LeBron, como loco por la victoria de Obama. ¿Conciencia o esnobismo?

Tenemos la suerte de que el baloncesto ha sido, de siempre, un elemento integrador de blancos y negros. Desde que los Miners de la Universidad Texas Western ganaran la NCAA con su quinteto íntegramente negro en el corazón de uno de los estados más racistas de la Unión, el basket ha sido un elemento de unión más que de segregación, aunque, como en todos los estamentos de la vida estadounidense, el racismo existe y es evidente.

 

Así que el hecho de que jugadores afroamericanos se hayan movilizado a favor de un candidato que ha resultado ser el que ha ganado tiene un simbolismo muy fuerte. Que un señor blanco de Ohio haya escuchado a Chris Paul pidiendo el voto, o haya asentido cuando veía a Chauncey Billups arengando a las masas, o se haya emocionado viendo la decidida defensa de LeBron James de Obama es algo muy grande. En un país en el que el quinteto que puso Don Haskins en aquella final de la NCAA del 66 debía cederle el asiento en un autobús a un blanco, aunque fuera un maleante del Ku Klux Klan, es muy importante que gobierne un tipo de raza negra.

 

Quedémonos con el simbolismo. Porque la realidad es que LeBron James no sabe nada de nada, y posiblemente haya apoyado a Obama porque es cool y negro y juega al baloncesto. Probablemente no sepa nada (o no se querrá enterar) de cómo las marcas que lo patrocinan seguirán haciendo negocios sucios con él de presidente, y para el tercer mundo al que explotan no habrá “Yes, we can”. Igual que fue, junto con Damon Jones (patrocinado por la marca china Li Ning), el único jugador de los Cavaliers que se negó a firmar una propuesta de Ira Newble para pedirle a China que dejase de vender armas a Darfur (donde negros como LeBron y Obama se arrasaban unos a otros provocando más dolor del que en su vida sentirá el jugador de los Cavaliers; eso sí, aquellos negros eran sudaneses...), ahora tocaba apoyar a Obama. Nike, seguro, no le echará la bronca.

 

Muy pocos jugadores de la NCAA se movilizarán a favor de causas justas si les obliga a rascarse el bolsillo o a sufrir cierta mella en su imagen. Sí lo hará Etan Thomas, Ira Newble o alguno más, pero no LeBron. Al final, el más honrado fue Carmelo Anthony, que dijo que no iba con ningún candidato “porque los dos compran zapatillas”, parafraseando a ese ídolo nefasto en lo moral llamado Michael Jordan.

 

Pero no seamos negativos. Obama, al fin y al cabo, es lo más humano, cercano y bondadoso que ha pisado la Casa Blanca en muchos años. Y que sea negro encierra un simbolismo brutal, da la vuelta a la historia. No le dará la vuelta a la egoísta cabeza de LeBron, pero eso, quizá, es más difícil que cambiar el mundo. No, we can’t.