Los yankees ya saben dónde está España - por César Nanclares
La internacionalización de la NBA es un hecho. 83 jugadores de 37 paises distintos. ¡Dan fe de ello hasta en Japón!
Hace quince años decías en Nueva York que eras español y muchos te preguntaban a cuántas horas de autobús quedaba la piel de toro. Barcelona´92, la globalización y el éxito de nuestros deportistas nos ha situado en el mapa desde entonces, pero sin duda el 11-S de 2001 ha tocado diana en “Yankeelandia”. La fragilidad del imperio representada por las dos torres cayendo como castillos de arena ha hecho que los “americanos” (como no me gusta llamarles; Ámerica es todo el continente…) se dieran cuenta de que el mundo no se acaba en las barras y estrellas.
De 1992 en adelante, he viajado cinco veces a EE.UU. y he encontrado a la “people” cada vez menos chovinista. Quizás la NBA, como en otras muchas facetas, sea el paradigma de esta apreciación. En el número de julio de la revista “SLAM” ($4.99), el mejor magazine de baloncesto del mundo, de largo, resume una conversación de más de una hora de uno de sus redactores con David Stern, el dueño del gato, en un artículo de una página, y en la mitad de las escasas respuestas publicadas, el comisionado habla de las ventajas de la internacionalización de “su” liga.
”Los jugadores internacionales (eufemismo de extranjeros), han hecho espabilar a los estadounidenses. [...] Quiera o no, es como si el jugador pensara: “Ok, tenemos que elevar nuestro nivel”. Así es como competimos los americanos. [...] Hoy en día, en el extranjero se juega un baloncesto de base más atlético, mejor entrenado, y muchos jugadores jóvenes por el mundo ya botan el balón mejor de lo que lo chutan”.
Y punto. Stern sabe que su negocio está en vender gorras camisetas, y por lógica cuanto mayor mercado haya, más venderá. Lo importante es que un discurso mercantil se ha expandido en la sociedad. Es difícil encontrar un neoyorquino que, como mínimo, no chapurree alguna palabra de español. La débil cotización del dólar respecto al euro ayuda, porque ahora el extranjero, sobre todo de Europa Occidental, mira los precios con el mismo desdén con el que lo hacían ellos hace décadas.
Nueva York sigue igual de atrapante y sorprendente que nunca. Todo, y cuando digo todo es todo, se puede ver en Manhattan. Por ejemplo: el jueves me encontré a Mike Dunleavy Sr., todo un multimillonario, entrenador de Los Angeles Clippers y ex entrenador de los Lakers, saliendo de un zulo de Chinatown a escondidas tras regatear el precio de un bolso, de un bolso, de ¡imitación! como todo hijo de vecino. Claro, como la mesura no es una de mis virtudes, me faltó tiempo para encararle:
- Hola, Mike, yo me hice una foto contigo en Barcelona´92.
- ¡Ah, si! (No se acordaba ni de blas…).
- ¿Qué?, ¿cómo ves la Final de la Conferencia Oeste? (cuando lo que quería era preguntarle de alma era si le había salido barato el bolso…)
- Mmmm, no sé qué decirte… (cara de no tenerlo claro…).
- Bueno, suerte (traducido, que le guste el bolso a la parienta).
Y así todo a la vuelta de la esquina. En NY nadie mira a nadie y todos miran a todos. Caminar por New York es el mayor placer que se me ocurre después de las mollejas de De María o de un masaje en los pies de La Niña de los Ojos Amarillos… Nada, ya se empieza a ir la olla otra vez. Os dejo que se acaba la batería y en breve el azafato puertorriqueño que tengo detrás me va a echar la peta. San Antonio, la ciudad donde hoy Pau Gasol seguirá siendo el único español de la historia en jugar una final de conferencia, está a nuestros pies. Y yo, estaré allí. Amén (“Eimen“, como se pronuncia en inglés…) ;-)


