Donde sucede lo asombroso - por Pat Garrity

Where amazing happens, de corazón

La NBA nos lo ha enseñado todo en cuanto a mezclar basket, música y hacernos vibrar. Recuerdo campañas memorables, como aquellas de “I Love This Game” con las imágenes en cámara lenta de Reggie Miller metiendo un triple en el Madison con Spike Lee en la grada o las imágenes de un Jordan deshidratado en las finales contra Utah. Cuando era muy pequeño, me acuerdo de aquellos vídeos que decían algo así como “The NBA is Fantastic!”, en las que se mezclaban aficionados con grandes jugadas, o los musicales con “Jam” de Michael Jackson u otras muchas canciones.

 

Sin embargo, esta de “Where amazing happens” es, quizá, la mejor de la historia. Es alucinante cómo se puede vender tanta sensibilidad, como se puede conseguir encerrar todo lo bonito de la NBA, en imágenes estáticas, mensajes simples y una bella canción.

 

“Everyday”, de la neoyorquina Carly Comando, es de esas canciones que te atrapan en su propia monotonía, haciendo de la repetición la esencia de la belleza. Pero, sobre todo, es una melodía que trasmite paz y épica a la vez. Te llena y te atrapa.

 

Es evidente que el baloncesto es el deporte más estético que existe. En la NBA, la estética de la imagen se sublima. Los uniformes brillan, las luces alumbran lo justo, los flashes electrónicos están milimétricamente colocados. Los fotógrafos son cuasi millonarios, casi estrellas. En una imagen lo recogen todo. Las estampas de esta campaña son impresionantes.

 

El mensaje “Where … happens” recoge lo bueno del inglés como idioma: la capacidad de expresar mucho en tres palabras. En unas pocas letras sabes que en la NBA es donde ocurren las cosas más maravillosas. Y te lo crees.

 

¿Por qué en la NBA son los mejores? Porque quien sea que haya inventado esta campaña sabe fusionar la sensibilidad de una melodía, el impacto de una imagen que la propia Liga cuida hasta el extremo y la concreción de la palabra para decir mucho. Un master de comunicación y sensibilidad. El día que en la ACB “hagamos” una campaña como ésta, algo amazing habrá happened.

Historias pequeñas que se hacen grandes - por Pat Garrity

El Milagro de Richfield

Dentro de un mes se cumplirán 32 años del ‘Milagro de Richfield’. El acontecimiento supone la conmemoración de uno de los días más gloriosos de la historia de la ciudad de Cleveland. Y es que antes de ese mes de abril de 1976, los Cavaliers jamás habían soñado siquiera con dejar de ser una franquicia perdedora. Eran los peores y la cuidad lo sabía. No había nada de lo que estar orgulloso. Pero hete aquí que Nate Thurmond, nativo de Cleveland y ya en el ocaso de su carrera con 35 años, se sumó al equipo en la cloaca y lo subió al estrellato. Los Cavs acabaron la temporada 75-76 un récord de 49-33, y ganaron el título de la División Central.

 

El ‘Milagro de Richfield’ (la zona de la ciudad en la que se ubicaba el Coliseum, la vieja cancha de los Cavs) consiste simple y llanamente en una semifinal de Conferencia, culminada en el sexto partido, en la que los Cavs ganaron sus partidos muy apretados a los todopoderosos Washington Bullets de Wes Unseld y terminaron pasando a la Final de Conferencia, donde cayeron contra los Celtics. Despojando a la historia de todo artificio, tampoco es para tanto. Pues bien, en la mente de todo el que haya podido ver una imagen de la canasta de está la voz de Joe Tait, el narrador, poniéndole la verdadera pasión con su voz a lo que significaba ese momento. Subrayando qué significaba para toda una ciudad lo que ocurría en ese parqué. Colocando el instante en la historia, ubicándolo para siempre en el subconsciente de todo el que le escuchaba. Mirad el primer vídeo.

 

El segundo vídeo (clickar aquí para verlo) es otro gran momento del baloncesto. Lo conocéis de sobra y sabéis lo que representa: cómo ocurrió, en qué momento, quién era el protagonista… Todos coincidiríamos en que lo que pasa en esas imágenes encierra mucha más magia que el ‘Milagro de Richfield’. Pero gracias al narrador, nadie tiene memoria sonora de lo que allí pasó. Sabríamos reconocer con los ojos cerrados qué pasaje evoca el ‘Barrilete Cósmico’ y el ‘Gol de Señor’, pero no esa canasta. Hay historias grandes que un mal narrador hace pequeñas e historias pequeñas que un buen narrador hace grandes. Para mí, la narración del segundo vídeo es la mayor infamia que un narrador ha hecho jamás al baloncesto. Que cada cual saque sus conclusiones.

Un jugador de raza - por Pat Garrity

Where Farrakhan plays

Una marea de hombres negros escuchaba el enfervorecido discurso de Louis Farrakhan. Todo ocurría en Washington, el 16 de octubre de 1995. La “Marcha del Millón de Hombres”, convocada por el líder de la Nación del Islam, había sido un éxito. El sermón se adentró en un curioso terreno: “(…) [Los hombres blancos] Decís: “Ese negro corre mucho. Veamos cuánto salta”. Así que le dais una beca para vuestra universidad. Pero a los negros que están allí, que juegan al baloncesto para vosotros, que juegan al football para vosotros, que corren para vosotros, no les permitís que se relacionen con los otros estudiantes negros ni sepan de su sufrimiento en vuestros campus. Los escondéis dándoles privilegios. Luego quedan con vuestras hijas. Y los lleváis a la NFL o a la NBA y se convierten en megaestrellas. (…) Y ahí no pueden tener un entrenador negro, o un agente negro, o un contable negro. Van a fiestas y a barrios pijos donde el resto de negros no puede pisar. Así que su círculo social se ciñe a hombres y mujeres blancos, y ya los habéis asimilado. Ya tienen mentalidad de esclavos (…), y no pueden hablar de política ni de los problemas sociales”.

 

Lo que todavía no sabía Louis Farrakhan es que, 12 años después, su nieto Mustapha ingresaría en la Universidad de Virginia con una de esas becas para jugar al baloncesto.

 

Mustapha es el nieto del líder supremo de la Nación del Islam, la organización de musulmanes negros que llevó a un millón de hombres a Washington en 1995 (como relata la peli “Get on the Bus”, de Spike Lee) y que desata todo tipo de controversias por su radicalismo y su velada (y no tan velada) incitación al racismo contra el blanco. El abuelo Louis apenas sigue la carrera del chico (“sólo me dice que sea un líder y un hombre humilde”) y el padre Mustapha, uno de los líderes de la Nación del Islam, va a todos los partidos que puede rodeado de varios guardaespaldas. En un mundo como el basket colegial, en el que los fans son estudiantes que conocen mejor o peor la trayectoria del abuelo de los Farrakhan, ir por diferentes universidades genera una presión extra al joven jugador. “Allá donde voy escucho murmullos que dicen: ‘Es el nieto de Louis Farrakhan’. No me molesta”, reconoce el chico. Como jugador de instituto explotó en un campus veraniego organizado por Michael Jordan, pero sin embargo fue entrevistado el triple que el resto de jugadores de su nivel. Una expectación, es evidente, mucho mayor de la que podría generar otro freshman de la Universidad de Virginia que apenas juega seis minutos y suma un punto por partido.

 

El peso de un apellido es grande si resuena en el disco duro baloncestístico de quienes te escrutan. Lo saben los hijos de los más grandes. Pero si tu apellido despierta todo tipo de sensaciones enfrentadas, si incluso divide a un país que durante siglos ha hecho de las tensiones raciales el centro de su día a día, conseguir salir adelante ante las miradas de todos es una heroicidad. La que afronta cada día Mustapha Farrakhan.

El ritmo de Abdul-Rauf - por Pat Garrity

También se atrevió con Dios...

 

Oliver Sacks, un neurólgo que escribe maravillosos libros sobre casos clínicos impensables de todo tipo de enfermedades del cerebro, habla en “Un Antropólogo en Marte” de un caso espectacular de enfermo de Síndrome de Tourette: un cirujano. Para quien no lo sepa, esta enfermedad provoca en quien la padece “movimientos y sonidos vocales (fónicos) involuntarios y repetidos que se llaman tics. En algunos casos, tales tics incluyen palabras y frases inapropiadas”, como lo define la Biblia de nuestro tiempo, la Wikipedia. En la práctica, tal y como lo cuenta Sacks, un enfermo de Tourette puede tener tics tan descomunales que le lleven a golpear al interlocutor de enfrente o, como en el caso del cirujano, a lanzar sin querer hacerlo cuchillos contra la nevera. O a dar volantazos mientras conduce (si es que llega a hacerlo alguna vez) y salirse de la carretera. O a golpear tantas veces las paredes de su casa que las tiene llenas de agujeros. En lo verbal, a insultar a quien tiene enfrente a gritos, o a soltar tacos o gritos en los momentos más oportunos.

 

Hubo un jugador, de nombre Chris Jackson en su faceta de leyenda universitaria (en Louisiana State) y parte de su carrera NBA, y de nombre Mahmoud Abdul-Rauf en mi recuerdo, que padecía Tourette. Un caso único en la historia del deporte. Algo extraordinario, como el paciente de Sacks que era capaz de operar con pulso firme conteniendo sus tics, pero visible para millones de personas por televisión.

 

Contaba Mike Hansen, compañero suyo en la universidad y creo recordar que de habitación, lo alucinante que era convivir con un tipo con esa enfermedad. Sus tics eran inenarrables, y las situaciones que generaba su enfermedad difícilmente asumibles para quienes le rodean. Decían que Abdul-Rauf tenía pocos amigos porque se hacía difícil penetrar en lo que sufría. Una coraza de tics y voces que le hacía vivir aparte.

 

Su conversión al Islam le llevó a negarse a escuchar de pie el himno de los Estados Unidos primero, y a rezar cuando sonaba después. Era 1996 y Abdul-Rauf, el tipo de los tics raros, pasaba a convertirse en un enemigo. Hablaba con palabras que nadie podría imaginar en un deportista: opresión refiriéndose a los Estados Unidos; rebeldía definiendo su alma. Ya no era el ejemplo de hombre que supera una enfermedad y llega al estrellato. Era un apestado que tuvo que salir por patas de la NBA, entre sanciones de la Liga y amenazas que lo retiraron del baloncesto. Peregrinó por Europa (una breve experiencia en Turquía, unos años buenos en Rusia e Italia, unos partidos con altos y bajos en Grecia), incluso volvió brevemente a la NBA. Ahora juega en Arabia Saudí, en un equipo llamado Al Ittihad, en el que será un capítulo glorioso de esa biografía que escribirá y que devoraré. Además, es el imán de la mezquita de Gulfport (Mississippi), en el Deep South en el que nació y creció, un edificio que él mismo creó en el lugar donde antes se vendía crack. Quizá, bordeando la cuarentena, haya encontrado su lugar en el mundo.

 

Abdul-Rauf vivió siempre a contracorriente. Luchó contra el Tourette, contra los que no respetaron sus profundas creencias, contra los que lo persiguieron y lo amenazaron. Quizá haya gente que crea que perdió la batalla con su exilio y la abrupta finalización de una carrera NBA modélica, pero puede que no sea así. Quizá hoy sonría pensando que ha ganado.

 

Oliver Sacks habla en su libro de que la capacidad de algunos enfermos de Tourette de hacer grandes cosas en lo físico es una cuestión de ritmo. De entrar en un bucle rítmico en el que todo cuadra, en el que el movimiento fluye, en el que los tics se van y su cuerpo se convierte en una melodía. Quizá la vida de Abdul-Rauf haya sido un constante buscar el ritmo adecuado. Después de mucho sufrir y dar que hablar, la canción cuadra.

 

P.D.: En el baloncesto, Abdul-Rauf fue muchas cosas. Jugador Más Mejorado, líder en % de tiros libres un par de años, uno de los grandes anotadores de su tiempo. Pero este blog no va de eso, así que lo buscáis en Internet, que para eso está. Pero si sois jovencillos igual no lo habéis visto jugar: aquí lo tenéis. Enfrente, uno de rojo con el 23 a la espalda. Sobre todo, fijaos en los tiempos muertos entre canasta y canasta: veréis un hombre consumido por los tics - la patada al suelo, el giro de cuello - que era tan bueno que casi no te dabas cuenta.

 

 

Yo... Pat Garrity

Contar lo que no te cuenten, hablar de quien no te hablen y mirar donde los demás no miren. El periodismo y el baloncesto como excusa más que como fin. Éste es mi blog, el que nace el año en que Él dejó de jugar y se puso corbata. Aliviaré mi luto escribiendo.

Últimos comentarios...

  • Celi

    Por qué todo el mundo se mete con su corte de pelo?? A mí me encanta, creo que es "futurista" y marca estilo... Pero el paso del tiempo no perdona, y la edad tampoco... Saludos desde Dublín

  • Marta

    Magnifico articulo!!! La verdad es que yo comparto la opinion de Pat, no entiendo que el gran Lucio se encuentre en LEB (lo d la situacion de la temporada pasada tampoco)... con lo unico q mantengo discrepancias es en el equipo de ascenso a ACB, esta claro q mi Lucentum es claro aspirante a esa plaza. Saludos!!!

  • Lucio

    Que pasa Pat. Cuando me dé el bajón metafísico leeré este articulo para subirme...el ego. Espero que tu "gafismo" me afecte solo a mi (y tenga fecha de caducidad) y no al Caceres 2016. Lo del paro es un capitulo que merece un articulo... Saludos Garrity

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