¡Vuelven los ochenta! - por Matías Castañón
Lo que pudimos disfrutar en aquellos maravillosos años 80...
Quizá sea el hecho de que me tocó crecer en aquellos años, cuando muchos de mis compañeros de TUBASKET.com forraban sus carpetas de instituto con las fotos de los grandes cracks de la historia del basket. Lo que tiene servidor con esa gran década es una fijación: disfruto con su música, su estética, su historia y, como no, su baloncesto.
El caso es que, en las últimas semanas, me he dado cuenta que el baloncesto va sufriendo su particular “ochentización” en los albores del nuevo milenio (que pomposidad, madre mía). Los grandes iconos de la Liga se sobreponen a los bloques: hay sucesores de Jordan o Magic para montar tres o cuatro equipos, además de toda esa troupe de secundarios que dentro de veinte años serán recordados como auténticos mitos(sigo esperando que se reedite la camiseta de Kurt Rambis...).
Dos décadas después, el Showtime regresa con fuerza de la mano de un nuevo ídolo de masas, sin tanto carisma pero con una calidad contrastada; al otro lado del país, la maquinaria verde se pone en marcha con fuerza mientras que en la “Motown” calientan motores los pichones de Bad Boys. Sin embargo, hay una cosa que ha resurgido en esta temporada y, la verdad, era lo mas característico de aquellos maravillosos años.
La violencia pura y dura vuelve a los playoffs de la NBA: creo que no había visto en mucho tiempo una fase final tan física y de tal tensión como la de este curso. Solo hay que seguir la serie entre Celtics y Hawks para darse cuenta de la dureza física que han mantenido durante siete encuentros. Del mismo modo, el acoso y derribo a LeBron de los Washington Wizards ha sido un ejemplo claro de como cargar la defensa mas dura contra un crack, sin importar la cantidad de faltas flagrantes que se piten.
Soy uno de esos aficionados a los que les gusta ver muchos partidos y que no son partidarios de la dureza, pero he de hablar claro: antes a este deporte jugaban hombres de los que se levantaban después de una falta para bajar a defender. Los golpes que se daban en aquellos años eran de verdad, mientras que ahora tenemos (a cada lado del charco) jugadores sobreprotegidos a quienes no se puede mirar fijo. Caballeros, jueguen y dejen jugar, pero no se olviden que esto es una batalla de gigantes, no un “mírame y no me toques”.



