¡La Cocina del Soltero! YouTube supera a la ficción...

Hace ya unas semanas, en vistas de que mi novia se había ido de la ciudad y amparándome en mi buen hacer en la cocina, decidí ir a comprarme un bocadillo para comer. Ya sabéis, la típica buena alimentación del deportista.

 

No es que no confíe en mi cocina. He visto los suficientes programas de Arguiñano y he vivido soltero lo suficiente para, simplemente, no fiarme de mi.

 

De soltero (hace unos años) llegué a un punto en que cocinaba la pasta y el arroz de muchas formas diferentes. Pasado, quemado, chamuscado, carbonizado, duro… Pero finalmente acabé con una cocina muy “particular”, la que yo llamé  “cocina imaginativa”

 

CASO: Imagina que abres tu nevera y ves un “yugur” caducado, un pimiento con  micro mundo, un huevo (no sé si duro o no; voy a hacerlo rodar sobre si mismo como me decía mi madre para saberlo ¡¡Hostias!! Al suelo… No hay huevo), 20 coca-colas, tranchetes (de toda la vida, de los que se pegan y tienen un sabor deliciosamente “plasticoso”), un calcetín (¡mira donde estaba!), leche (aquí siempre se comete un error. Piensas,  ¿estará caducada? Y la hueles. ¡Mal!. ¿No te dan pistas las moscas volando sobre el tetrabrik? ¡Diossssssssss! Qué olor)… sin leche. Y un pan de molde que es de confianza. No es que compre siempre la misma marca, es que lleva en el piso más tiempo que yo.

 

PREGUNTA: ¿Qué va a comer el protagonista de nuestro problema teniendo en cuenta que a menos de 200 metros de su casa hay un Restaurante de comida “vertiginosa”

 

RESPUESTA: ¡Cocina imaginativa! Te puedes imaginar un plato de pasta (pasta es algo que nunca falta en casa de un soltero) con fondo de costrones y pimientos al ”Tranchet”. Para tomar el segundo nos levantaremos, andaremos 200 metros, pediremos una hamburguesa doble  en el Restaurante “vertiginoso” y nos dispondremos a disfrutar de carne de ternera a la Macdonel bañada en dulce salsa de Quepchu con guarnición de tubérculos

 

¿Puedes imaginártelo? 

 

Afortunadamente un día conoces a alguien y te enseña que no se come directamente de la olla, que la nevera no tiene por qué hacer “eco”, que hay vida después de la pasta, que la comida se puede saborear e incluso masticar, ¡que los platos se pueden lavar después de usarse!...

 

Y vas dejando atrás cosas que pensaste que siempre estarían contigo, que te cuesta abandonar, que no consigues del todo… olvidar…

 

PD: Dedicado a alguien que estuvo en esa época siempre conmigo. Que siempre estuvo ahí cuando lo necesité. A ti, querido pan de molde.