Chechu Biriukov: seguro que cuando jugaba no decía tantos tacos...

Por los nombres, podrían ser un par de superhéroes patrios del cómic, un ente bicéfalo de simpáticos detectives. “Chechu y Siro, no fallamos un tiro”, podría se su eslogan. Pero no. Son comentaristas televisivos (de la Euroliga en Telemadrid), hiperbólicos, forofos, divertidos para muchos (para mí) e insoportables para otros. En cualquier caso, venden el muñeco, que diría el maestro Montes. Y eso, en estos tiempos de depresión baloncestística (también) vale un potosí.

 

Algunas verdades sobre la pareja:

Chechu habla un castellano regulero. Después de 20 años viviendo, es verdaderamente meritorio parecer tan ruso. De todas maneras, es más fácil decir su primer apellido, rudo, que el segundo, español. Eso ha sido así de toda la vida.

 

De Chechu sorprende lo poco que parece, a veces, que sabe del puro juego. Entiendo que el baloncesto ha evolucionado mucho desde que él jugaba, pero ¿tanto como para que le falte tanta capacidad de análisis técnico? Su comentario “lo importante es que hemos ganado”, cuando Siro le preguntó por el análisis del partido en la cancha de Maccabi es ciertamente histórico.

 

No son una pareja narrador-comentarista. No interactúan, no se dan espacios ni pasos. Siro narra y Chechu cuela algún comentario, onomatopeya o protesta en medio, por encima.

 

Siro raramente escucha a Chechu. Sigue a lo suyo, como el abuelo que te está contando algo y, cuando tú metes baza, continúa como si nada.

 

Chechu siempre da la razón a Siro. Si Siro dice “el Madrid está atacando bien”, Chechu dirá que sí. Si Siro dice “el rosa y el rojo combinan de maravilla", Chechu dirá que sí. Imagino un diálogo tipo: “Tengo entendido que el sacrificio de un niño mirando a La Meca hará que el Madrid gane”. Chechu no sólo no rebatirá el comentario, sino que le dará a Siro el teléfono de alguno de sus sobrinos. Todo porque “ganemos”.

 

Para Chechu, el Madrid nunca hace falta. A no ser, claro, que Siro diga que es falta.

 

Si Chechu grita “¡No!” en un triple del rival del Madrid, hay un alto porcentaje de posibilidades de que el balón entre. Eso es así.

 

Dicho todo esto, soy fan de esta pareja. Sin ironías. Venden pasión por el basket, que es más de lo que hacen muchos otros eruditos. Aun así, todas las noches rezo a San Nacho Azofra para que alguien reúna otra vez a Montes y Daimiel.