¿Ganamos la plata o perdimos el oro?

La frase no es mía. Se la he birlado a mi compañero de fila en el avión: el gran Juanma López Iturriaga, El Palomero blogger.

 

Y es que, para variar, he salido camino del aeropuerto con el tiempo justo. ¿Otro fracaso? Menos mal que el taxista se ha portado como un jabato y me ha cruzado Madrid en 20 minutos escasos. En el mostrador de facturación sólo he tenido que pesar las maletas y listo: traía la tarjeta de embarque de casa.

 

Pasar el control de seguridad en Barajas es cada día más insoportable. He hecho la prueba y tardo más en hacer la cola del escáner, que en  llegar a la estación de Atocha desde mi casa. Lástima que no se pueda ir en AVE a Varsovia...

 

El avión ha salido tarde; nada nuevo. El día que Iberia vuele puntual, los que volarán serán los cerdos por la T4... ¡Que cachondos! Cuando ya estás sentadito y con el cinturón de seguridad bien prieto, te anuncian que hay retraso. ¡Eureka! Tres cuartos de hora y a mamar. A los pocos minutos vociferan el despegue por altavoces y parece que encima hay que darles las gracias. ¡País!

 

Leo la prensa y me quedo alucinado con el viaje que le pega Pepu Hernández al presidente de la FEB, José Luís Sáez en “El Mundo” por decir que “si España no gana el oro en Polonia será un fracaso”. El alucine continúa cuando compruebo, como me temía, que la prensa deportiva ensalza a la otra gran Selección, la de fútbol, como la mejor del mundo cuando casi los mismos jugadores y el mismo seleccionador fueron lapidados en la Copa Confederaciones por quienes ahora vuelven  a mear colonia con La Roja.

 

¿Qué tiene de raro? Nada conociendo a los españoles. Nos venimos muy arriba en las buenas y muy abajo en las malas.

 

España tiene un equipazo en fútbol y baloncesto. Uno es campeón de Europa y el otro es campeón del mundo y subcampeón olímpico y europeo. Nunca nos habíamos visto en otra y aunque los deportistas españoles de hoy ya no son los acomplejados de antaño, entre el derrotismo congénito y el triunfalismo visceral del entorno hay matices.

 

No es lo mismo perder el Eurobasket con el último tiro del jugador estrella rebotando varias veces en el aro (como pasó en España hace dos años...), que caer sin alma (como ante Lituania el jueves...). El camino dice mucho de una conquista y no por haber tenido un fracaso en la vida se es un fracasado de por vida.

 

La única derrota de la Selección Española de baloncesto en cuatro años de partidos amistosos (cuatro más en partidos oficiales) nos debe enseñar a apreciar lo conseguido por esta generación. Dice el dicho que se aprende más de las derrotas que de las victorias; sin embargo un reciente estudio científico afirma lo contrario: el ser humano sólo interioriza (aprende) de aquello que hace bien y lo malo lo rechaza, lo borra, y por eso lo vuelve a repetir. Es cierto.

 

La suerte de estos “Hombres de Oro” del balón naranja es que aprendieron a ganar hace mucho tiempo, es una constante en su vida.

 

Dos semanas tienen para salir a la pizarra y dar la lección con nota. ¿Sería un fracaso no sacar matrícula de honor?