"The Sampson Gate". Un no que cambió la historia - por J.F. Escudero
Ralph Sampson, un escolta de 2.24 m., que llegó a jugar en el Unicaja de Málaga en el ocaso de su carrera
No hay que alarmarse, no se trata de ningún escándalo de escuchas ilegales, ni de tráfico fraudulento de armas o drogas, esta historia tiene un trasfondo mucho más liviano, aunque de una gran importancia en la forma en que su desenlace cambió la historia reciente de la NBA. Vayamos al grano.
Nos situamos en la primavera de 1980. Los Detroit Pistons y los Utah Jazz, merced a sus pésimas campañas, han acabado con los dos peores registros de la competición. Según el modelo de aquella época, ambos se juegan a cara y cruz quien accede el número 1 del draft y quien al segundo. Los Boston Celtics están muy atentos a la jugada ya que merced al traspaso el año anterior de Bob McAdoo a Detroit, las dos primeras elecciones de los Pistons son en realidad suyas. La fortuna se alía del lado de los verdes de Massachussets al serle otorgado el número 1 del draft, y también el número 13. La posibilidad de reforzar aún más al equipo del novato Larry Bird y optar seriamente al título es más que real, Red Auerbach en seguida se pone manos a la obra.
Mucho se ha hablado de aquella maniobra, de cómo cambió la faz de la NBA. Los Celtics intercambiarían sus primeras rondas (1 y 13) por el número 3 del draft, propiedad de los Golden State Warriors, y por un buen pívot que por entonces ya había disputado 4 años en la Liga, pero que sentía que su lugar estaba lejos de la soleada California y de una franquicia a la deriva. Dicho y hecho, Robert Parish hacía las maletas y partía rumbo a Boston, como también lo hacía un prometedor ala-pívot de largos brazos y buenos movimientos al poste llamado Kevin McHale, seleccionado en el número 3 de aquel draft. Mientras, Joe Barry Carroll, el objeto de deseo de los Warriors, marchaba para San Francisco.
Con el tiempo, el famoso Big Three toma cuerpo y se convierte en el trío interior más afamado y exitoso de la historia de la NBA. Pero, de la misma manera que los descubrimientos científicos más importantes a menudo son producto del azar o de un accidente imprevisto, la maniobra de creación del Big Three en realidad también lo fue. Red Auerbach a quien realmente quería para el número 1 era a un altísimo center de Virginia llamado Ralph Sampson, entonces solo en su primer año colegial, pero con un futuro esplendoroso. Hacía poco que Virginia había machacado a los Gophers de Minnessota (con McHale a la cabeza) en la final del N.I.T., y los pensamientos de Auerbach estaban más que diáfanos, Ralph era el hombre, incluso aunque hubiera tenido que esperar un año, como ya hizo con Larry Bird tiempo atrás.
Auerbach y Jan Volk, a la sazón General Manager de los Celtics, se presentaron a una reunión en casa de los padres de Sampson, pero Ralph ni siquiera apareció a la misma, y como un San Pedro moderno, hasta por tres veces negó al gurú céltico su intención de moverse de allí. Red, poco acostumbrado a las negativas, montó en cólera despotricando públicamente contra el entorno de Sampson y acusándolo de estar muy mal aconsejado, y más tarde giró sus ojos, junto con el entrenador Bill Fitch, hacía la posibilidad de McHale.
Nadie sabe qué habría pasado si Ralph hubiese dicho sí, seguramente los Celtics, dado su historial de lesiones y desgracias, no habrían ganado ningún anillo en los 80, es difícil de aventurar. Ahora, no descartaría la posibilidad de que Red, echando mano de algún druida celta, hubiese descargado una maldición sobre los débiles hombros de aquel jugador que se quedó en menos de la mitad de lo que prometía.
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