¿España despechada? Esperemos que no...

“Juagará más el que más se lo merezca”. Aíto dixit. La máxima del “aitismo”, socialización máxima de efectivos. ¿Comunismo baloncestístico?

 

Suena bien, pero en el basket profesional, como en la vida, no todos somos iguales por mucho que lo diga la Constitución. ¿O acaso es lo mismo nacer en un poblado de Niger que en una mansión de Beverly Hills…?

 

La Selección ha ganado en Pekín todos sus partidos, pero no lo ha hecho con la superioridad manifiesta que en anteriores torneos oficiales desde 2006. Es curioso que en los amistosos previos a estos Juegos sí demostró la misma contundencia, e incluso más, que en la "era Pepu".

 

Porque el nombre de Pepu debe estar, y está de hecho, sobre el tapete. No es lo mismo aspirar a medalla viniendo del montón, que siendo campeón del mundo y subcampeón europeo. La comparación, pese a que luego nos quieran vender el tranvía si nos luchamos por metal, es inevitable, más aún cuando al entrenador más ganador de la historia de nuestra Selección le echan sin que aficionado corriente y moliente sepa todavía por qué. ¿Alguien lo sabe…? Para una vez que todos los españoles estábamos de acuerdo en algo…

 

Sin esperar a semifinales (si llegamos, claro) yo sí me atrevo a hacer comparaciones. La Selección de Pepu jugaba mejor que la de Aíto y daba más espectáculo. Es verdad que en Pekín, España da lecciones de defensa presionante, de agresividad, pero en ataque la sensación que deja es de equipo poco trabajado, alocado muchas veces: que no sabe del todo a lo qué juega. Tal vez sea la falta de rodaje con el nuevo seleccionador pero yo me lo paso peor que antes.

 

¿Y por qué juega peor? Pues porque lo roles dentro del equipo ya no están tan definidos. Porque la jerarquía dentro de la pista ha quedado difuminada. Cuando un vestuario tan ganador ve que entra un nuevo entrenador y cambia a dos jugadores, lo primero que piensa que allí nadie es intocable, que el que se mueva no sale en la foto. Ojo, es lógico que cada seleccionador tenga sus preferencias y convoque a quién le parezca, aunque debe darse cuenta lo que conlleva dentro del grupo. Aíto seguro que lo sabe y expertos en “aitología” me confirman que eso también lo maneja bien… Yo sigo teniendo mis dudas.

 

La irrupción de Ricky es un ingrediente estrella, que si sale bien pone la guinda al pastel; si sale mal, puede acabar siendo un tartazo en la cara de algún compañero. Ricky es tan precoz, tan lanzado, tan veloz de pies y manos, tan bueno en una palabra, que no hay otro base que defienda como él en Europa, y ninguno a su edad en el mundo. En ataque el panorama es otro. Todavía le falta dirigir mejor, mover al equipo con sentido, elegir cuando correr y cuando parar. Rudy, el otro jugador de la Selección que importa Aíto de su último equipo, es mayor que Ricky y se le nota más maduro para optar. En defensa, los dos hacen una pareja exterior de ensueño, que además lleva años repasando cada día el manual del maestro.

 

Mi duda es si jugadores como Navarro, Calderón o Garbajosa, los tres que más jerarquía han perdido, se adaptarán al nuevo orden establecido. Quizá estén en fase de aprendizaje, pero en torneos tan cortos y con jugadores que sólo se juntan en verano, experimentos los justos. El martes contra China, Ricky se jugó el último balón del partido cuando era obvio que él no tenía que hacerlo. ¿Qué debieron pensar los killers habituales?

 

Pau Gasol, de momento, es el único intocable entre los virtuosos, escoltado por los dos zapadores preferidos por Don Alejandro: Felipe Reyes y Carlos Jiménez. A partir de ahí, todos soldados.

 

Convencido estoy de que en la élite, la confianza es casi tan importante como el talento. Sería terrible que Calde o La Bomba dudaran siquiera una milésima de segundo, el día d a la hora h, por no sentir lo suficiente que son los elegidos para jugarse el balón del título… Sólo la fiereza competitiva de estos tipos me devuelve la tranquilidad.