El mayor espectáculo del mundo tiene que tener también el mejor envoltorio. ¿Nos daremos cuenta algún día a este lado del charco?

Vaya por delante que hay muchas cosas de la NBA que detesto. El nivel técnico del 90% de los jugadores es pobre, la riqueza táctica de los equipos es más que cuestionable y el número de tiempos muertos por partidos es abusivo si hablamos de un deporte donde el entrenador puede dirigirse a sus jugadores permanentemente durante el juego. 

 

Pero amigo, llegan los playoffs y esto es otra cosa, sobre todo si lo comparamos con la Liga ACB, empeñada en hacerse más pequeña asociándose con entidades que no hacen otra cosa que desprestigiar el producto. 

 

Los Playoffs de la NBA nos han dejado momentos estelares. Esa serie entre Boston y Chicago será recordada por años, al igual que las exhibiciones de LeBron, la aparente madurez de Carmelo Anthony y la irregularidad de unos Lakers empeñados en no demostrar todo su potencial. Después de una larguísima pretemporada de 82 partidos por equipo, estos dos meses de Playoffs son realmente apasionantes. Si en la Temporada Regular se trata de vender el producto, ahora el producto se vende solo.

 

En nuestra competición, el proceso es inverso. Los partidos que se juegan ahora en la ACB vagan en la clandestinidad la mayoría de ellos; son degustaciones privadas para unos pocos. Si te despistas dos días, alguna serie ha terminado,  y las eliminatorias que puedes disfrutar caminan en medio de la Bonoloto  como pidiendo perdón por molestar tan insigne sorteo.

 

A nivel deportivo sin noticias nuevas:  las distancias entre los verdaderamente poderosos y el resto de equipos aumentan. Regal Barcelona y Tau Vitoria caminan varios pasos por encima del  resto, en lo que puede ser una señal de lo que se avecina; y Unicaja y Real Madrid sufren para intentar alcanzar unas semifinales, con el exclusivo consuelo será intentar aprovechar el escaso límite de error que suponen las eliminatorias a tres partidos.

 

El único interés que se vende es saber si estamos ante los últimos partidos, o no, de Ricky Rubio en la ACB. Incluso a los escépticos con su marcha, entre los que me incluyo, nos cuesta defender la postura sabiendo que tendremos más opciones de seguir sus evoluciones en Estados Unidos que en España.