Inicios - por Lucio Angulo
Navarro, capaz de anotar un lluvia de triples, es el primer jugador que se moja respecto al futuro seleccionador
Los inicios siempre son complicados.
¿Conocen a William Wilberforce? ¿¡Qué donde juega ese!? No, no. No se confundan. En esta parte de la página se va a hablar de baloncesto pero también de lo que venga un poco “al pairo”. Este hombre nació el 24 de Agosto de 1759, político, filántropo que abolió la esclavitud en el Imperio Británico. Ya está bien de cultura, tampoco hay que pasarse.
Pues William dijo: "Las grandes cosas tienen inicios pequeños. Cada aguacero es solo una gota, cada fuego es una chispa, cada cosecha es solo una semilla, cada viaje es solo un paso porque sin pasos no hay viaje."
Recuerdo un jugador promesa que fracaso antes de decidir si quería jugar al baloncesto. (“La vida es asín” como me dijo un día el barrendero mientras llovía a mares). Un apotegma en sí. Con mucho trabajo puede que no triunfes pero todos los que triunfan han puesto mucho trabajo en sus empresas.
A veces te chocas con algún caso asilado, que rompen con la norma. Los cuales rebosan talento y no piensan en el trabajo. Son los que más frustran a los entrenadores, los que se quedan siempre a mitad. Jugadores esbafados, chicos de fogueo. Que empiezan la temporada contando los días que faltan para que llegue el verano. Que los miras y te dan ganas de salir corriendo a un hospital a por sangre y hacerles una transfusión. Esos, son contados. La mayoría de la gente que está arriba tiene que empezar los días como si estuviese al principio.
El principio es ilusión, desconocimiento, trabajo. Es complicado empezar a pedalear, pero una vez que coges velocidad…es cuando te la puedes “toñar”. Por que esa es otra, quien inicia algo, corre riesgos. Pero una vida sin riesgo es como Scariolo sin gomina. Le falta algo.
Recuerdo el primer partido que vi de Juan Carlos Navarro. Tenía 17 años, él, escueto, vivaz, poca cosa. Nada más salir pensé con mirada de Raphel, este no dura dos asaltos. Corría el año 97 y corría Navarro como un cohete para cortar el primer balón que pudo. Y Pedro Barthe clamaba:
- ¡“La bomba”!la corta, ¡¡la bomba!! dribla, ¡¡¡la bomba!!!! penetra…
Y a la bomba le metieron un gorro que tuvieron que ir a buscar el balón a la tienda de palomitas. Yo pensé, “mira ya sabemos por que le llaman “la bomba”. Después de eso “La bomba” creció, gano unas cuantas Ligas, alguna Copa del Rey, medallas en la Selección, fue a eso de la “enebea”. Pero eso es otra historia que no interesa.
Nadie te preguntará cuanto has trabajado para llegar arriba. Y aun hay gente que cuando “Chonky” mete una “bomba” dicen:
- ¡¡¡¡¡Qué suerte!!!!!
Y el sonríe. Y si te fijas bien, su sonrisa parece un poker se ases.



