Día 1 - por César Nanclares
¡Atraco en el templo de la comida negra! No te pierdas el "Cumpleaños ¿a ti?" de Tamisha, camarera crack del cetro de la comida soul
Me gustan las sorpresas. Hacerlas y recibirlas... Más lo primero.
Sorpresa es este blog, que hoy nace al otro lado del charco y nadie sabe cuánto durará... Nacido y bien nacido (ya creciendo, de hecho) está TUBASKET.com. Muchos me han preguntado, extrañados, por qué no escribo un blog en la web ideada por mí. No hay una razón de peso, la verdad... Creo más en la apetencia que en la obligación, nada más.
Y desde ayer tengo ganas de tener un blog en TUBASKET.com. En realidad desde el lunes. Paseando por Madrid un día después de acabar la Liga de fútbol más empalagosa de la historia, La Niña de los Ojos Amarillos me vio triste y cansado después de tanto fútbol, y propuso que me fuera de vacaciones con mis padres y con mi hermana. Hasta ahí todo normal. Lo complicado del asunto es que mis padres y mi única hermana estaban de pingo por ¡Nueva York!. Me tocó la campana la idea y empecé a darle vueltas. Es lunes, el cumplé de mi madre es el miércoles, tengo pasta y tiempo para darme el capricho... ¡y dar la sorpresa!. Los que me conocen saben que a partir de ahí el camino es irreversible.
Nada más llegar a casa, abrí Internet y comprobé que los vuelos a Nueva York para sólo dos días después no eran caros: en torno a 450€. Busqué el más cómodo para salir de Madrid el miércoles por la mañána y llegar tiempo a sorprender a mi madre en la cena, al otro lado del mundo. Swiss fue la aerolínea elegida. Madrid-New York, vía Zurich. Llamé a mis padres para hacerme el boludo y de paso sacarles el hotel donde se alojaban y listo: Azure Hotel, a caballo entre el Soho, Chinatown y Little Italy. Me costó más reservar una habitación. Por fin encontré, todo por la bendita red de redes, un mayorista que me ofrecía la última habitación del hotel. ¡Mía! Un rato después de surgir el plan, ya tenía viaje a los States para 48 horas después.
Iberia siempre sale perdiendo cuando vuelas con la competencia. Obvio. Pero no por la obviedad en sí misma, sino porque casi siempre las demás le dan para el pelo en ¡todo! Atención de la tripulación, puntualidad, facilidades, la comida... ¡Ay, la comida con sabor al envoltorio metálico...! Tenía menos de una hora para hacer escala en Suiza. El avión de Madrid salió tarde pero llegó en hora. En vuelo anunciaban por pantalla las puertas de conexión y el camino para cambiar de terminal. Llegué a tiempo, de sobra. Me hizo gracia un detalle: en el metro subterráneo que lleva al pasaje de la T A a la T E (en todos lados es igual...), empezó a sonar por altavoces el mugido de una vaca y cantos tiroleses... Todo el vagón, hasta ese momento mohíno y preocupado por si perdía el avión, nos miramos y abrimos una tímida sonrisa. Yo tardé en darme cuenta de que a los lados del trenecito, en los feos muros del túnel, proyectaban imágenes de los Alpes suizos... entonce todo recuperó el sentido. Un detalle bonito, bien hecho y destensor de mucha gente preocupada por su vuelo como si de un tsunami se tratara
El flight to New York despegó y aterrizó en hora, 15:30. Tiempo de sobra para alojarme en el hotel e irrumpir por sorpresa en la cena de cumple de mamá (¡qué pijo!). El mazazo llegó al ver la cola, kilométrica, en inmigración. Eché la hebra con mi compañera de asiento, una vieja alemana, muy en su sitio pero extrañada por tanta espera. Una hora después me miró a la cara el agente de inmigración (como sólo saben hacerlo ellos...) y me dijo que le acompañara. Marroncete. Dentro de la sala de "sospechosos" me dejó, a mí con un cagazo de dos pares de pelotas, y a mi pasaporte dentro de una carpeta roja en la mesa elevada de los encargados de joder mi sorpresa o de dejarla seguir... El tema era que mi pasaporte es un duplicado porque perdí el original. Solo, vía otro pais que no era el mío y con un documento duplicado, tenía todas las papeletas de ser fichado. La sorpresa estuvo a punto de morir cuando el agente me preguntó si podíamos llamar al hotel para comprobar que mis padres, de veras, estaban alojados. Que sí, coñó, pensé, pero se lo dije con dulzura no fuera a cagarla. Cuanto le conté la sorpresa debío de pensar que un loco semejante no puede ser un delicuente y me dio la blanca. Taxi amarillo hacia el sur de Manhattan y todo bien, de momento... Sólo que mi family decidiera volver al hotel a ducharse justo cuando yo hacía el check in y la sorpresa, al hoyo. El recepcionista tenía cara de metepatas. Por eso le avisé, nada más llegar, de que estaba de extranjis. Cabezadita, duchazo y taxi camino del restaurante donde mi amada flía cenaba sin sospechar nada... ¿o sí? Salí un rato después de la hora de reserva (me había enterado gracias a mi hermana, con una sencilla treta... tampoco es plan de contarlo todo...) y Manhattan arriba por Madison Av., me apeé del cab en pleno Harlem a las 21:15 del anoche, en la puerta del restaurante Sylvia´s, reina de la comida soul (afroamericana).
¿Cómo fue la sorpresa? El vídeo que ilustra este post tiene la respuesta...
PD: La relación de todo esto con el basket es evidente: New York, Harlem, sorpresa... ¡Estoy loco! ;-)



