Scola y Ginóbili, la imagen latina en la NBA - por Fabián García

¿Podrá Scola pegar el salto que le falta para convertirse en una estrella de la NBA? Por lo que hizo en su año novato, podríamos decir que sí

Si algo caracterizará a la próxima temporada de la NBA es el primer éxodo que se conozca en mucho tiempo de jugadores que han preferido tentarse con los euros del Viejo Continente al nivel deportivo de la mejor liga del mundo. Latinoamérica no ha sido una excepción. Dos de sus principales representantes en la NBA, Carlos Arroyo y Carlos Delfino, han partido hacia destinos poco populares (Maccabi Tel Aviv de Israel en el caso de Arroyo, el Khimki ruso en el de Delfino), pero llenos de billetes, de los grandes.

 

Indudablemente, el grupo de destacados latinos ha quedado reducido. En ese marco, el puertorriqueño José Barea tendrá una gran oportunidad en Dallas Mavericks. A sus 24 años, ha renovado con la franquicia texana por dos temporadas más (con opción a una tercera), con lo que completará un lustro en el equipo, tiempo suficiente como para tomar más protagonismo y decisiones en un sitio donde este año promete haber mucha presión. El propietario, Mark Cuban, se ha cansado de estar siempre cerca, pero nunca ganar un título, y busca revancha, siempre con la estrella alemana Dirk Nowitzki como mascarón de proa. Barea tendrá minutos, a partir de la veteranía cada día más pronunciada de Jason Kidd (35 años). En él estará aprovechar ese tiempo con el nuevo entrenador, Rick Carlisle, siempre benevolente con los jóvenes. “En el equipo están contentos conmigo. Ya yo hablé con el coach y él espera muchas cosas de mí”, dijo Barea.

 

Los otros dos grandes representantes del Caribe serán los dominicanos Al Horford y Francisco García. Horford, hijo del inolvidable Tito, fue una de las sensaciones en la pasada temporada (promedió 10.1 puntos y 9.7 rebotes) y, con sus 22 años, el futuro que le espera parece estupendo. Además, cuando nadie apostaba un centavo por ellos, no solamente se clasificaron para los playoffs, sino que en la primera ronda tuvieron al borde del abismo a los mismísimos Celtics, que recién pudieron vencerlos en siete juegos. Horford subió sus medias hasta los 12.6 puntos y 10.4 rebotes en esa serie, toda una marca para un novato.

 

Francisco García no tendrá quizá tantas chances en Sacramento, por lo menos de llegar a los playoffs. Su actuación en la temporada 2007/08 fue buena (12.3 puntos y 3.3 rebotes), pero el equipo se encuentra hundido desde que hace un par de años se desmembró la plantilla que tantas veces fuera protagonista.

 

Eduardo Nájera, tras cuatro años en Denver, pasará por primera vez a la costa Este, luego de fichar en New Jersey. Los Nets tienen fe en poder volver a escena con la llegada del chino Jianlian Yi y el mellizo Brook López, otro latino (hijo de cubano) que será protagonista de un hecho particular: debutará en la NBA con su hermano Robin (fichó en Phoenix Suns), algo pocas veces visto. Ambos llegan con muy buenos antecedentes y fueron elegidos casi al mismo tiempo en el último draft, en la primera ronda: Brook fue número diez y Robin, número quince. Decíamos que Nájera, entonces, tendrá en este plantel el rol de ayudar a la transición que necesita la franquicia entre un grupo de muy veteranos (Carter, Armstrong) y la guardia nueva, muy joven y talentosa (Yi, López, Douglas-Roberts). El mexicano puede ser muy importante en ese rubro.

 

La Argentina es la flota más importante de latinos en la Liga. Y, salvo Walter Herrmann, todos sus jugadores han tenido protagonismo importante en sus respectivos equipos. La temporada arrancará con Manu Ginóbili como centro de atención, luego de su comentadísimo paso por los Juegos Olímpicos de Pekín. El escolta de San Antonio se resintió en China de la vieja lesión que le impidió jugar al ciento por ciento los playoffs ante los Lakers y ahora no arrancará la 2008/09 luego de la operación a la que debió someterse en su tobillo izquierdo. ¿Seguirá siendo el mismo? Se ha hablado tanto en este mes y medio, que la presión sobre su juego será enorme. Manu es el hombre clave en la estructura de los Spurs, porque le imprime el carácter y la personalidad que le faltan a Duncan y Parker, pero si su cuerpo no lo ayuda, todo se le hará muy cuesta arriba. Expertos de la Liga, incluso, no ponen a San Antonio entre los candidatos de este año, pese a que ha ganado los tres últimos que han sido en años impares (2007, 2005, 2003). ¿Será para tanto lo de Ginóbili? Creemos que no, porque además es un jugador muy inteligente que sabe que lo importante se juega a partir de febrero/marzo del 2009, por lo que utilizará este período pura y exclusivamente para ponerse bien.

 

A su lado, otro argentino, Fabricio Oberto, motivado tras el bronce en Pekín, seguirá con su habitual tarea de jugador de rol, ayudando a estirar la carrera de Tim Duncan, evitándole el juego sucio que ya, a los 32 años del hombre de Islas Vírgenes, provoca efectos no deseados. El cordobés cumplirá 34 años en esta temporada, pero su físico no registra signos del paso del tiempo, por lo que se espera que mantenga su rendimiento.

 

También en el Oeste, y muy cerquita de San Antonio, otro argentino, Luis Scola, irá por su temporada consagración en Houston. Los Rockets pueden ser la sensación del torneo, si es que se mantienen sanos (no como el año pasado), y Scola termina de acomodarse a la Liga, como ya lo hizo brillantemente en su año debut. El agregado de Ron Artest le dará fuerza anímica (punto débil del equipo). Se espera que el entrenador Rick Adelman, finalmente, se decida a poner al argentino un poco más inmerso en las ofensivas del equipo, y que no depende tanto de crear sus propios tiros. Scola fue claramente uno de los mejores tres rookies del año anterior (10.3 puntos y 6.4 rebotes en la regular y 14.0 y 9.3 en los playoffs) y está en el momento justo de su carrera para ser parte muy importante, tanto en lo deportivo como en lo grupal. A sus 28 años, ya ha vivido casi todo lo que un jugador pueda vivir: oro olímpico, cuatro finales de Europa, campeón ACB, subcampeón del mundo, MVP en varias oportunidades, un jugador para que los Rockets sepan aprovechar.

 

El cuarto argentino en cuestión es Andrés Nocioni, que el año pasado vivió, a su modo de ver, el peor año de su carrera profesional, luego del pésimo torneo realizado por los Chicago Bulls. Nocioni demostró en Pekín que, si se pone bien de la rodilla (no tuvo una lesión grave), sigue teniendo todo para ser líder de un equipo que no tiene brújula. Se pensó en su momento que con Ben Gordon, Luol Deng y Kirk Hinrich, más la veteranía de Chapu, había candidato a campeón a corto plazo, pero se olvidaron de medir la inteligencia de los involucrados. Los tres primeros tuvieron un año horrible, no pudieron salir de la ola de rumores que mantuvo en vilo al equipo todo el campeonato y ahora lo más probable es que Gordon y Hinrich terminen partiendo, más temprano que tarde. A Nocioni también lo incluyen en toda transacción que anda dando vueltas. Indudablemente, los Bulls no entienden o no saben qué hacer. Dejarían ir al símbolo y corazón del equipo de los últimos cuatro años.

 

Walter Herrmann es el único de los argentinos que viene buscando su oportunidad sin conseguirla. Tras un fin de primer año en los Bobcats que dio para ilusionarse, la 2007/08 fue para él sencillamente para el olvido. Pasó a los Pistons, donde jamás tuvo posibilidades. Ahora hay nuevo entrenador en el equipo, pero sus minutos dependerán mucho de lo que ocurra con el resto de la plantilla. Si siguen todos, difícilmente cambie algo.

 

De Brasil, tres representantes con distintas expectativas, aunque todos en equipos competitivos. Anderson Varejao seguirá en Cleveland, en principio, para intentar ayudar a LeBron James en el objetivo de retornar a las finales de la NBA, algo que parece muy improbable, ya que no han conseguido refuerzos de nivel. El brasileño no fue a el Preolímpico para recuperarse de algunos problemas físicos sufridos en los playoffs, pero eso no será suficiente para que el equipo mejore. Para colmo, todo el mundo dice que James se irá de la franquicia en el 2010, así que las esperanzas de una dinastía en Cleveland son totalmente improbables.

 

Nené vivió algo parecido a Anderson. Renunció al Preolímpico para terminar los tratamientos por el cáncer de testículo que sufrió en los últimos tiempos y se apresta a seguir remándola en una franquicia que no puede superar el trauma de la primera ronda de los playoffs. Para que muchos piensen que la solución inicial es que se vayan Anthony o Iverson, es que no le ven alternativa posible. Nené, en principio, deberá preocuparse por su problema, que no es una lesión cualquiera.

 

Finalmente, Leandrinho, completando el trío de brasileños inestables, tampoco está del todo conforme en Phoenix. Es que los Suns, como Dallas, no terminan de dar el salto al anillo, pese a haber contratado a Shaquille O’Neal y mantener la base Nash-Stoudemire, más el francés Diaw, el propio Leandrinho y alguno más. Es otro equipo al que le falta carácter, y O’Neal, con sus 36 años a cuestas, no está para este tipo de sacrificios. De hecho, ya anunció que termina los dos años que le quedan en Phoenix, da las hurras, y se va para su casa.

Pasado, presente y futuro de la generación dorada - por Fabián García

Argentina entró a la consideración mundial el día que, en Indianápolis, logró derrotar por primera vez a un Dream Team

En los últimos años, si algún tema ha sido común a cada charla de básquetbol luego de una cena, es ¿cuánto tiempo más tenemos en el primer nivel internacional con la generación dorada? Pekín, se supone, iba a ser el último con la estructura base que tantos éxitos cosechó en los últimos 7años. Pekín terminó con bronce. ¿Y ahora?

 

Suelo ser optimista por naturaleza y, si las estadísticas me ayudan, más todavía. Veamos. De los 12 jugadores que participaron para la Argentina en los Juegos Olímpicos, 5 nunca participaron de selecciones nacionales en categorías menores. Y uno, nada menos que Manu Ginóbili, recién se incorporó en una Sub 22. Si, además, contamos a Walter Herrmann, que tampoco jugó en menores, se puede llegar a la conclusión de que, en Argentina, muchas veces la explosión de los talentos es tardía.

 

Excepciones, claro, hay siempre. Luis Scola fue un crack desde que tenía 12 años. Delfino, desde que uno tenga memoria. Y varios del resto vienen jugando juntos desde categoría cadetes. Pero Prigioni recién empezó a ser considerado en el ámbito europeo con 24 años, y Paolo Quinteros, todavía más tarde. Pero no es todo tan lineal.

 

Argentina se encontró, por distintas situaciones, con un grupo de jugadores que de pequeños se criaron con el boom de la Liga Nacional. Si a eso le sumamos la apertura de Europa por la ley Bosman, la ecuación cierra perfecta. Buena competencia en menores y salto al gran nivel mundial en la juventud. Así, partieron más de 250 jugadores al extranjero en menos de 3 años.

 

Ese éxodo fue estupendo para la selección. El roce internacional le dio a las jóvenes promesas la disciplina europea que les faltaba. Empezó a notarse en el Premundial 2001 y explotó en Indianápolis 2002 donde, pese a no ser campeones, esta generación mostró su juego más espectacular de todos los tiempos.

 

¿Qué pasa ahora? Se está viviendo la otra parte del éxodo. La Liga Nacional local se quedó sin espejos para los más chicos en el día a día, bajó el nivel (aunque en los últimos dos años empezó a crecer de nuevo) y ya no es tan fácil encontrar un lugar en Europa. La oferta del Este es tan amplia que hay que ser bueno en serio para poder conseguir una oportunidad.

 

¿Cuánto hay de perdido? A no desesperarse. Esta misma camada todavía puede jugar el Mundial 2010 sin problemas y, muchos de ellos, también Londres 2012. Para eso faltan 4 años. Muchos chicos que para ese entonces quizá sean promesas de estrellas, hoy no les conocemos los nombres. Argentina tiene hoy todos los títulos sudamericanos en categorías menores: U15, U17 y U19. Y también es campeón en mayores. Y acaba de coronarse campeón U18 a nivel americano, con la mejor camada de las últimas que han surgido.

 

Nadie piensa que los podios son algo que hayan llegado para quedarse. Ni siquiera Serbia pudo conseguirlo. Pero tampoco hay que empezar a sufrir por algo que todavía ni siquiera sabemos cómo se va a ir desarrollando. Lo ideal sería aprender a disfrutar el momento (no estamos acostumbrados, es cierto), porque lo importantes es lo que hay hoy. Para hacerse problemas dentro de unos años ya va a haber mucho tiempo.

Un torneo para que todos seamos más felices - por Fabián García

Una final de antología para unos Juegos Olímpicos increíbles

Hacía mucho tiempo que no ocurría que todos nos vamos contentos terminada la competencia. Y en este caso puntual de Pekín 2008, no lo hacemos sólo por los resultados deportivos, sino por otro montón de cosas que convendría enumerar.

 

Soy argentino y por eso seré honesto conmigo mismo y con ustedes y comenzaré por mi equipo. Sigo a esta selección desde que comenzó, en categorías menores, y tuve la suerte de presenciar muchos de sus logros, aunque no el oro en Atenas 2004, que ví por televisión.

 

Incluyendo a los Juegos del 2004, jamás ví una demostración de corazón y coraje como la que ayer tuvo la Argentina ante Lituania. Fue un golpe al profesionalismo y un retorno a las fuentes, ya desde antes del partido.

 

Manu Ginóbili, lesionado ante los Estados Unidos y descartado por todos para el juego, llegó al estadio y, ante la mirada atónita de sus compañeros, comenzó a vendarse los tobillos y a ponerse las zapatillas como un día cualquiera. Salió al campo, hizo diez minutos de trabajo con su pie y se dio cuenta que no podía.

 

Volvió al vestuario, escuchó la charla previa de Hernández, opinó como siempre y, cuando el equipo iba a salir hacia la cancha, se largó a llorar como un niño. Quiso evitar que lo vieran, pero no pudo, y fue tal el efecto que causó en sus compañeros, que estoy convencido que lo que dieron en el campo mucho se debió a ello. Jugaron por ellos, por su camiseta y por el compañero herido. Sin dinero de por medio, sólo gloria.

 

Un rato más tarde, España también consiguió su gloria, porque lo que hizo ante los americanos fue de una jerarquía y de un carácter como pocas veces se le había visto a un equipo español. Palo a palo. Y jugándole al ritmo de los yanquis. Uno de los mejores partidos FIBA que se recuerdan.

 

Daban ganas de quedarse media hora aplaudiendo a ambos cuando finalizó la batalla, porque debo reconocer que los NBA me sorprendieron con su limitado egocentrismo en este torneo. Respetaron a los rivales y, en semis y final, jamás se burlaron del oponente, una forma de demostrar que algo han cambiado.

 

Cuando llegó la entrega de medallas, todos estaban felices. Los argentinos, bronce con enorme sentido para ellos. Los españoles, plata que sabe a oro y los americanos, recuperando el trono que jamás debieron haber perdido.

 

Y los que estábamos allí presentes, estábamos felices como ellos. Parace frase trillada pero, ¡qué bonito es sentir de vez en cuando el espíritu del deporte en su esencia! Creo que estos han sido, por ese motivo y por el nivel en general, los mejores Juegos de la historia. Nos lo han dado todo. Y cada quien se llevó su justa recompensa, incluso nosotros.

El corazón de un campeón merece más - por Fabián García

Manu Ginóbili, cuando nadie sospechaba todavía que iba a ser el crack que fue

No puedo evitar en este post ubicarme en mi situación de argentino. Olvide que soy periodista. Conozco a Manu Ginóbili desde que tenía 15 años y molestaba cuando íbamos a hacerle una entrevista a alguno de sus hermanos mayores, Sebastián y Leandro, también jugadores profesionales.

 

"Este va a ser el mejor de los tres", decían sus hermanos. Era el año 1993. Lo ví crecer, jurarle a su madre de que iba a terminar el colegio secundario algún día, pero que le permitiera irse a jugar la Liga Nacional (su sueño por entonces), con 17 años.

 

Lo ví luego pegar un enorme salto de calidad a los 20 años, jugando para el club de su ciudad, Estudiantes de Bahía Blanca. Ya era un pichón de lo que iba a ser. Después se fue a jugar a Italia, a la Legadue. Recuerdo que me mandaba, él mismo, fotos por mail recortadas del diario para que yo las pudiera publicar en mi revista, Básquet Plus.

 

Aunque al tiempo fue a la Kinder Bologna (recuerdo esos días en los que no podía dormir, decidiéndose entre Bologna o el Olympiacos), siguió mandándome las fotos por mail. Y un día, sin darme cuenta, reaccioné y advertí que Manu ya era uno de los mejores jugadores de Europa.

 

Llegó el 2002, año difícil en la Argentina, y fui al Mundial de Indianápolis, pero con el torneo empezado. La primera noche caí en una hamburguesería cerca de donde paraba Argentina y, para mi asombro, me encontré con Manu, Lucas Victoriano, Pepe Sánchez y alguno más. "¿Qué hacés acá?", me dijo. Lo mismo le pregunté yo.

 

Con esa frescura juvenil del mejor equipo que haya tenido la Argentina en su historia (ninguna otra, aún con mejores resultados, jugó mejor que esa del 2002), me regalaron una semana de felicidad inigualable.

 

Los años pasaron, llegaron los títulos de la NBA, el oro olímpico del 2004, muchos premios más en la Argentina, pero indefectiblemente, cada vez que me lo encontraba después de un tiempo, me recibía igual, "¿Qué hacés García?"

 

Más títulos NBA, semifinalista en Japón 2006 (su mayor frustración probablemente), niños que se le cuelgan de la cabeza, periodistas paracaidistas que hablan de él como si lo conocieran de años, etc, etc, etc.

 

Ayer, cuando encaró la defensa norteamericana entre varios (nunca cuidó su cuerpo) y salió saltando en una pierna al costado de la cancha, me vinieron a la mente muchas cosas, además de unas cuantas de las que conté previamente.

 

Pensé en los que habían dicho que su lesión no existía y que era una excusa para no jugar, porque estaba renegociando un contrato fabuloso con los Spurs. También en los que lo criticaron el año pasado por no ir a Las Vegas ("Maradona nunca le dijo que no a la selección", decían).

 

Pensé también, o me imaginé, cuando el médico de los Spurs le dijo que debía enyesarse el pie seis semanas y Manu le dijo que eso era imposible. Que, a lo sumo, serían tres semanas. Posibilidades que tiene un tipo con mucho crédito para gastar en una franquicia a la que le dio todo, como a cada equipo en el que jugó.

 

Cuando bajé a la zona mixta tras el partido y Diego Grippo, el médico de la selección argentina, dijo que se había resentido de la lesión previa a los Juegos, sentí una gran tristeza. Primero, porque, conociéndolo, debía estar sufriendo algo muy parecido a lo del 2002, cuando se esguinzó en semifinales y jugó en pésimo estado la final.

 

Después me percaté que, si San Antonio se pone muy pesado y lo obliga a cuidarse más y jugar menos, es posible que estos seis minutos ante Estados Unidos hayan sido los últimos de su carrera con la celeste y blanca.

 

En ese momento, sentí que un peso gigantesco posaba sobre mi espalda. Fue como tomar consciencia de algo que estaba a la vista de mis ojos pero que, quizá, no quería ver. Reconozco que me fui con una enorme tristeza al hotel.

 

Después, pensándolo una y otra vez, me dije: un grande como Ginóbili, que arriesgó la renovación de su contrato, que no quiso irse de Beijing porque quiere estar con su equipo hasta el final ("quiero perder con ellos si eso ocurre", dijo), no puede terminar así su carrera en la selección. No se debe permitir.

 

Porque si no, tendré que empezar a pensar que las cosas en este mundo están mucho peor de lo que pensaba. Y que los tiros nunca van para el lado de la justicia. Mi problema es que soy agnóstico, así que no tengo a quién prenderle una vela. Así y todo, creo que alguien, en algún momento, se encargará de solucionar este tema. Y espero que no tenga que ser Dios.

El baloncesto, un deporte dominado por la lógica - por Fabián García

Se necesita mucho corazón para frenar tanto talento

En el baloncesto las sorpresas existen, claro. En cada torneo de Liga o internacional hay un equipo revelación (podríamos colocar a Croacia en estos Juegos Olímpicos) y algún otro que defrauda (Rusia en Pekín). Sin embargo, la lógica sigue siendo factor fundamental.

 

¿A qué me refiero? A que en la mayoría de las ocasiones, a diferencia del fútbol, el que juega mejor, gana. Y como no hay empate, siempre gana uno. Y es muy difícil que un equipo haya jugado peor que el otro y se lleve el triunfo. Simplemente porque la defensa juega un rol clave, y los equipos que vencen suelen dominar ese rubro.

 

La lógica indica que Estados Unidos es muy superior a España. No porque le haya vencido por 37 puntos en la primera fase, sino porque cualquier aspecto del juego que veamos, es dominado por los americanos. A saber:

 

Talento. No hay siquiera punto de discusión. España debe ser el país más talentoso del mundo FIBA hoy por hoy, pero comparado solamente con Bryant-James-Anthony, ya queda por debajo. No hay equivalencias.

 

Juego de equipo. España se ha caracterizado en los últimos años (sobre todo con esta generación de oro), de mostrar un juego muy dinámico pero, al mismo tiempo, prolijo, de buena defensa, con participación de todos, de muchos y buenos pases. Pues Estados Unidos, en este torneo, ha alcanzado un punto muy alto también en eso. Defienden mejor, rebotean mejor, corren el contraataque como nadie y hasta se pasan el balón. Superiores.

 

Físico. Aquí es donde nunca perdieron el liderazgo. Son los máximos atletas del mundo y quizá por serlo cada vez más es que han perdido bastante capacidad de juego. Creían que con el cuerpo les alcanzaba, y hace poquito tiempo se dieron cuenta que no.

 

Respeto. ¿Alguien se hubiera imaginado hace apenas 2 o 3 años que LeBron James supiera el nombre de Ricky Rubio o de Rudy Fernández? Los NBA conocían (a veces), los nombres de los extranjeros que jugaban en la NBA. Pues hoy, tras el partido, LeBron me nombró de corrido a Pau, Rudy, Ricky, Garbajosa, Navarro, Raúl López y algunos más. No sé si sentirán realmente respeto, pero lo disimulan muy bien.

 

Con todo esto, quiero decir que España puede ganarle a Estados Unidos la final. Sí, puede. Pero para eso deberá lograr desnudar todos los puntos débiles de los americanos, que son pocos, por cierto. Argentina lo tuvo a mal traer una mitad de partido, pero porque los NBA se relajaron cuando Ginóbili salió lesionado. Con él en cancha, fueron una aplanadora.

 

España, además, para ganarles, primero deberá creer que puede. Creo que en el pasado se han visto demasiado intimidados por ellos. El primer paso para vencerlos es bajarlos a tierra, convertirlos en seres humanos y, una vez que se piense que son iguales, no seres superiores, agregarle a esta historia mucho corazón. La presión es sólo de Estados Unidos. España deberá, primero, disfrutar de estar en una final olímpica 24 años después. Y luego, como todos los que se chocaron con este Redeem Team, concretar el milagro.

Yo... Fabián García

Soy periodista argentino, director y fundador de la revista Básquet Plus, la única que se dedica a este maravilloso juego en mi país. Desde aquí, tan lejos y tan cerca, intentaré semanalmente proponer algunos de esos temas que suelen llevarse horas en las sobremesas, pero pocas líneas en los periódicos. Un placer.

Últimos comentarios...

  • mariana

    He visto a Furlong, Alix (el más talentoso hasta que apareció Manu), Viau, Cabrera, Cortijo, Milanesio...privilegio que me habilita para apreciar lo grande que es éste equipo. Es el único en el mundo que ha preservado el espíritu de éste deporte. ¿Un defecto? : no ejecutan "la trenza"...

  • alvaro tucson

    fabian, antes que nada , quiero felicitarte por lo que decis , porque los argentinos(la gran mayoria), nos olvidamos de lo que hicieron estos chicos por nuestro DEPORTE¡ y particularmente por llevar NUESTRA BANDERA ¡por todo el mundo, que hoy seamos una potencia en el BASKET¡,yo me pregunto?, que le podemos discutir o criticar a MANU?,a esta generacion de cracks¡,a CHAPU, AL PUMA, A LEO ,LUIS ,FABRI, PALA,COLO,GABY,PEPE,SCONOCHINI, A MI GRAN AMIGO LUCAS¡, y a toda esta camada nueva de chicos¡, simplemente decirles al mundo que nos sentimos muy orgullosos de ser ARGENTINOS¡, de estos jugadores¡¡ antes solo se hablaba del DIEGO(ojo sin faltarle el respeto,porque lo amo),ahora tambien se habla de estos jugadores¡, simplemente para decirle gracias, que gracias¡, infinitas gracias¡ por habernos dado tantas felicidades¡¡,para MANU y compañia¡, Y MUCHAS GRACIAS POR SER ARGENTINOS¡.....

  • El Pampa

    Fabián: sorprende ver lo cuadrado que es el argentino. Hoy en día, en los foros de los medios basquetbolísticos y blogs abundan críticas a Ginóbili y hasta comparaciones con la situación de Verón en el Mundial de Futbol 2002. La verdad que es triste que el argentino sea tan exitista y futbolero barato, vemos todos con ojos de futbol. Manu dejó todo por la Selección y tengo la certeza de que lo seguirá haciendo, independientemente de lo que los inútiles de la NBA pretendan hacer (curan esguinces con inyecciones, vergüenza). No tengo mucho más para decir, yo también estoy más que triste por la derrota y no tengo ganas de hacer leña del arbol caído. Sólo diré que agradezco a la vida por permitirme ver a este grupo de jugadores que dejan todo por la camiseta y tienen unos huevos tremendos. Ahora, vamos por la de Bronca, pero aunque no ganemos, el respeto ya lo tenemos ganado hace varios años, cosa que antes era impensada. Saludos! Federico (Buenos Aires, Argentina)

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