Noche de récords: 15 horas en el estadio - por Fabián García
En Estados Unidos-Grecia cumplí mis trece horas en la cancha
Como algunos sabrán, además de ser blogger de TUBASKET.com, soy el editor de la revista argentina Básquet Plus (www.basquetplus.com). Por ende, sigo los partidos de España, los de Argentina y, en casos como el de ayer, todos los demás, ya que España juega primero y Argentina, último.
El maldito calendario ha hecho que nuestros amigos de La Furia tengan que enfrentar a Alemania en la inhumana hora de las 9:00 am, por lo cual, tras haber trabajado ayer hasta eso de las 3, me levanto fresco como una lechuga a las 7.30. Ducha rápida y directo a Sr. Coffee, el bar de enfrente de mi hotel.
Bien alimentado, sé que el día será largo y que iré por mi récord absoluto en torneos internacionales. Después de 20 años desde mi primer cobertura en el exterior (Preolímpico de Uruguay en 1988 donde, dicho sea de paso, al regreso del mismo me enteré en el Buquebús que me había salvado de la mili), y con cinco mundiales, otro Juego Olímpico, varios Torneos de las Américas y demás, estaré en una cancha de básquetbol, sin interferencias, por lo menos 15 horas.
No sé si fue por la sugestión de la cifra, pero cuando terminó el primer tiempo de España-Alemania e hice la cuenta de que faltaban 11 mitades más en el día, me empezó a invadir una mezcla de falta de respiración, alergia, calor, frío, fiebre…¿resistiría?
Terminó España, grabé una nota con José Calderón para TUBASKET.com (a propósito, si de golpe ven que se cortan los informes desde Beijing, es porque caí en cana, ya que todos los días me están retando porque no se puede grabar video con la credencial que yo tengo) y ví la hora: 11.30 am.
Me crucé con Petete García (jefe de FIBA Américas), que me contó que todavía no está en condiciones de asegurar que se juegue la próxima Liga de las Américas y también que hoy perdíamos contra Croacia, pero bueno, no es porque todo haya terminado, pero yo le contesté que le íbamos a dar una paliza a los europeos. Petete puede dar fe.
Nos despedimos y ya eran las 12. Se venían dos partidos muy pesados: Australia-Irán y China-Angola. Ninguno de los dos me entusiasmaba en lo más mínimo, pero tenía mucho trabajo por delante, así que no me preocupé y me puse a currar. El primer juego se pasó volando, y aproveché entre ese y el siguiente para ir en busca de alimentos. Había desayunado muy temprano y ya estaba con la reserva.
Aunque McDonald’s es uno de los auspiciantes de estos juegos, después de un estudio basado en unos 200 encuestados podemos asegurar que no hay un local de esa empresa en 800 metros a la redonda del estadio. Mínimo. Y pese a que le tengo prometido a mi mujer cuando viajo que no voy a comer allí (salvo cuestión de vida o hambre), la verdad es que nos hubiese venido de perillas más de una vez.
Para envidia de mis colegas compatriotas, y ya que tenía tiempo, hice el scouting correspondiente y encontré, en uno de los locales, algo parecido a sandwichs de miga de jamón y queso. Creo que en realidad es salchicha y queso, pero las formas no me cierran como para confirmarlo.
Dos por 16 yuanes (Juanes a partir de ahora). Más la Coca, 21. Tres dólares. No comeremos bien, pero barato, seguro. Desde que me dieron los sandwichs hasta que me senté a escribir, por lo menos tres periodistas me dijeron con los ojos abiertos: “Hijo de puta, ¿de dónde sacaste eso?”, como si se tratara de un jamón ibérico o una paella. No, eran unos sandwichs miserables, calificables con 1 tenedor sobre 5.
Uno de los desesperados por la información era mi amigo Jorge Muñoa, de la agencia EFE, que alguna vez tendrá que pasarme su receta para llevar el ritmo que lleva. A Jorge le prometí una estatuilla el último día, para premiarlo como el hombre con más horas en este estadio, ya que cubre los seis partidos de masculino y los seis de femenino, todos los días. Y después, a veces, se va a tomar una cerveza. Un monstruo. Jorge recibirá la medalla de oro y un uruguayo que no recuerdo el nombre y que trabaja para AFP, la de plata. Yo, humildemente, creo estar en carrera para el bronce, sobre todo después de hoy.
Pasó China (primer triunfo) y me saqué las ganas de intercambiar un par de palabras con Sun Yue, el chino que acaba de arreglar con los Lakers (no firmó aún) y que, si no hace un curso intensivo de inglés de acá a octubre, a Kobe Bryant no lo va a ver ni en fotos. Como habían perdido los dos juegos anteriores, Yue no había hablado con la prensa, entonces no fuimos muchos a buscarlo. Lo tuve para mí solito cinco minutos.
Volví a mi mesa de trabajo (cuya silla ya tenía marcado el formato de mi trasero), y seguí enfrascado para poner lo más al día posible www.basquetplus.com Se venía el primer partido verdaderamente interesante de la noche: Lituania-Rusia. Los lituanos lo tenían dominado, se les complicó, pero aparecieron Ramunas Siskauskas, Kaukenas y algo de Jasikevicius y mantuvieron el invicto.
Nuevamente fui a la zona mixta a ver qué onda y, como lo tenía a Kleiza a mano, le pregunté si podía ver alguna similitud entre su doble a la Argentina para ganar en el debut y aquel de Ginóbili ante Serbia en el 2004. La pregunta tenía la intención de llevarlo a pensar si se podía dar el mismo destino. “No estuve en Atenas”, respondió, seco.
Para confirmar si era mala leche o solamente mi impresión, volví a la carga y le pregunté si el triunfo ante Argentina podía ser un golpe de confianza para el equopo. “Les ganamos a tres equipos, todos valen lo mismo”, respondió. A punto de calentarme, le retruqué: “¿Es lo mismo ganarle a Argentina que a Irán?”. “Para la tabla de posiciones, sí”, respondió. Me alejé lentamente con una rápida conclusión: Kleiza es un estúpido importante.
Como había tiempo -casi una hora- hasta Estados Unidos-Grecia, me fui a comprar una nueva provisión de sandwichs para la noche. Ya tenía pedidos acumulados, así que compré unos cuantos. Grecia arranca haciéndole fuerza a los americanos, pero enseguida se afloja. Mi consejo es que nadie le intente ganar en la primera rueda, así llegan bien subidos a los cruces, que es cuando hay que amargarlos.
Tras la paliza, instintivamente parto a la zona mixta, aunque sé que los yanquis me harán esperar. Ellos van a los vestuarios, se bañan, se perfumen, se encreman, charlan de sus cosas y después salen con sus auriculares puestos a atender a la prensa. En este caso, el primero en salir, Michael Redd, lo hizo 45 minutos después de terminado el partido. Me perdí el comienzo de Argentina-Croacia incluso.
Con Argentina, por suerte, nunca tuve necesidad de sufrir. Me acordé varias veces de Petete García pero no tenía ganas de derrochar crédito en mi celular (encima el de él es de Puerto Rico) para burlarme de él. Lo haré cuando lo vea. Hago las notas correspondientes y, antes de partir para el hotel en subte, pongo el stop del cronómetro de mi reloj: son las 0.23. Había llegado a las 9.20. Hago rápida la cuenta: quince horas y tres minutos. Me arrodillo a lo Marcelo Salas, con el índice izquierdo levantado. El récord es mío. Lo he logrado.



