Felipe Reyes representa como nadie el carácter de la Selección

Crítica y España, dos conceptos muy unidos. La Selección gana: es alabada; la Selección pierde, es lapidada. Eso no es crítica, es “resultadismo”.

 

Si la Selección Española juega bien debe ser ensalzada; si la Selección juega mal debe analizarse por qué juega mal. Eso sí es crítica.

 

El deportista (como cualquier otro profesional) critica la crítica y muchas veces la confunde con desconocimiento, envidia o manía. Criticar el trabajo de una persona no significa criticar a una persona. La persona es una y su desempeño, otro.

 

Esto viene a colación de la trayectoria de la Selección Española en el Eurobasket. España empezó muy por debajo del nivel al que nos tiene acostumbrados. La prensa fue crítica y el aficionado (por lo que he averiguado en España) mucho más crítico todavía.

 

La Selección ha mejorado su juego de cabo a rabo, que ahora le permite, primero competir, luego ganar y por último deslumbrar como en el inolvidable Mundial de Japón 2006.

 

La prensa es igual de crítica que cuando no jugaba bien, pero ahora en el sentido opuesto, argumentando los porqués de la mejoría. No es ventajismo, es la vida misma bien entendida.

 

Una corriente extendida entre los criticados (en cualquier ámbito público) es la de pedir que la valoración de su labor se haga al final. En el deporte profesional, sólo al término de la competición.

 

No me parece mala idea, pero entonces sólo hablaríamos del Eurobasket dos días, sólo publicaríamos dos noticias: una antes de comenzar, a modo de previa, y otra vez terminado todo... Es exagerado, sí, pero muy gráfico.

 

Esta España ha empezado peor que nunca y va camino de acabar mejor que nunca. Lo primero es un hecho irrefutable y lo segundo un deseo con base experimental, más allá de lo que pase de aquí al domingo.

 

Cubrir un campeonato de esta magnitud in situ te aísla de la opinión pública española, pero te permite captar intangibles inequívocos entre jugadores, entrenadores, directivos y periodistas: la Selección estuvo en la lona durante la primera fase y parte de la segunda, pero se ha levantado cual boxeador orgulloso en busca de la gloria. Las caras de todos (entre los que me incluyo) cuando estábamos groguis eran para verlas... igual de tristes entonces que esperanzadas ahora...

 

La reacción de España es un signo de madurez y de fortaleza mental que añade todavía más quilates a la mejor Selección de nuestra historia. Y no sólo del baloncesto.