¿Qué has hecho tú por amor al baloncesto? - por Lucio Angulo
Hagas lo que hagas por el baloncesto o por cualquier otra causa, hazlo bien...
Gelocatil, diclofenaco, gelofeno, traumel, supradym, almax, bucometasana, ibuprofeno, seractil, paracetmol, xazal, omeprazol, nolotil, y en la portería Zubizarreta.
Todo esto y mucho más me he tomado en algún momento de mi carrera. Anti-inflamatorios, contra el dolor, picor de garganta, protector gástrico (normal)…
Los medicamentos son necesarios. Sabemos que el dolor es una consecuencia del exceso. Para mejorar como equipo e individualmente has de trabajar en situaciones adversas. Pero llega un momento en que los fármacos te hacen, cada vez, menos efecto. Y quieres más, y más y… se te pone cara de Pocholo con tanta pastilla.
Muchas veces, por llegar a jugar un partido, uno hace lo que sea. Y cuando digo, lo que sea, es eso. ¡Lo que sea! ¡¡He visto a gente que ha llegado a entrenar!! Pero nuestro protagonista fue más allá.
Anécdota: A un jugador con el que coincidí (del cual no diré su nombre para salvaguardar su dignidad) le tuvieron que introducir (con fines médicos) un dedo en el… como diría esto para que no suene tan mal… un “dedito” en el recto. ¡No!, el índice en el ano. ¡Tampoco! ¡Vamos, le palparon el esfínter! Estas cosas no se pueden decir de forma sutil.
Pasado el tiempo lo pude ver en la TV siendo entrevistado; en un momento dado de la entrevista le preguntaron:
¿Qué has hecho tú por amor al baloncesto?
Yo sabía que ese jugador había entrenado con dedos dislocados, contusiones, elongaciones, con el tobillo como un “botijo”, con cicatrices casi recién hechas… Pero yo, en mi malignidad, pensaba: ”que lo diga, por favor”. En directo ante la mirada expectante de miles de espectadores. Oírle decir: ”Me trastearon en el “ojete””… Qué grande.
Muchas veces la gente simplifica y parece solo ver lo agradable de una situación, de un trabajo o de un deporte. Existen eventualidades con las cuales hay que convivir. Decía Shakespeare que “un fuego se consume con la llama de otro fuego”… y un sufrimiento se aminora con el sentimiento de otro dolor.
En baloncesto suele ocurrir esto. Los dolores se solapan unos con otros y generalmente el que mejor convive con el dolor suele forjar un carácter mejor predispuesto para el sacrificio y, como es sabido, “nunca hay que esperar el éxito antes del sacrificio”.
Y yo te pregunto, lector amante del baloncesto: Y tú ¿qué harías por el baloncesto? (Tampoco hace falta que os perdáis en detalles…).



