Espil: lúcido y talentoso a los 41 años - por Fabián García

¿Será Juan Espil el modelo en el que se inspiró Brad Pitt para componer El Extraño caso de Benjamin Button?

Hace unos 9 meses, cuando la noticia sobre la llegada de Juan Espil de vuelta a la Argentina luego de 12 años en Europa se hizo pública, como siempre ocurre en mi país, fue motivo de charlas y horas perdidas en mesas de café.

 

Un amigo me dijo con total contundencia: “Ya no puede jugar la Liga a buen nivel. No le da el cuero”. Mi opinión personal era que podía ser un jugador con 20/25 minutos de alto nivel y poca defensa, aún en un equipo candidato al título como Boca Juniors.

 

La lesión en una mano (¡la primera en tu carrera!), le impidió jugar buena parte de los primeros meses de competencia, lo que acrecentó las dudas sobre lo que podría dar.

 

Al empezar a jugar, resultó curioso verlo de la manera en la que lo hacía. Estaba en una confusión entre lo que se había acostumbrado a hacer en España e Italia y lo que le requerían aquí, que no era otra cosa que puntos, lo que siempre había conseguido con facilidad.

 

Los malos resultados del equipo no ayudaron a que recordara su vieja, pero no olvidada capacidad, y un día volvió el Juancito de los viejos tiempos. Ese que, con un centímetro de ventaja, liquidaba a cualquier adversario. Pero no sólo eso. Sin mucha defensa, es cierto, se bancó jugar sin muchos problemas 30 y hasta 35 minutos y, de a poco, se convirtió en el líder del equipo y en uno de los mejores jugadores del torneo.

 

Boca empezó a levantar y Espil fue clave en eso, con su muñeca intacta y su particular carácter para liderar, siempre en voz baja y sin que muchos lo noten.

 

Llegaron los playoffs y Espil declaró: “No creo que haya jugadores de playoffs. Los profesionales debemos jugar bien todo el año”. Tras cartón, quinto partido ante Independiente de Neuquén. El que ganaba seguía y el que perdía, a su casa.

 

Espil, evidentemente, no quería vacaciones anticipadas y, entre los últimos 5 minutos del tiempo regular y los 5 del suplementario, aplicó 24 puntos, para llevar a su equipo al triunfo y a los cuartos de final. Ah, y jugando 39 minutos.

 

Cuatro días después, con sus jóvenes 41 abriles, le tocó enfrentar al equipo con mejor récord de la temporada, Peñarol, de visitante. Los dirigidos por Hernández ganaron 98-91, pero Juancito volvió a meterles 26, en 38 minutos.

 

Todos pensaban que para el segundo juego, apenas 48 horas después, su producción bajaría luego de semejante esfuerzo. Error: 29 puntos y 7 asistencias en 37 minutos, para un 40 de valoración. Y triunfo de Boca 104-111. Ahora, en casa, podría ser la llave para dar el gran batacazo de los playoffs.

 

El, mientras tanto, sigue pensando que los jugadores de playoffs no existen, y se empeña, tozudamente, en hacerle creer a todo el mundo que su documento marca que nació en 1968.

León Najnudel y la Copa del Rey - por Fabián García

León Najnudel es y será siempre el hombre más respetado en la historia del baloncesto argentino

Como argentino, debo decir que, pese a ser un fanático del baloncesto, entre las pocas posibilidades tecnológicas de mi adolescencia y la ausencia casi total de jugadores argentinos en España (perdón, pero Juan Domingo de la Cruz es de los nuestros), la Copa del Rey para mí era un misterio casi desconocido a principios de los años ’80. 

 

Todo cambió en 1983, cuando el hombre que modificó la historia del baloncesto argentino, León David Najnudel, fue fichado por el CAI Zaragoza de Kevin Magee, aquel enorme jugador que se mató en un accidente automovilístico hace cinco años.

 

Por TV, obviamente, era imposible enterarse de nada y los que más estábamos conectados con este deporte siempre teníamos algún amigo periodista que recibía los cables de EFE o conocía a algún familiar de León que traís las novedades del Viejo Mundo.

 

Nunca olvidaré la conmoción que causó en nuestro país cuando nos enteramos que el Zaragoza, contra todos los pronósticos, le había ganado al Barcelona la final de la Copa 1984, en el Palacio de los Deportes 81-78. 

 

A excepción del propio Juanito de la Cruz y del Mundial obtenido en 1950, los logros internacionales en esa época para la Argentina ascendían a cero. Cuesta hoy colocarlo en su justa dimensión, pero desde aquí sentimos que con Najnudel nos habíamos colocado en la primera escena mundial. 

 

Seguramente no fue para tanto, pero el año pasado tuve la chance de conocer Zaragoza y sentí en carne propia el legado que nuestro gran Najnudel había dejado en la ciudad y en el baloncesto de la zona, específicamente. Fue un adelantado que, claro, ni siquiera soñó que ese logro que él consiguió en 1984, un par de décadas más tarde sería habitual verlo en el palmarés de varios coterráneos, como Marcelo Nicola, Hugo Sconochini (dos descubrimientos suyos), Juan Espil, Andrés Nocioni, Fabricio Oberto, Luis Scola, Pablo Prigioni, Pepe Sánchez y algunos más. 

 

Quizá por ese motivo, cada vez que se acerca una edición de la Copa, aunque ahora la participación de compatriotas sea menor, siempre la primera imagen que me viene a la memoria es la foto en blanco y negro publicada por la revista El Gráfico, la más tradicional de los deportes de mi país, con León en andas tras el título de 1984. Un genio en cualquier época.

Scola y Ginóbili, la imagen latina en la NBA - por Fabián García

¿Podrá Scola pegar el salto que le falta para convertirse en una estrella de la NBA? Por lo que hizo en su año novato, podríamos decir que sí

Si algo caracterizará a la próxima temporada de la NBA es el primer éxodo que se conozca en mucho tiempo de jugadores que han preferido tentarse con los euros del Viejo Continente al nivel deportivo de la mejor liga del mundo. Latinoamérica no ha sido una excepción. Dos de sus principales representantes en la NBA, Carlos Arroyo y Carlos Delfino, han partido hacia destinos poco populares (Maccabi Tel Aviv de Israel en el caso de Arroyo, el Khimki ruso en el de Delfino), pero llenos de billetes, de los grandes.

 

Indudablemente, el grupo de destacados latinos ha quedado reducido. En ese marco, el puertorriqueño José Barea tendrá una gran oportunidad en Dallas Mavericks. A sus 24 años, ha renovado con la franquicia texana por dos temporadas más (con opción a una tercera), con lo que completará un lustro en el equipo, tiempo suficiente como para tomar más protagonismo y decisiones en un sitio donde este año promete haber mucha presión. El propietario, Mark Cuban, se ha cansado de estar siempre cerca, pero nunca ganar un título, y busca revancha, siempre con la estrella alemana Dirk Nowitzki como mascarón de proa. Barea tendrá minutos, a partir de la veteranía cada día más pronunciada de Jason Kidd (35 años). En él estará aprovechar ese tiempo con el nuevo entrenador, Rick Carlisle, siempre benevolente con los jóvenes. “En el equipo están contentos conmigo. Ya yo hablé con el coach y él espera muchas cosas de mí”, dijo Barea.

 

Los otros dos grandes representantes del Caribe serán los dominicanos Al Horford y Francisco García. Horford, hijo del inolvidable Tito, fue una de las sensaciones en la pasada temporada (promedió 10.1 puntos y 9.7 rebotes) y, con sus 22 años, el futuro que le espera parece estupendo. Además, cuando nadie apostaba un centavo por ellos, no solamente se clasificaron para los playoffs, sino que en la primera ronda tuvieron al borde del abismo a los mismísimos Celtics, que recién pudieron vencerlos en siete juegos. Horford subió sus medias hasta los 12.6 puntos y 10.4 rebotes en esa serie, toda una marca para un novato.

 

Francisco García no tendrá quizá tantas chances en Sacramento, por lo menos de llegar a los playoffs. Su actuación en la temporada 2007/08 fue buena (12.3 puntos y 3.3 rebotes), pero el equipo se encuentra hundido desde que hace un par de años se desmembró la plantilla que tantas veces fuera protagonista.

 

Eduardo Nájera, tras cuatro años en Denver, pasará por primera vez a la costa Este, luego de fichar en New Jersey. Los Nets tienen fe en poder volver a escena con la llegada del chino Jianlian Yi y el mellizo Brook López, otro latino (hijo de cubano) que será protagonista de un hecho particular: debutará en la NBA con su hermano Robin (fichó en Phoenix Suns), algo pocas veces visto. Ambos llegan con muy buenos antecedentes y fueron elegidos casi al mismo tiempo en el último draft, en la primera ronda: Brook fue número diez y Robin, número quince. Decíamos que Nájera, entonces, tendrá en este plantel el rol de ayudar a la transición que necesita la franquicia entre un grupo de muy veteranos (Carter, Armstrong) y la guardia nueva, muy joven y talentosa (Yi, López, Douglas-Roberts). El mexicano puede ser muy importante en ese rubro.

 

La Argentina es la flota más importante de latinos en la Liga. Y, salvo Walter Herrmann, todos sus jugadores han tenido protagonismo importante en sus respectivos equipos. La temporada arrancará con Manu Ginóbili como centro de atención, luego de su comentadísimo paso por los Juegos Olímpicos de Pekín. El escolta de San Antonio se resintió en China de la vieja lesión que le impidió jugar al ciento por ciento los playoffs ante los Lakers y ahora no arrancará la 2008/09 luego de la operación a la que debió someterse en su tobillo izquierdo. ¿Seguirá siendo el mismo? Se ha hablado tanto en este mes y medio, que la presión sobre su juego será enorme. Manu es el hombre clave en la estructura de los Spurs, porque le imprime el carácter y la personalidad que le faltan a Duncan y Parker, pero si su cuerpo no lo ayuda, todo se le hará muy cuesta arriba. Expertos de la Liga, incluso, no ponen a San Antonio entre los candidatos de este año, pese a que ha ganado los tres últimos que han sido en años impares (2007, 2005, 2003). ¿Será para tanto lo de Ginóbili? Creemos que no, porque además es un jugador muy inteligente que sabe que lo importante se juega a partir de febrero/marzo del 2009, por lo que utilizará este período pura y exclusivamente para ponerse bien.

 

A su lado, otro argentino, Fabricio Oberto, motivado tras el bronce en Pekín, seguirá con su habitual tarea de jugador de rol, ayudando a estirar la carrera de Tim Duncan, evitándole el juego sucio que ya, a los 32 años del hombre de Islas Vírgenes, provoca efectos no deseados. El cordobés cumplirá 34 años en esta temporada, pero su físico no registra signos del paso del tiempo, por lo que se espera que mantenga su rendimiento.

 

También en el Oeste, y muy cerquita de San Antonio, otro argentino, Luis Scola, irá por su temporada consagración en Houston. Los Rockets pueden ser la sensación del torneo, si es que se mantienen sanos (no como el año pasado), y Scola termina de acomodarse a la Liga, como ya lo hizo brillantemente en su año debut. El agregado de Ron Artest le dará fuerza anímica (punto débil del equipo). Se espera que el entrenador Rick Adelman, finalmente, se decida a poner al argentino un poco más inmerso en las ofensivas del equipo, y que no depende tanto de crear sus propios tiros. Scola fue claramente uno de los mejores tres rookies del año anterior (10.3 puntos y 6.4 rebotes en la regular y 14.0 y 9.3 en los playoffs) y está en el momento justo de su carrera para ser parte muy importante, tanto en lo deportivo como en lo grupal. A sus 28 años, ya ha vivido casi todo lo que un jugador pueda vivir: oro olímpico, cuatro finales de Europa, campeón ACB, subcampeón del mundo, MVP en varias oportunidades, un jugador para que los Rockets sepan aprovechar.

 

El cuarto argentino en cuestión es Andrés Nocioni, que el año pasado vivió, a su modo de ver, el peor año de su carrera profesional, luego del pésimo torneo realizado por los Chicago Bulls. Nocioni demostró en Pekín que, si se pone bien de la rodilla (no tuvo una lesión grave), sigue teniendo todo para ser líder de un equipo que no tiene brújula. Se pensó en su momento que con Ben Gordon, Luol Deng y Kirk Hinrich, más la veteranía de Chapu, había candidato a campeón a corto plazo, pero se olvidaron de medir la inteligencia de los involucrados. Los tres primeros tuvieron un año horrible, no pudieron salir de la ola de rumores que mantuvo en vilo al equipo todo el campeonato y ahora lo más probable es que Gordon y Hinrich terminen partiendo, más temprano que tarde. A Nocioni también lo incluyen en toda transacción que anda dando vueltas. Indudablemente, los Bulls no entienden o no saben qué hacer. Dejarían ir al símbolo y corazón del equipo de los últimos cuatro años.

 

Walter Herrmann es el único de los argentinos que viene buscando su oportunidad sin conseguirla. Tras un fin de primer año en los Bobcats que dio para ilusionarse, la 2007/08 fue para él sencillamente para el olvido. Pasó a los Pistons, donde jamás tuvo posibilidades. Ahora hay nuevo entrenador en el equipo, pero sus minutos dependerán mucho de lo que ocurra con el resto de la plantilla. Si siguen todos, difícilmente cambie algo.

 

De Brasil, tres representantes con distintas expectativas, aunque todos en equipos competitivos. Anderson Varejao seguirá en Cleveland, en principio, para intentar ayudar a LeBron James en el objetivo de retornar a las finales de la NBA, algo que parece muy improbable, ya que no han conseguido refuerzos de nivel. El brasileño no fue a el Preolímpico para recuperarse de algunos problemas físicos sufridos en los playoffs, pero eso no será suficiente para que el equipo mejore. Para colmo, todo el mundo dice que James se irá de la franquicia en el 2010, así que las esperanzas de una dinastía en Cleveland son totalmente improbables.

 

Nené vivió algo parecido a Anderson. Renunció al Preolímpico para terminar los tratamientos por el cáncer de testículo que sufrió en los últimos tiempos y se apresta a seguir remándola en una franquicia que no puede superar el trauma de la primera ronda de los playoffs. Para que muchos piensen que la solución inicial es que se vayan Anthony o Iverson, es que no le ven alternativa posible. Nené, en principio, deberá preocuparse por su problema, que no es una lesión cualquiera.

 

Finalmente, Leandrinho, completando el trío de brasileños inestables, tampoco está del todo conforme en Phoenix. Es que los Suns, como Dallas, no terminan de dar el salto al anillo, pese a haber contratado a Shaquille O’Neal y mantener la base Nash-Stoudemire, más el francés Diaw, el propio Leandrinho y alguno más. Es otro equipo al que le falta carácter, y O’Neal, con sus 36 años a cuestas, no está para este tipo de sacrificios. De hecho, ya anunció que termina los dos años que le quedan en Phoenix, da las hurras, y se va para su casa.

Pasado, presente y futuro de la generación dorada - por Fabián García

Argentina entró a la consideración mundial el día que, en Indianápolis, logró derrotar por primera vez a un Dream Team

En los últimos años, si algún tema ha sido común a cada charla de básquetbol luego de una cena, es ¿cuánto tiempo más tenemos en el primer nivel internacional con la generación dorada? Pekín, se supone, iba a ser el último con la estructura base que tantos éxitos cosechó en los últimos 7años. Pekín terminó con bronce. ¿Y ahora?

 

Suelo ser optimista por naturaleza y, si las estadísticas me ayudan, más todavía. Veamos. De los 12 jugadores que participaron para la Argentina en los Juegos Olímpicos, 5 nunca participaron de selecciones nacionales en categorías menores. Y uno, nada menos que Manu Ginóbili, recién se incorporó en una Sub 22. Si, además, contamos a Walter Herrmann, que tampoco jugó en menores, se puede llegar a la conclusión de que, en Argentina, muchas veces la explosión de los talentos es tardía.

 

Excepciones, claro, hay siempre. Luis Scola fue un crack desde que tenía 12 años. Delfino, desde que uno tenga memoria. Y varios del resto vienen jugando juntos desde categoría cadetes. Pero Prigioni recién empezó a ser considerado en el ámbito europeo con 24 años, y Paolo Quinteros, todavía más tarde. Pero no es todo tan lineal.

 

Argentina se encontró, por distintas situaciones, con un grupo de jugadores que de pequeños se criaron con el boom de la Liga Nacional. Si a eso le sumamos la apertura de Europa por la ley Bosman, la ecuación cierra perfecta. Buena competencia en menores y salto al gran nivel mundial en la juventud. Así, partieron más de 250 jugadores al extranjero en menos de 3 años.

 

Ese éxodo fue estupendo para la selección. El roce internacional le dio a las jóvenes promesas la disciplina europea que les faltaba. Empezó a notarse en el Premundial 2001 y explotó en Indianápolis 2002 donde, pese a no ser campeones, esta generación mostró su juego más espectacular de todos los tiempos.

 

¿Qué pasa ahora? Se está viviendo la otra parte del éxodo. La Liga Nacional local se quedó sin espejos para los más chicos en el día a día, bajó el nivel (aunque en los últimos dos años empezó a crecer de nuevo) y ya no es tan fácil encontrar un lugar en Europa. La oferta del Este es tan amplia que hay que ser bueno en serio para poder conseguir una oportunidad.

 

¿Cuánto hay de perdido? A no desesperarse. Esta misma camada todavía puede jugar el Mundial 2010 sin problemas y, muchos de ellos, también Londres 2012. Para eso faltan 4 años. Muchos chicos que para ese entonces quizá sean promesas de estrellas, hoy no les conocemos los nombres. Argentina tiene hoy todos los títulos sudamericanos en categorías menores: U15, U17 y U19. Y también es campeón en mayores. Y acaba de coronarse campeón U18 a nivel americano, con la mejor camada de las últimas que han surgido.

 

Nadie piensa que los podios son algo que hayan llegado para quedarse. Ni siquiera Serbia pudo conseguirlo. Pero tampoco hay que empezar a sufrir por algo que todavía ni siquiera sabemos cómo se va a ir desarrollando. Lo ideal sería aprender a disfrutar el momento (no estamos acostumbrados, es cierto), porque lo importantes es lo que hay hoy. Para hacerse problemas dentro de unos años ya va a haber mucho tiempo.

Un torneo para que todos seamos más felices - por Fabián García

Una final de antología para unos Juegos Olímpicos increíbles

Hacía mucho tiempo que no ocurría que todos nos vamos contentos terminada la competencia. Y en este caso puntual de Pekín 2008, no lo hacemos sólo por los resultados deportivos, sino por otro montón de cosas que convendría enumerar.

 

Soy argentino y por eso seré honesto conmigo mismo y con ustedes y comenzaré por mi equipo. Sigo a esta selección desde que comenzó, en categorías menores, y tuve la suerte de presenciar muchos de sus logros, aunque no el oro en Atenas 2004, que ví por televisión.

 

Incluyendo a los Juegos del 2004, jamás ví una demostración de corazón y coraje como la que ayer tuvo la Argentina ante Lituania. Fue un golpe al profesionalismo y un retorno a las fuentes, ya desde antes del partido.

 

Manu Ginóbili, lesionado ante los Estados Unidos y descartado por todos para el juego, llegó al estadio y, ante la mirada atónita de sus compañeros, comenzó a vendarse los tobillos y a ponerse las zapatillas como un día cualquiera. Salió al campo, hizo diez minutos de trabajo con su pie y se dio cuenta que no podía.

 

Volvió al vestuario, escuchó la charla previa de Hernández, opinó como siempre y, cuando el equipo iba a salir hacia la cancha, se largó a llorar como un niño. Quiso evitar que lo vieran, pero no pudo, y fue tal el efecto que causó en sus compañeros, que estoy convencido que lo que dieron en el campo mucho se debió a ello. Jugaron por ellos, por su camiseta y por el compañero herido. Sin dinero de por medio, sólo gloria.

 

Un rato más tarde, España también consiguió su gloria, porque lo que hizo ante los americanos fue de una jerarquía y de un carácter como pocas veces se le había visto a un equipo español. Palo a palo. Y jugándole al ritmo de los yanquis. Uno de los mejores partidos FIBA que se recuerdan.

 

Daban ganas de quedarse media hora aplaudiendo a ambos cuando finalizó la batalla, porque debo reconocer que los NBA me sorprendieron con su limitado egocentrismo en este torneo. Respetaron a los rivales y, en semis y final, jamás se burlaron del oponente, una forma de demostrar que algo han cambiado.

 

Cuando llegó la entrega de medallas, todos estaban felices. Los argentinos, bronce con enorme sentido para ellos. Los españoles, plata que sabe a oro y los americanos, recuperando el trono que jamás debieron haber perdido.

 

Y los que estábamos allí presentes, estábamos felices como ellos. Parace frase trillada pero, ¡qué bonito es sentir de vez en cuando el espíritu del deporte en su esencia! Creo que estos han sido, por ese motivo y por el nivel en general, los mejores Juegos de la historia. Nos lo han dado todo. Y cada quien se llevó su justa recompensa, incluso nosotros.

Yo... Fabián García

Soy periodista argentino, director y fundador de la revista Básquet Plus, la única que se dedica a este maravilloso juego en mi país. Desde aquí, tan lejos y tan cerca, intentaré semanalmente proponer algunos de esos temas que suelen llevarse horas en las sobremesas, pero pocas líneas en los periódicos. Un placer.