Sergio, raja y jugarás - por Pat Garrity
Miles de españoles viajan cada año a Estados Unidos a ver a nuestros jugadores en la NBA
Llevo un tiempo dándome cuenta de que mucha de la gente que trabaja en clubes profesionales de baloncesto son de todo menos eso, profesionales. Muchas veces escucho opiniones o veo decisiones que toman que me hacen pensar que el basket español está en manos de aficionados que toman determinaciones de muchos miles de euros con unos criterios cuando menos sospechosos.
Es tiempo pasado cuando el Pamesa estaba en manos de un señor llegado desde un horno de pan, aunque, visto lo visto, ahora tampoco está en mejores manos. Gente sin pedigrí como Luis Guil es capaz de, simplemente después de un año siguiendo la LEB intensamente, armar un equipo competitivo con dos duros. Y, por ejemplo, firmar cuatro años a Brad Oleson, que cobra muy poco y puede ser español en breve. ¿Es bueno Luis? Sí, lo es, pero destaca porque los otros son muy malos.
“Cuando un equipo grande ficha, prefiere pegársela con el MVP de la Copa ULEB que con el de la LEB. Por eso ficha caro. Si el de la LEB sale malo, todos dirán: ‘Claro, es que a quién se le ocurre’. Si el de la ULEB sale rana, tiene coartada”, me decía el otro día alguien bien informado. Ahí quizá tengan la clave del asunto.
Pero a lo que iba, Sergio Rodríguez. Su agente español raja y pide el traspaso, el chico dice a la prensa lo que ya había dicho en privado 100 veces, y pasa de jugar nueve a 19 minutos. El entrenador, con sus santos cojones, dice que la rajada y posteriores reuniones con el jugador no ha tenido nada que ver con que juegue más del doble. Que Sergio ha jugado mejor y ya está.
¿De verdad es eso profesional? ¿Es lógico que una franquicia de cientos de millones de dólares se rija por cosas así? ¿Tiene sentido lo que está pasando? Sobre todo, porque desde que Sergio ha estabilizado su papel en el equipo, los Blazers son virtualmente invencibles.
La gente que ve desde fuera el basket pensará que todo lo que pasa en un club tiene un proceso pensado, tomado por gente competente y muy motivado. A veces no. En lo de Sergio, sinceramente creo que Paul Allen, propietario y fan de Sergio, levantó el teléfono para ver qué pasaba con su chico, que por qué estaba disgustado, y que no quería volver a saber del asunto. Y jugó más. Tanto, que después de la bronca de McMillan y Pritchard al español después de las declaraciones le dijeron que al día siguiente, contra Minnesota, no iba a jugar. Estaba castigado. Pero jugó. Quizá Allen descolgó el teléfono en ese ínterin y todos se pusieron firmes.


