En 1999, la "volcada imborrable" de Nocioni sobre Garnett dio la vuelta al mundo. Fue el día que "La Banda" dijo: "Muchachos, nada de fotos"

Llega la guagua (bus) al pabellón donde se disputa el Torneo de las Americas. Dentro, "La Banda" canta, como siempre, saltando, sudando, moviéndose... "De la cabeza...". Nada de auriculares, nada de música individual.

 

El sonido es el mimso que baja cada domingo desde "La Bombonera" o desde cualquier cancha de fútbol o básquet del pais. Gargantas llenas de pasión, todos cantan: cuerpo técnico, cuerpo médico y jugadores, todos. Nadie está sentado, los guardias de seguridad miran asombrados el balanceo del autobús, que frena pero del que nadie se baja. Los gritos salen del corazón; ya no hace falta calentar. Afuera hace casi 40º en Puerto Rico, pero dentro la temperatura no pasa de los 22º.

 

Bajamos en fila india, como indios, sudando mucho, sin remeras (camisetas) por llevarlas en la mano mareadas de tanto ser revoleadas con cada nota del "Es un sentimiento, no puedo parar, olé, olé, olé, ola…".

 

En la charla técnica no hay mucho qu decir. El scouting no es trascendental en este duelo; los jugadores rivales son muy conocidos. Tomamos nuestras precauciones sin demasiada información, ni siquiera hace falta motivar al grupo, "La Banda" solo quiere que comience ya el duelo. Ni presentaciones ni nada: estos momentos para muchos interminables son buenos para concentrarte, para comprometerse.

 

Rumbo al túnel de entrada al parquet, "La Banda" vuelve a juntar sus almas; vuelven los abrazos, los ánimos, las miradas, sonrisas mezcladas con seriedad: cada uno tal cual es. Las manos unidas en el centro y se escucha fuerte, alto y claro: "Muchachos, nada de fotos. Acá vinimos a competir, más que nunca, a dejar todo en la cancha … 1,2,3 …".

 

Suena la bocina del final de partido, "La Banda" sale con la frente bien alta, con la cabeza arriba y mirando sin evitar la mirada; nadie se reprocha nada. Bajan los aplausos para vencedores y derrotados; en campo neutral, eso ya era un pequeño gran triunfo. En la entrada del vestuario, todos sudados en silencio, se saludan con choques de palmas. Atrás quedaron jugadas espectaculares, momentos inolvidables, la "volcada" imborrable... y mientras el partido rebobina en la mente, entra un señor bajito, de gafas, alguien ajeno al entorno conocido; comienza a hablar otro idioma. Los que le entienden a la primera sonríen y agradecen con pequeñas respuestas

 

El señor lleva el polo del equipo contrario; pasa dando la mano a cada integrante del plantel y se le saluda casi con reverencia. Se va, las sonrisas por primera vez retornan a los rostros cansados pero felices. "La Banda" vuelve al bus con sabor agridulce, derrotado, pero se siente más segura, más madura, mas ganadora que nunca. El señor bajito influyó mucho en que esa derrota quedará encerrada en la frase "algunas veces se gana, y otras se aprende". Pero por la edad de los jugadores, para el grupo todo era nuevo. Había muchas cosas que descubrir aún, aunque el camino ya se vislumbraba frente a ellos. Y era largo, muy largo para recorrerlo: entrar en la historia disfrutándolo pero sabiendo que se había dado el primer paso.

 

"La Banda" fue bautizada por el equipo más grande de la historia del básquet mundial, sin saber entonces que años más tarde la historia también hablaría de ellos. Porque aquel día jugaron sin pedirle fotos a sus ídolos, sin esconder miradas, ni esquivar choques, ni dejarse intimidar con las letras USA de la camiseta rival.

 

"Muchachos, nada de fotos". Más tarde, con los años, se las harían, pero ya será distinto. El señor bajito se tendrá que quedar en su vestuario consolando a los suyos, sin cruzarse, asumiendo y asimilando la primera caída de su equipo en torneos internacionales, en su casa, y ante su gente.

 

Los flashes, esta vez, sí inmortabilizaban los rostros alegres de "La Banda", no iba a ser la última vez, pero esa foto sí vale la pena: está en la historia y todavía quedan muchas más para poner en ese álbum.