Partidos vs partos - por Lucas Victoriano

La generación dorada

El ejemplo más reciente viene desde Liverpool, pero podría haber tenido lugar en Moscú, Melilla o en cualquier ciudad del mundo que por suerte disfrute de un deporte profesional en casa.

 

Las acusaciones de falta de profesionalidad hacia el jugador de fútbol, Xabi Alonso, por preferir quedarse con su mujer, a punto de parir, a viajar con su equipo al extranjero para jugar un partido de Champions, han sido el detonante final y definitivo de nuestras alarmas más sensibles. Las de todos aquellos deportistas profesionales que pensamos que no tenemos ningún derecho sobre nada, por ser jóvenes y estar bien pagados.

 

Mucha gente cree que en nuestro contrato vienen todas las obligaciones y ningún derecho. Los que pagan por vernos tal vez tengan parte de razón, pero no comparto que esas obligaciones se lleven al extremo de no permitir a un jugador asistir a uno de los acontecimientos más hermosos de la vida de un ser humano, como es vivir en persona el nacimiento de un hijo.

 

Y por supuesto no es la primera vez que ocurre. Se ha llegado a dar el caso de un jugador multado por su club, por preferir acompañar a su mujer el día más importante de la pareja y en un momento inaplazable, en lugar de ir a jugar un partido. En el trasfondo aparecen las duras críticas de la prensa y los aficionados que no comprenden cómo “un profesional” puede faltar a un partido.

 

Menos mal que siempre los hay valientes (aunque que no son más que sensatos despojados del miedo…), que prefieren soportar las críticas por defender sus convicciones. Yo brindo por ello. Sin embargo me pregunto a la vez si no nos estaremos pasando con este verso de que los partidos son una guerra o de que ganar está por encima de todo y de todos. A mí me gusta ganar; a todos los que yo conozco les gusta ganar, pero comparar una victoria, por muy importante que sea, con ver nacer a un hijo (y yo todavía no tenido ese placer…), es irracional.

 

Recapacitemos, por favor, con este tema que da para muchos pensamientos. Sería bueno conocer cómo piensan los aficionados (os animo a ello en este humilde blog…), pero desde mi óptica del jugador, estoy más que convencido de que si alguna vez me viera en el caso de Xabi Alonso, de Pablo Prigioni o del “Ogro” Kambala, elegiría sin dudarlo (si Dios así lo quiere…), ver nacer a mi hijo.

 

Dicho lo cual, espero la comprensión de los exigentes forofos, aquellos que creen que los colores lo son todo. Porque si pedimos a un tipo que no asista al nacimiento de su hijo, indirectamente le estamos pidiendo que deje de lado sus sentimientos… y sin sentimientos, ¿cómo puedes defender tu camiseta?, ¿cómo puedes sentir una derrota?, ¿cómo puedes lograr identificarte con tu equipo y así quedarte al año siguiente en lugar de irte adonde te den un euro más?

 

A un jugador profesional le estamos pidiendo fidelidad a los colores y esa fidelidad nace, precisamente, de los sentimientos de cada uno, ni siquiera del contrato, ni de ninguna frase demagógica por muy contundente que ésta sea. Los jugadores, por más o menos millones que ganemos, somos primero seres humanos. Que se nos tenga mal conceptuados o que se nos envidie muchas veces, no significa que debamos perder el norte pidiendo, o comparando, partidos por partos.

 

La pelota justiciera - por Lucas Victoriano

El final más increíble de la historia de la ACB

 

Los amantes del baloncesto llevamos grabados en nuestros archivos vitales muchas canastas que nos hicieron felices y también otras tantas que nos empujaron a la desilusión. Partidos y campeonatos ganados o periodos en función de que la grandiosa fortuna decidiera escupir o aspirar la naranja más hermosa de todas. En mi memoria ocupa un lugar de honor el balón más inteligente, aquel que jugó la final de liga más recordada de siempre…

 

Cuando la temporada estaba siendo injusta y dura con él, con su historia, con su talento; y cuando muchos se iban a quedar con una imagen equivocada de lo que es, fue y será este grandioso jugador, la pelota no quiso equivocarse.

 

Cuando el entrenador, viendo que su barco naufragaba, que su titulo no sé cuántos peligraba, que la angustia se entrometía en el corazón de los blancos, apareció esa  figura delgada y atlética con calva marca de la casa, ojeras inconfundibles y madera de líder silencioso; con el 11 en el lomo y con la muñeca récord de triples de la historia de la competición… Ese envidiable palmarés.

 

Faltaba poco tiempo; “su” equipo perdía la final. Nada más entrar a la cancha un traicionero primer plano de televisión enseñó su cara de desilusión, su enfado, su impotencia… la temporada y toda la carrera representadas por esos expresivos gestos. Lloré delante del televisor: no era justo ver así a un  grande, a un genio, a un ídolo… Pero el tipo siguió para adelante mientras los segundos arruinaban el sueño de la gran familia madridista.

 

Entonces apareció desde la esquina como un ángel  blanco. La inteligente pelota quiso pasar una vez más por las manos de quien la hizo pasar por el aro noche tras noche. Las manos de ese madrileño que nunca quiso moverse de la capital española; las de quien se negó a estudiar cualquier tentadora oferta para trasladar  su aérea canaleta imaginaria desde su brazo hasta la redes de la millonaria NBA. Los gajos de la pelota rodaban una vez más a la vista de los afortunados aficionados que pudieron vivir aquellos interminable momentos en vivo y en directo. La pelota ya conocía su destino, esos mails que el mítico Cervatillo enviaba sí o sí al tablero electrónico… ¡Yo saltaba! Y muchos a mi lado. Los que habíamos tenido la suerte de conocerle nos reconocíamos gozosos, ayudando a que “el protagonista” subiera al cielo soñado, a que lo tocara con las dos manos. De nuevo las manos. Siempre las mismas manos que luego recibirían ese trofeo nunca tan justo y justificado.

 

De los muchos que ganó el Madrid, éste era más suyo que ninguno, la casa blanca española se lo debía, el básquet mundial se lo debía, la vida se lo debía… el destino se lo debía. Y todavía hoy creo que se lo seguimos debiendo. Una retirada más gloriosa no va a tener nunca. Porque todo deportista sueña retirarse así. Sin embargo yo creo que aún queda un triple por meter, tal vez bajo la atenta mirada de sus inseparables seres queridos, de sus viejos amigos, de los viejos compañeros, de los viejos rivales… de todos aquellos que nos sentimos orgullosos de haber compartido algún partido con el querido “Pelau“.

 

Por eso propongo una despedida en cancha, vestido con el traje que te hizo inmortal, con tus hijos en tu equipo y con millones de pelotas deseando la mejor de las suertes: ser la elegida para que ÉL la tire al aro.

 

Yo... Lucas Victoriano

Hola a todos aquellos que estén leyendo al servidor. Cada semana intentaré ponerle onda al espacio y así intercambiar ideas y experiencias que desde los 5 años vivo al lado de la pelota, Soy Lucas Victoriano. Tucumano de nacimiento, argentino de corazón y enamorado de España, mi segunda casa. Cuando me pidieron escribir unas líneas en esta pagina no lo dudé. Me gusta leer y exponer mis ideas, pero sobre todo aprender de los demás. Acá lo que yo puedo aportar es todo aquello que fui recogiendo a través de los años de profesional: en Argentina, en Italia y en las distintas ligas españolas en las que todavía tengo la fortuna de jugar.

Últimos comentarios...

  • XAVI

    QUERIDO IDOLO SOS 1 DE ESOS GRANDES Q POR MAS Q QUIERAN NO PASAN DESAPERCIBIDOS JA. BUENO MI HISTORIA ES Q SOY FANATICO DE BASQUET SOY DE SANTA FE Y HUBO VECES Q PARTICIPE DE ALGUNA LIGA DE ACA JA. EN FIN DEJE DE JUGAR Y ME DEDIQUE A OTROS AMORES COMO LA EDUC. FISICA Y LA MUSICA. BUE NO C A Q VIENE ESTO SEGURO Q SENTI NOSTALGIA DE 1 JUGADOR COMO VOS Q ME HIZO VER EL BASQUET DE OTRA MANERA CON LOS OJOS DE JUGAR PARA DIVERTIRSE. QUERIA Q LO SEPAS. DESDE ARGENTINA - SANTA FE T DEJO 1 ABRASO ENORME. NO CAMBIES XAVI FAVRE 5..

  • Caro

    Hola lucas...me encanto lo ke escribiste!!!!!

  • silvega71

    Lucas, me gustó mucho lo que escribis en la página de Manu. Hacía mucho que no tenía noticias Tuyas. Mucha Suerte! Silvia Vega (Planillera Olimpia) Venado Tuerto - Santa Fe - Argentina

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