Oscar Schmidt y la conexión espartana - por J.F. Escudero
Las lágrimas de Mano Santa. ¿Qué hubiera pasado de haber aceptado jugar con Magic?
Las carreras de dos grandes jugadores universales (cada uno con un legado propio e incomparable) a priori parecería que no tuvieran nada en común, sin embargo hubo un momento en que las cosas podrían haber sido muy distintas. Oscar Schmidt y Magic Johnson se admiraban mutuamente, el primero pasó a la historia como uno de los tiradores más letales de larga distancia, el segundo fue unánimemente el mejor creador de juego de todos los tiempos. Un dúo carismático que pudo haber compartido un destino común.
"Apenas tenía 18 o 19 años pero se podía ver que era uno de los mejores jugadores en su equipo. Nos ganaron, ya tenía un gran lanzamiento entonces".
Son palabras dichas por alguien que de esto sabe bastante, Earvin "Magic" Johnson. En efecto, los Spartans de Michigan State comandados por el pre-freshman Johnson habían volado en el verano de 1977 a Brasilia para enfrentarse en un torneo veraniego a la selección nacional, en la que ya sonaba un nombre destacado, Oscar Schmidt. Éste no pasó desapercibido a los ojos del entrenador que llevaría a los de East Lansing al título de la NCAA dos años después, Jud Heathcote. Este inmediatamente lanzó una oferta al brasileño para que ingresara en sus filas y abrazara la disciplina espartana. A pesar de que la historia no es muy conocida, todos sabemos o intuimos cual fue la respuesta del carioca.
"Es un gran honor, pero jugar para mi país es lo que quiero hacer a toda costa y es en lo único que pienso".
Parece una contradicción pero en absoluto lo es. ¿Qué habría pasado si... Oscar hubiese aceptado el ofrecimiento de Heathcote? La historia, las historias, se habrían escrito de manera diametralmente opuesta. A pesar de los enormes beneficios que habría supuesto para el excelso tirador brasileño jugar al lado del mejor base de todos los tiempos y de su más que probable ingreso en la NBA, el objetivo que realmente anhelaba era jugar con su selección. Se conformaban dos realidades que con las leyes deportivas de aquella época resultaban a todas luces incompatibles.
Pocos habrían resistido la tentación de perderse el resultado de aquella presuntamente perfecta simbiosis deportiva, como bien argumentó el propio Heathcote:
"Nadie podría haber intuido qué habrían sido capaces lograr juntos. Si Oscar hizo lo que hizo en su carrera, lo qué habría sido capaz de conseguir con un playmaker como Magic a su lado resulta inimaginable".
Si magnífica habría sido la conexión Johnson-Schmidt, ¿qué me dicen de la final de la NCAA entre los Spartans y los Sycamores de Larry Bird? El enfrentamiento entre los dos aleros altos habría hecho aún más grande el acontecimiento, ya de por sí un clásico entre los clásicos.
Pero no desespero, estoy en plena fase de diseño de una máquina del tiempo y en breve tengo la intención de desplazarme hasta Brasilia en aquel lejano verano de 1977 y convencer a Oscar para que reconsidere su postura. "Mano Santa, tu sí que fuiste grande, concédenos dos últimos deseos, acepta la oferta....y dile unos años después a Fernando y a Drazen que cojan el autobús".



