Deja que los niños ayuden en casa...

Que útil es el diálogo. Recuerdo hace tiempo cuando mi madre nos decía: “Haced el favor de recoger la habitación”. Y nosotros, mi hermano Sergio y yo recogíamos la habitación. Y eso lo hacíamos independientemente de que nos dijera esas tiernas palabras con la zapatilla de andar por casa en “ristre”.

 

Amén si nos decía: “¿Aún está así el cuarto? Cuando venga vuestro padre…”.

 

Y se nos pasaba el tiempo jugando a baloncesto con un par de calcetines enrollados. La canasta era una rendija de unos 10 cm. encima de la cama plegable. El bote del balón lo simulábamos moviendo rítmicamente la mano arriba y abajo con el par de calcetines. Curiosamente en esos partidos no se perdían muchos balones... sí algún que otro calcetín.  En estas se oía la puerta cerrar con la energía que sólo un padre la cierra. Y ríete tú de “La Mary Poppins” de cómo recogíamos el cuarto.

 

Ahora se utiliza más la “pichicología” y para el mismo fin se utilizan frases como: “Vamos a jugar a recoger”.

 

¿Utilizar un pseudo-engaño no es peor que una simpática alpargata? ¿O se considera mentira piadosa…?

 

Recuerdo con nostalgia una de tantas veces, cuando en medio de una de nuestras muchas finales que jugábamos, (creo recordar que todo eran finales) golpeamos un cuadro y, como en un video de Michael Jordan donde las acciones finales se ralentizan, mirábamos a cámara lenta caer el cuadro.

- N o o o o o o o o… - ralentizado.

 

Y en ese mismo momento, todavía petrificados y sin tiempo a reaccionar. ¡Pam! La puerta.

- ¡¡Papá!!

 

Ese sudor que se te congela en la frente, ese intento de tragar saliva infructuoso, esa mirada de base que va a recibir un bloqueo mortal de Ken Bannister en medio campoLuego todo era menos de lo que nuestras incipientes mentes auguraban.

 

Finalmente, casi se convirtió en una rutina e íbamos viendo como poco a poco el decorado de nuestra habitación iba mermando y mi madre no se esforzaba por reponerlo dada nuestra buena puntería para la porcelana más fina. Qué miedo cuando íbamos a algún comercio y nos poníamos a jugar con nuestro natural salvajismo al lado de las figuritas de Lladró. Qué risión.

 

Los niños son niños, y las tropelías se deben de hacer a la edad que se deben de hacer. Por eso animo a todos los niños que lean este artículo que corran, que salten, que se manchen, que rompan…

 

Qué labor estoy haciendo… cómo me lo van a agradecer sus padres…