Hasta un ascenso se entrena. Lucas subió a la Serie A con el Scafati italiano en 2006. Dos años después, lo ha vuelto a hacer con el CAI Zaragoza

Dicen muchos que niños y jóvenes de ahora juegan más a la Play que en las canchas de baloncesto. Yo creo que les daña su crecimiento como jugadores, por la sencilla razón de que no le dan tanto al aro como en generaciones previas y esto, al final, es un juego de perfeccionamiento por repetición.

 

Antes te pasabas el día con el balón en las manos y casi sin querer, ibas saltando de categoría en categoría hasta llegar a lo más alto. El temido fenómeno no parece tener freno y a este paso nos podríamos encontrar con jugadores que prefirieran jugar, tumbados en el sofá, consola en ristre, el partido que nosotros sudábamos cada tarde.

 

Los más pesimistas se quejan además de que Internet les distrae. Los autistas del presente, bajaban antaño a la calle con los colegas y no caían en un aislamiento, perdiendo vista delante del ordenador, en lugar de botar, una y otra vez, la pelota en la calle.

 

Los optimistas creen que la sociedad de la información que les ha tocado vivir, les da sin embargo más opciones de conocer a sus ídolos y por tanto de querer ser como ellos. Pueden ir al club donde juegan su referentes, donde saben entrenarles, y por qué no, donde podrán ir subiendo peldaño a peldaño hasta llegar al primer equipo. Allí juegan con las zapatillas último modelo, son examinados para saber qué altura alcanzarán y casi cuál será su evolución física y motriz. Ahora en vez de un balón para diez pibes hay uno para cada uno; ahora se come, o se debería, comer bien… Antes, hasta un sándwich de mandarinas se metía alguno entre pecho y espalda.  

Lo cierto es que antes y ahora salen jugadores increíblemente buenos. Los hay  trabajadores, los hay vagos. Los hay talentosos, los hay menos talentosos… La regla sigue siendo la misma: llega el más fuerte, el más rápido, el más inteligente. El embudo sigue siendo de muchos a muy pocos, pero esos pocos están bajo la tutela de los mejores: entrenadores capacitados, con videos e informaciones que antes existían pero no llegaban con partidos en directo desde cualquier rincón del mundo.  

Por eso el debate me aburre un poco. Las comparaciones son odiosas, pero el tiempo va pasando y la vida cambia. Hay que adaptarse, los contratos, la fama y muchas otras pequeñas, pero importantes, diferencias existen y hay que convivir con ellas. Los pros y los contras siempre pesaron y siempre pesarán. Unos, que hay que ir hacia a un lado y los otros, al opuesto. En baloncesto, como en casi nada, no hay verdades absolutas. Mientras vemos la vida pasar, ¡disfrutemos de la generación de la Play!