FM10: Mi único ídolo - por César Nanclares

Rivalidad y nobleza. Epi y FM

“A ver, a ver, ¿qué quieren estos chiquillos?”. La voz era de una mujer mayor, guapa, alta, elegante. Mi hermano y yo hacíamos cola para comprar un foto de Fernando Martín en la pequeña caseta del viejo pabellón de la Ciudad Deportiva. La mujer nos habría oído decir que queríamos la foto de Fernando y el amor de madre pudo con al orden. Nos abrió paso entre la cola y dijo la frase de marras.

 

La anécdota es sólo eso, una anécdota, pero refleja a la perfección que el carácter impetuoso del jugador 10 venía de “fábrica”. Dice el pequeño de la saga, Antonio, que en Fernando Martín no había previa. Todo pasaba de inmediato. Esa fugacidad del momento hacía que los aficionados sólo tuviéramos ojos para él: ocupaba todo el escenario.

 

El día de su muerte yo estudiaba en mi habitación para un examen de física. Tenía 16 años, casi 17...  éra el cumpleaños de un amigo, al que además había cedido la habitación de mi hermana como picadero. Planazo el mío para una tarde de domingo.

 

Recuerdo que el shock de la noticia se repitió años más tarde con la marcha de otro grande, Drazen Petrovic. Enemigos íntimos que siempre irán de la mano en el mejor inicial que yo recite de la historia del Real Madrid.

 

Un escalofrío me recorre todo el cuerpo cada vez que paso por la curva en la que se mató Fernando, la entrada a la M-30 llegando a Madrid por la carretera de Barcelona. Siempre, no falla, aminoro la velocidad cuando tomo el desvío. Y si voy acompañado, digo en voz alta: “Esta es la curva donde se mató Fernando Martín”. Da igual que esa persona lo haya oído mil veces.

 

No soy de idolatrar. Me cuesta entender que alguien se vuelva loco por alguien sin causa justificada y con desmesura. Hasta que entro en la curva; hasta que veo un libro verde, desgastado, en la biblioteca de casa: “Una vida con acento”, la biografía de Fernando Martín.

 

Su físico, cincelado centímetro a centímetro, era demoledor. Un día me contó Andrés Montes que lo que más le impactó de la muerte de Fernando Martín fue un comentario de Alfonso del Corral, compañero de FM y médico de carrera, cuando vio el cadáver de Fernnado en el hospital: “Parece mentira que aquel cuerpo que representa la vida, la vitalidad absoluta, esté muerto”.

 

Un palo. Recuerdo las Nike rojas con las que debutó en la NBA. Por entonces era una quimera pretender siquiera conseguirlas. Había que conformarse con las Karhu de punto reflectante, que valían 3.800 pesetas en Deportes Moya… Eran otros tiempos.

 

Recuerdo también un recorte amarillento que colgada en el corcho de la habitación de mi hermano. Era el artículo para “EL PAIS” (entonces sin acento) que escribio Loquillo (sí, el de Los Trogloditas) al día siguiente de la muerte de FM. Porque como todas las grandes tragedias se quedan en la memoria colectiva para siempre.

 

Los últimos años he tenido la oportunidad de compartir grandes momentos con dos grandes de nuestro basket que convivieron muy de cerca con FM: Juanma Iturriaga y Juan Antonio San Epifanio, “Epi”.

 

De Itu rescato su gesto más que una palabra, adusto cuando hablaba de Fernando, como si en ese momento estuviera a su lado, dispuesto a escudarle en la batalla. “Fernando… Fernando… ¡era la hostia!”. Aunque le jodiera que al poco de llegar al Madrid, FM se comprara un Ford Capri, deportivo, cuando a esa edad, y aún jugando en el Madrid, al Palomero le tocara llevar un Ford Fiesta.

 

La anécdota de Epi me la contó este verano. En uno de los “millones” de entrenamiento que hacía Antonio Díaz Miguel, eterno seleccionador nacional de la época, Fernando le pegó un manotazo a SuperEpi punteándole un tiro. FM creyó que tocó balón y Epi creyó que tocó brazo. Lo de siempre. Una palabra por aquí; otra por allí, manotazo va, manotazo viene… y si no les separan se pegan allí mismo, en el Canoe.

 

Díaz Miguel, muy preocupado por los antecedentes de la monumental gresca en el viejo pabellón entre Davis, Iturriaga, Martín… decide expulsar a los dos del entrenamiento: “¡A la ducha! ¡Los dos!”. La tensión se corta camino del vestuario… Dentro ni se miran. Los dos iconos del baloncesto nacional en pleno boom del baloncesto, encabronados, sin hablarse, a ver quién es más desafiante…

 

Epi, resuelto, decide acercarse a Fernando y le tiende la mano: “Por mí, como si no hubiera pasado nada”. FM, sin levantar casi la vista, estrecha la mano de su compañero mucho menos resuelto. Aquello fue el precedente de la histórica plata de Los Ángeles’84. La demostración de que rivalidad y nobleza deben ir de la mano para triunfar.

 

Es sólo una anécdota, pero ¿qué es la vida más que una larga anécdota? Esta, además, describe muy bien a la generación que convirtió el baloncesto español en un deporte de masas. Y en el escaparate, la bestia FM y el espíritu de superación Epi.

 

Ipai, te quiero mucho, pero mi ídolo era FM10, el dial de mi vida en cesta. ¿O acaso no tengo la misma mala hostia que él? ;-)

Andrew, gracias por enseñarme a vender el tranvía - por César Nanclares

"Llegaste tan impuntualmente a mi vida que no tengo más remedio que ajustar mis relojes a tu posibilidad". Gracias por acordarte de mí...

(“Nanclares, tío, ¡qué vas a hacer! Hay que vender el pollino”). La moto, el trolebús, el tranvía… tú eras capaz de venderle la EMT entera al concejal de transportes. Y los demás, de palmeros. Palmeros flamencos, de los buenos, pero palmeros.

 

De todo el que tenías a tu alrededor hacías un personaje. Tu vida era una película de James Bond en la que nadie dudaba quién protagonizaba al Agente 007 (“Yo tengo toda la colección… Esta tía es el “Doctor No”, joder”).

 

La primera vez que te vi me llevé un chasco de pelotas. Relaño te había convencido para que hicieras la NBA en CANAL+, y Daimiel y yo soñábamos con participar en el sarao. Nos metió a los tres en su despacho de la tienda 0 de Torre Picasso. Y ¡zas!, un viaje de los suyos, así, de primeras: “Andrés, estos dos chicos todavía no están preparados para comentar partidos”.

 

Yo me quedé planchado y reconozco que los primeros meses la tomé contigo. Llevabas tiempo sin seguir a fondo la NBA ("Una merienda de negros que pagan los blancos") y confundías a los jugadores… pero poco a poco te pusiste las pilas, como siempre (“Yo soy un profesional de esto…”). Empezaste con Segurola ("Universidad Pública del País Vasco"). Daimiel ("Crónica en rosa") tomó el relevo y ya no hubo vuelta atrás: la mejor salsa de la historia de la televisión deportiva en España se fue haciendo a fuego lento.

 

Siempre venías hecho un pincel a la tele (“¿Yo? Vestido un gentelman, desnudo un chimpancé”). Internet estaba aún en pañales y el teletexto de CNN era la única salida. Hasta que la tele volvió otra vez varias plantas más arriba de Torre Picasso (“Esto es la hostia… es como trabajar en el Rockefeler Center de Nueva York”).

 

Daimiel y tú conseguisteis que una pequeña tropa de seguidores nos quedáramos a ver los partidos de madrugada... ¡en la redacción!. El ritual era casi siempre el mismo. Íbamos a cenar por la zona de Azca (“Coca-Cola Light, agua sin gas… y mucho hielo aparte”)

 

Un día se me ocurrió imprimir los resultados del resto de la jornada NBA, bajároslos al plató y casi sin tiempo para salir de puntillas lo soltaste: “¡Vaya crack! Nanclares Press con otros resultados, Daimiel”.

 

Tiempo después me contaste que algún seguidor había escrito por correo electrónico preguntando si era Nanclares Press o Nanclares Express y yo me descojonaba… ¿a qué si Peinado? (“Un periodista elit(e), joder”).

 

Luego llegaron las cenas en De María, nuestras discusiones a cual más cabezón (“Nanclares, ¡tú te pinchas!“) y mi debut contigo como comentarista. (“¿De dónde vendrá la frase “comerse un marrón”?). Eso y mucho más era capaz de preguntarte Andrés Montes en plena transmisión. Recuerdo algún partido que hacíamos a mediodía, en diferido, y tú, con la modorra, te quedabas sopa… dabas una cabezadas del 15 y luego con Ántoni nos partíamos de risa porque nosotros teníamos que seguir hablando hasta que despertabas de pronto…

 

El "virus Montes" ya había inoculado. Nos pasábamos el día hablando como tú, imitando tus expresiones, modulando la voz como tú. Las que decías bien y las que decías mal (“Un zamacuco”, en lugar de jamacuco o “el Freyenoord”, en vez del Feyenoord).

 

En el verano del 99 ya sabíamos que a la vuelta del verano, CANAL+ daría la Liga ACB. Yo dejaba de hacer fútbol para hacer sólo baloncesto. Decidí entonces irme a ver las Finales de la NBA en directo (Spurs-Knicks) y de paso hacer limpieza mental para afrontar con renovadas ilusiones la nueva etapa profesional. Volé de Madrid a Atlanta… ¡vía Múnich! En Atlanta alquilé un Chrysler Stratus para ir a… ¡San Antonio!: 1.400 kilómetros en línea recta, pero en mi curva línea de pensamiento me llevó primero a Athens, Georgia, para saber donde había nacido mi grupo favorito: R.E.M. (“¡Vaya crack estás hecho!”)

 

Os recogí, a ti, a Daimiel y a Enrique, el productor, en el aeropuerto de San Antonio (¡Es la hostia: desde el centro de la ciudad se ve la M-30!”) y nos fuimos a cenar al restaurante mexicano “Mi Tierra”. Era de madrugada y no había ni el tato (“Esto parece una película de Robert Rodríguez… ¡en cualquier momento entra un tío y nos pega cuatro tiros, Daimiel!”). Guardo aquella noche con especial cariño…

 

Luego fuimos al outlet más grande del mundo por entonces, en San Marcos, a medio camino entre SA y Dallas. A la vuelta recuerdo una imagen como si fuera hoy: volcabas en la cama decenas de pares de zapatillas que habías comprado para tus hijos, Orson (por Wells) y Nelson (por Mandela) (“Hijo, ¿tú sabes que tu padre te quiere mucho?”). Así te despedías siempre de los dos, como si fueran adultos de toda la vida (“Cuando tienes hijos, te vuelves gilipolllas”).

 

Aquel viaje acabó con el tiro de Avery Johnson desde la esquina, el primer título de los Spurs y para colmo en el Madison Square Garden, la cancha de (“Samurai”) Camby y de (“Clemenza”) Starks.

 

La etapa de “Generación+” (Epi, ¡mójate!) fue un claroscuro. Andrés y yo empezamos a partir un piñón y acabamos bastante distanciados… Cerca y lejos, nuestro sino. Sin embargo, el respeto profesional, siempre intacto.

 

Entretanto, una noche de primavera yo bailaba en una boda cuando me llamaste al móvil (“Tío, perdona que te llame a esta hora…”) para decirme que habías convencido a Carlos Martínez para que yo “hiciera” el plató de las Finales de la NBA. Te la jugaste por mí y nunca lo olvidaré.

 

A finales de 2002 pedí la cuenta en el Plus y tú, de vez en cuando, te acordabas de mí en los partidos. Me lo decía la gente y me hacía ilusión, ¡qué coño!. En aquella época nos veíamos de pascuas a ramos. Tú eras así. Podías estar meses sin hablar con alguien pero guardabas intacto el afecto… Cerca y lejos…

 

Nuestro reencuentro profesional fue en laSexta. A mí me habían “tocado” antes del Mundial de fútbol de 2006 (“Nanclares, todavía guardo tu sms cuando debute en Alemania, me hizo mucha ilusión…”), pero no fue hasta el Mundobasket de Japón cuando Willy, tú y yo quisimos cambiar el mundo.

 

Me llamabas desde Japón para decirme que De la Cruz no cabía en la ducha del hotel; que Hugo Ricra era un fenómeno y sobre todo para insistirme en el cierre musical de cada partido (“¿Hoy acabamos con el “You get what you give” de New Radicals? Es la tercera canción del CD 10…). Me habías grabado una decena de compactos para que cada partido tuviera un cierre distinto…

 

Un pequeño paréntesis nos separó de nuevo hasta noviembre que me incorporé a las transmisiones de fútbol. En laSexta ya eras un ogro por tus continuas quejas, razonadas todas, razonables casi todas (“Nanclares, faltan profesionales”).

 

Poco a poco, con la ayuda de Willy (“¡Tú comes mucho pan!”), Rodri (“¿Qué haría yo sin Rodrigo González?”), Felipe (“Sonrisas y lágrimas, Melchor”), Zapatero (“Habláis de Zapatero y yo no sé quién es, joder”), Labrador (“Obrador”) y Rosendo (“Salinas, Capitán, ¿quién está detrás de todo esto?”), fuimos levantando un castillo de naipes cada sábado (“Se ha creado una atmósfera…”). Todo estaba cogido con alfileres pero durante dos años vendimos la burra. En invierno fútbol y en verano, baloncesto (“A mi me da igual, como si tengo que narrar una carrera de chapas…”).

 

Los viajes eran una aventura de Indiana Jones. En avión siempre tarde (“Probablemente la peor compañía del mundo”); en AVE, a voces en el vagón de preferente (“¿Qué paso en el vagón 2, asiento 13B? Esa tía tiene algo, joder… tiene clase… ¡Una bomba de relojería!”).

 

Sólo las comidas merecen un tomo aparte (“Rodrigo, he visto en la Guía Gourmetour un restaurante de cojones”). Llamabas para reservar nada más aterrizar en la ciudad y sin haber comido siquiera, ya  estabas insistiendo a Felipe para que reservara la cena en el hotel (“Felipe, pide más Coca-Colas Light, joder. 27 por los menos. Willy se toma 10; Nanclares, otras 5… ¡joder!”). También en eso eras un exagerado…

 

Siempre acababas siendo el centro de atención. Ya podía estar sentado en la mesa Obama, que tu voz de cheli zumbón resaltaba en kilómetros a la redonda. Ni Valdano pudo callarte (“Pietro Menea, joder, no ha parado la furgoneta y el tío ya está en la habitación del hotel, joder”) y a Valdano le sacaste anécdotas que se pagarían a precio de oro en el papel cuché.

 

La Guerra del Fútbol fue el principio del fin (“Hoy estoy aquí, pero mañana puedo estar trabajando en Sogecable…”). Ibas a tu bola, Andrew, y ¡ole tus huevos! Eras un periodista de la vieja escuela (“Yo vivo de la morcilla, de la sinhueso”); libre, independiente, alérgico a las líneas editoriales que a este paso aniquilan la esencia del periodismo. Sabías que te podía costar el puesto, pero seguías a tu bola, te podía ese idolatrado Dennis Rodman (“Cruela Devil“) que llevarás siempre dentro.

 

El último viaje juntos los hicimos a Polonia. De principio hasta casi el fin… Tres días antes de volar a Varsovia supiste que no seguías en la tele. (“Yo fiché pensando que esto iba a ser "Médico de Familia" y ha acabado siendo "Pesadilla en Elm Street”). Un palo para todos. Para Itu, para Epi y sobre todo para mí. Los telespectadores no se dieron cuenta hasta el último suspiro gracias a tu profesionalidad.

 

Yo hacía tiempo que rumiaba dejar laSexta. Y me di de margen 15 días, las dos semanas del Eurobasket.

 

El torneo fue extraño. España, de menos a más y nosotros, de más a menos. Cada día que pasábamos juntos era un día menos que tu disfrute profesional y personal. ¡Aunque siguieras dando por saco como siempre!

 

El hecho de que la Selección jugara días alternos y la melancólica ciudad de Varsovia, nos empujó a los cuatro a contarnos muchas cosas. Y siempre acabábamos en el mismo tema: tu marcha, tu estúpida marcha.

 

La noche del oro de Polonia fue una mezcla absoluta de sensaciones: alegría por el triunfo y tristeza por tu adiós (“El final de la escapada…“). Yo volví en el chárter del equipo y tú regresaste al día siguiente en vuelo regular. Recuerdo tu despedida, tu eterna despedida, invariable: “Bueno, tío, ya nos vemos… ya hablamos…”. Andrew, esa fue la última vez que te vi y como siempre te noté tan lejos, tan cerca…

 

El martes pasado hablamos por teléfono (“el portátil”) y estabas expectante por tus negociaciones profesionales. No habías hablado de dinero y los que te conocemos sabemos que eso significa que no había nada decidido.

 

Llevábamos semanas en el paro. El día que me fui de laSexta te dije una frase que ahora me acongoja, visto lo ocurrido. “Andrew, tío, me voy porque con tu marcha ha muerto un estilo”. Tú te quedaste acojonado y por primera vez en la vida te abriste de par en par conmigo: “César, tío, aquí tienes un amigo”.

 

Gracias, crack ¡Siempre cerca! ¡Nunca lejos!

 

Nanclares Press

¿Por qué TVE siempre "hace" el mismo partido? - por César Nanclares

"¡Mete el micro ahí!" Inolvidable

Desde que nació TUBASKET.com, hace poco más de año y medio, me apetece escribir sobre baloncesto en televisión. No lo he hecho porque no me gusta ser juez y parte

 

Desde el Mundial de Japón 2006 hasta el Eurobasket de Polonia 2009 he sido el responsable de las transmisiones deportivas de laSexta, y no creí ético criticar la profesión, cuando tal vez debía de empezar por mí mismo.

 

laSexta es pasado desde el miércoles pasado. Agotamiento, fin de un ciclo y curiosidad por nuevos horizontes son los motivos que me han empujado a pedir la cuenta. Han sido tres años muy largos y muy duros, pero como la memoria es selectiva, sólo me quedo con lo bueno…

 

Ahora tendré aún más tiempo para ver baloncesto (en directo, que lo tenía un poco abandonado…), y por televisión (una de mis pasiones preferidas). ¡Ah! Y podré echarle más horas a TUBASKET ;-)

 

Libre de cargas, el sábado me puse a ver el Xacobeo Blu:Sens-Regal Barcelona por TVE. La deformación me atropelló desde el minuto cero. Y es que lo peor de que mis padres se conocieran trabajando en una fábrica de televisores y de haberme pasado media vida currando en la tele, es que ves la caja tonta como un censor, sacándole fallos a todo. Mi terapeuta cree que es corregible. Yo no lo tengo tan claro…

 

Lo primero que observé es que el pabellón de Santiago, como todos los de baloncesto a este lado del Atlántico, es abarcable para la televisión. Me explico: todo, absolutamente todo lo que pasa en las gradas y por supuesto en la pista en un partido de baloncesto está al alcance de un cámara con suficiente nitidez como para darlo casi en plano corto. El realizador, por tanto, no debería perderse lo importante porque tiene medios para llegar a ello.

 

Un gustazo para cualquier realizador… que se de cuenta, claro. No sé vosotros pero yo tengo la sensación de ver siempre en TVE el mismo partido desde aquellos duelos de Copa de Europa en el viejo pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid.

 

- El “look” de los pabellones es manifiestamente mejorable. Lo ideal sería que la pista estuviera mucho más iluminada que la grada; que el parqué estuviera pulidísimo; que las zonas resaltaran no por las pisadas de los jugadores y sí por la viveza del color, a juego con el de la camiseta del equipo local… Es curioso que la LEGA italiana sea hoy peor liga que la ACB en casi todo, menos en el "look en pista", mucho más moderno que el nuestro (valga un ejemplo y de hace dos años: http://www.youtube.com/watch?v=KzqJyADNaJI&feature=related)

 

- El lenguaje televisivo de las transmisiones de TVE es antediluviano. Plano master para la jugada en directo, plano corto para el que anota o para el que comete falta cuando el árbitro pita, y repeticiones muy de vez en cuando. Excepto en la Copa del Rey (cuatro días al año) o en la Supercopa (dos días), cero riesgo. Nada de planos cenitales; tampoco planos traseros del juego desde la grada (muy didácticos en baloncesto, como en la NCAA…); la cámara superlenta, con cuentagotas e infrautilizada sólo para acciones de balón, cuando da planos supercortos excelsos, a veces incluso más estéticos que los del propio juego con balón: gestos técnicos, faciales, reacciones de banquillo y público (¿Acaso hay público no aburrido en los pabellones ACB para TVE?).

 

- El grafismo aporta sólo las estadísticas básicas del desarrollo del partido, ¡la misma información que hace 20 años! El sábado nos pusieron los dientes largos con una estadística histórica antes del partido y eso fue todo: ni una más en las dos horas restantes.

 

- Narración y comentaros es lo más subjetivo de la crítica porque en ella influye mucho el gusto de cada telespectador. El trío de TVE (narrador+dos comentaristas) me deja frío. Arseni Cañadas cuenta lo que ve, sin más, y Romay cuenta lo que quiere, tenga o no gracia, sin más. Sólo suma Manel Comas. Podría sumar más si el narrador le sacara más jugo y si él no destripara algunas jugadas de antemano: quiero ver el partido (no que me digan lo que voy a ver…) y luego, que lo analice un técnico en román paladino. “Asterix” tiene retranca para hacer la transmisión más divertida, sobre todo teniendo en cuenta que La2 emite en abierto, para todos los públicos, y no para minorías especializadas, como se empeña en “malvender” el canal.

 

- El “pie de pista” canta la Traviata. Da igual que sea chico o chica. Casi todas las teles se empeñan en poner a “hacer banda” al primero que pasa, cuando en baloncesto, por la cercanía de todo, un buen pie de campo es fundamental: puede ver y oir casi como si fuera un@ más del banquillo. ¡Ah! Y que alguien les diga que para entrevistar a un tipo de 2 metros en un pabellón lleno hay que hablarle alto y claro, no al oído cuando el prota se ha tenido que agachar porque no oye...

 

El jueves vimos el partido Utah-Real Madrid realizado por Canal+, que desde que dejara de emitir la ACB produce como mucho un partido al año. Yo me fui a la cama con la sensación de que me habían permitido ver más de lo que estaba a mi alcance desde el sofá. Me contaron una historia. En TVE es al revés. Un jugador es cambiado, el entrenador se acerca para decirle algo y ¡zas!, cambio de plano… me tengo que imaginar si le iba a aconsejar o a abroncar…

 

Esa es la simple diferencia entre una buena y una mala transmisión deportiva. Dar las canastas, las faltas y los tiempos muertos (aunque se oigan) es fácil. Lo difícil es ofrecer un producto televisivo atractivo, bien narrado (vocal y visualmente), colorido y que descubra rincones del partido que desde casa no alcanzo a ver. Así si vende el muñeco, aunque sea codificado...

El timing crítico de España - por César Nanclares

Felipe Reyes representa como nadie el carácter de la Selección

Crítica y España, dos conceptos muy unidos. La Selección gana: es alabada; la Selección pierde, es lapidada. Eso no es crítica, es “resultadismo”.

 

Si la Selección Española juega bien debe ser ensalzada; si la Selección juega mal debe analizarse por qué juega mal. Eso sí es crítica.

 

El deportista (como cualquier otro profesional) critica la crítica y muchas veces la confunde con desconocimiento, envidia o manía. Criticar el trabajo de una persona no significa criticar a una persona. La persona es una y su desempeño, otro.

 

Esto viene a colación de la trayectoria de la Selección Española en el Eurobasket. España empezó muy por debajo del nivel al que nos tiene acostumbrados. La prensa fue crítica y el aficionado (por lo que he averiguado en España) mucho más crítico todavía.

 

La Selección ha mejorado su juego de cabo a rabo, que ahora le permite, primero competir, luego ganar y por último deslumbrar como en el inolvidable Mundial de Japón 2006.

 

La prensa es igual de crítica que cuando no jugaba bien, pero ahora en el sentido opuesto, argumentando los porqués de la mejoría. No es ventajismo, es la vida misma bien entendida.

 

Una corriente extendida entre los criticados (en cualquier ámbito público) es la de pedir que la valoración de su labor se haga al final. En el deporte profesional, sólo al término de la competición.

 

No me parece mala idea, pero entonces sólo hablaríamos del Eurobasket dos días, sólo publicaríamos dos noticias: una antes de comenzar, a modo de previa, y otra vez terminado todo... Es exagerado, sí, pero muy gráfico.

 

Esta España ha empezado peor que nunca y va camino de acabar mejor que nunca. Lo primero es un hecho irrefutable y lo segundo un deseo con base experimental, más allá de lo que pase de aquí al domingo.

 

Cubrir un campeonato de esta magnitud in situ te aísla de la opinión pública española, pero te permite captar intangibles inequívocos entre jugadores, entrenadores, directivos y periodistas: la Selección estuvo en la lona durante la primera fase y parte de la segunda, pero se ha levantado cual boxeador orgulloso en busca de la gloria. Las caras de todos (entre los que me incluyo) cuando estábamos groguis eran para verlas... igual de tristes entonces que esperanzadas ahora...

 

La reacción de España es un signo de madurez y de fortaleza mental que añade todavía más quilates a la mejor Selección de nuestra historia. Y no sólo del baloncesto.

Cornudo sí, pero ¿apaleado...? - por César Nanclares

¿Se parece en algo este Ricky al de los Juegos de Pekín?

La actual Selección Española es como un marido felizmente enamorado que descubre a su mujer con otro a la vuelta del trabajo. No se da cuenta de que su matrimonio zozobra hasta que empotra los cuernos en el marco del dormitorio: “Cariño, esto no es lo que parece...”.

 

Pues sí, es lo que parece. Que todos somos buenos hasta que somos malos. Tan sencillo y obvio como eso.

 

La Selección está haciendo un mal Eurobasket. Aún seguimos vivos; todavía somos favoritos en las apuestas y no quiero ni pensar el cagazo de franceses, rusos y griegos si les toca España en  el cruce de cuartos; pero no nos volvamos locos: hemos ganado a Lituania, la única selección que tiene su casillero de victorias a cero en esta segunda fase.

 

Los jugadores lo saben y son conscientes de que la decepción que ha provocado en España su inicio de campeonato: “No podemos ser tan tontos: ni antes éramos unos paquetes ni ahora somos los mejores...”. Ellos sí leen la prensa...

 

El valor de la victoria es innegable, en los clasificatorio y en lo anímico. Hoy se han puesto el termómetro y no tienen fiebre, lo que no significa que estén curados. Vayamos por síntomas:

 

- Los bases no “pesan” en el juego colectivo como debieran, sobre todo en el ataque estático. El maestro Bogdan Tanjevic, seleccionador turco, dijo el sábado que si España no corre tiene medio partido perdido.

 

- Ricky es letal al galope. Antes la intensidad defensiva de la línea exterior debe ser altísima y así forzar “sobremarcajes” en la linea de banda para que los robos lleguen por acorralamiento. De no ser así, se obceca con robarla por anticipación lo cual es arriesgado si le sobrepasan.

 

- Los aleros, capitales en el éxito reciente del equipo nacional, están tan irregulares como el conjunto. Mumbrú y Claver se han dejado la confianza en Varsovia, cuando el torneo se juega ahora en Lodz, y no sé si se puede ganar un Eurobasket con Navarro y Rudy mucho tiempo juntos en pista. La recuperación de Garbajosa se antoja clave por experiencia y por los puntos que tiene en la mano.

 

- Los hermanos Gasol no están a su nivel. Claro que su nivel demostrado en el pasado era tan alto que resulta muy difícil refrendarlo sin estar al 100%. Pau no lo está en lo físico, por culpa de la lesión. Más preocupante es lo de Marc. Su comportamiento denota demasiado “respeto” al hermano mayor. Antes de que Pau volviera, en los amistosos, dominaba la pintura con suficiencia. Ahora ayuda de miedo en el rebote, pero la pareja soñada por el seleccionador, Gasol&Gasol, no pita.

 

- Sergio Scariolo es un punto muy importante en el análisis de España. Gran entrenador, prepara los partidos como pocos, maneja el entorno mediático como ninguno... Aunque sus equipos son de largo recorrido, necesitan tiempo para carburar. Eso no vale en un torneo de dos semanas. Tampoco vale ponerse la venda antes de la herida, ni buscar una excusa/justificación para todo lo que pasa en un equipo deportivo y menos en el equipo de todos. La gente te acaba calando...

 

Lo tranquilizador de la situación es que si no confiamos en este grupo humano, que tanto nos ha hecho disfrutar, no confiamos en ninguno.

 

¿Lo de hoy es el inicio de la recuperación o que ha venido la abuela con un pastel y mañana, cuando nos lo hayamos zampado, seguiremos igual de enfermos? A mi lado Isidoro (también conocido como El Palomero Bloggero) me empuja a creer; su chaqueta de pana y el frío que hace en el pabellón de Lodz me están poniendo enfermo... ¿No estaba curado?

Yo... César Nanclares

Ideólogo y cofundador de esta locura llamada TUBASKET.com, de pronto he recuperado las ganas de escribir al otro lado del charco. Nueva York inspira, seduce y empuja a darle a la tecla de nuevo, que ya vendrán tiempo peores. Se admiten comentarios.

Últimos comentarios...

  • tono

    Muy buena la pagina Cesar!! Hola Cesar como estas?espero tus cosas esten bien, hace mucho no se de vos y mi viejo siempre me pregunta jaja. Te cuento que me recibi de Llicenciado en Comercializacion y Marketing hace poco, y en algun momento de este año voy a viajar a Andorra a visitar parientes y a realizar una maestria en Barcelona si es posible. Estuve navegando y queria ver si podia jugar en algun club en Andorra durante mi estadia, queria saber si conocias alguno o si me podias contactar con alguien?? Te mando un fuerte abrazo y espero tu respuesta y me cuentes algo de tu vida!! Tono Vargas

  • manolo

    Muy buen articulo sin duda.la verdad es que Fernando Martin,nos dio muchos momentos de gloria a todos los madridistas,creo que es una de las banderas mas importantes del baloncesto blanco,recuerdo momentos en los que se me saltaban las lagrimas viendole jugar,que fenomeno,vaya casta y calidad tan extraordinaria,un ejemplo a seguir por todos los jovenes de nuestro baloncesto,teniendo la casta de Fernando,ya tendran mucho ganado.

  • pedro murcia

    Eres un craz Cesar, ademas de buen periodista buena persona, recuerdos de Pedro de murcia