Hay que hacer borrón y cuenta nueva con respecto al último España-Croacia. Así fueron los últimos tres minutos...

Eso es lo que tienen que hacer los jugadores españoles en sus cabezas antes de afrontar el encuentro de cuartos de final frente a Croacia.

 

Algo raro pasa en la Selección Española. A pesar de la distancia que nos separa, las sensaciones que transmite el equipo y las últimas declaraciones del capitán de la selección apelando a dejar a un lado las cuestiones personales, hacen pensar que hay algo que no va todo lo correcto que debiera dentro del grupo español.

 

Siempre he sido un gran admirador de Carlos Jiménez, mucho más desde que tuve la suerte de compartir equipo con él. Y no puedo estar más de acuerdo con su llamada a la calma y a recuperar el sentido colectivo para afrontar una parte decisiva de la competición en la que, no nos engañemos, España tiene una oportunidad histórica para alcanzar la final de unos Juegos Olímpicos.

 

Es el momento de la verdad y de que todos arrimen el hombro para conseguir el puesto que, por potencial, esta selección merece. Por tanto no insistiré mucho en determinados y para mí, injustos, análisis que inciden única y exclusivamente en la labor del técnico como causa del dubitativo juego del grupo y que vuelve a poner de manifiesto el proteccionismo mediático de determinados jugadores españoles que, claramente, están rindiendo por debajo de su nivel y a los que se intenta justificar con las rotaciones del seleccionador español.

 

Es cierto que el balance del juego hasta ahora está por debajo de lo que todos esperábamos y que, en especial, la derrota frente a Estados Unidos, aunque previsible, ha dejado más heridas de las deseadas. Pero realmente España está donde tiene que estar, ha predido con quien, normalmente, tenía que perder y un gran partido contra Croacia acabaría con todas las dudas e inseguridades que el grupo nos ha mostrado en muchos momentos del juego.

 

Es tiempo de recordar aspectos simples del juego que nuestra selección ha desatendido con demasiada frecuencia. Aspectos como la responsabilidad individual en defensa para evitar vivir permanentemente de las ayudas, como el del pase extra en ataque y, sobre todo el de la permanente solidaridad con el grupo, que tiene muchas maneras de expresarse. La principal, intentando aportar cada uno al colectivo sin esperar lo que puede aportar el colectivo por él.

 

Una medalla olímpica no es cualquier cosa y España no anda sobrada de ellas, tampoco en Baloncesto. La mayoría de los jugadores están en una edad perfecta para competir y, aunque el futuro, visto lo visto, está en muy buenas manos, estamos ante una oportunidad histórica de vivir una de las experiencias irrepetibles para un deportista como es jugar una final olímpica.