes, la clase de Rudy o centrarnos en la defensa del mejor jugador turco como si se fuera un equipo pequeño. Malentendidas o no, estas declaraciones son de un mal gusto inapropiado dentro de los códigos de vestuario; más en el baloncesto, deporte de errores y de estadística.

 

Turquía planteó un partido de baloncesto presidiario. Un motín carcelero. Hombres altos, empujones en cada balón expedido por el aro. Vuelta a comenzar ante el lucimiento de bíceps y tatuajes. Poco margen para el talento. Necesidad imperiosa del estado de forma y de los centímetros. Desapercibidos los encargados del equilibrio: Claver y Mumbrú.

 

Faltísimo de forma el único miembro de la albañileria viril que sí disfrutaron otros entrenadores en estos últimos diez años: Garbajosa. Marc Gasol no se entiende con su hermano en la pista y Felipe Reyes no podía luchar con Ilyasova y Turkoglu porque si algo no tiene el pivot madridista son los centímetros y la presencia.

 

Ante los problemas, vuelta a la solución crónica de los males del equipo. Vuelta al paucentrismo. Acompañada de lanzamientos siempre presentes de Rudy Fernández. Ambos sobresalientes pero insuficientes para partidos como el de esta tarde. Faltaban ideas sensatas, un poco de inteligencia y de frialdad en momentos de explosión de adrenalina.

 

Scariolo aportó cosas pero los jugadores dan la sensación que cumplen sin creer en él. El entrenador italiano se convirtió en el alcaide inoperante ante el motín que ha organizado Turquía. Se presenta en Varsovia una noche y un fin de semana bastante intenso.


Fuente:

TUBASKET.com