Entonces no había resaca...

Julio vende seguros. Seguro de su horario, seguro de su rutina, seguro de estar seguro de lo que va a pasar mañana. Julio tiene esposa y dos hijas. Julio recuerda de camino al trabajo, “aprovechando” el atasco, esos días donde aún se le movían las tripas cada fin de semana. Cuando desayunaba en Frankfurt y comía en Belgrado. Donde los horarios eran instantes, sorpresas y no un número frío y predecible. Julio jugó al baloncesto de elite. Aún se lo recuerdan sus rodillas al despertarse por la mañana y algún posible comprador con memoria de Borges, al que asiente complaciente.

 

Mientras recopila facturas no puede atrapar su memoria que vuela hasta “aquel” partido donde hizo “aquel” mate en la cara de “aquel” americano y 5.000 gargantas gritaron su nombre. Nombre que ahora se deshace como aspirina en agua

 

Con jaqueca lucha contra jefes que le intentan bloquear, corta por la zona de la incompetencia, tapona sus limitaciones, roba algún balón oportunista para encestar la nómina al final de mes. Y cuando esto sucede...no hay ruido, no hay reconocimiento, no hay gargantas coreando su nombre. Y un día más se apaga sabiendo que otro fin de semana vacío se acerca peligrosamente a su vida.

* Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.