Vanidad de vanidades

La afición de Cáceres, que es sabia y meridiana, blandía el último partido una pancarta que dictaba “Lucio MVP” y pensé: “¡Qué peligro!”. Uno cree lo que quiere creerse. Y eso es muy delicado porque uno no tiende a considerarse con justicia. Se debería de trazar el punto medio entre la opinión de tu abuela y la de tu suegra.

 

En nuestra cabeza, en esta profesión tan voluble, suelen pugnar La Razón y La Vanidad. La Razón argumenta: “Satélite, consienta aceptarme que a su edad ser MVP es un acto baladí y baldío. O sea, una entelequia”. Pero entonces La Vanidad interviene y dice: “¡Madreee, con lo que se me arranca el gualtrapa!  MVP, NBA, VIP… lo que se me ponga por delante. Me faltan siglas, ¡bah!” .

 

Hay que saber bregar con la vanidad de uno, sino ésta puede llegar a frenarte. Debes aprender a convivir con ella. Es la misma que te empuja a coger la estadística tras hacer un buen partido y cuando alguien te mira de soslayo te ves arrinconado y espetas:

- No, sólo la miraba para saber qué porcentaje de tres habían hecho ellos.

- Ya ¿y cuánto?

Y con cara de Yola Berrocal contestas:

- ¿Cuánto qué?

 

Todos puntualmente sufrimos “Vaniditis”. Por eso, como medida de choque, he dejado de frecuentar a mi abuela. Era como si a un diabético le dan barra libre en una pastelería. Una tentación. La última vez que fui, iba en chándal viejo, sin afeitar, despeinado (no quiero ningún comentario) y con sudor veraniego. Nada más abrir la puerta mi abuela dice:

- ¡Madre mía! ¡qué guapo está mi niño!

Nota: Da igual tu edad o condición. Ya puedes ser dueño de ACS o jugar partidas de tute en el hogar del jubilado, que una abuela te llama “mi niño” y punto.

- ¿Qué tal, corazón? - continúa.

- Pues mal. Perdimos de 30 puntos el último partido. Yo valoré -8 y me lesioné intentando pegar al entrenador.- Contestas cariacontecido.

- Vaaa, con lo bueno que tú eres. Seguro que ese entrenador que tenéis no vale na. Además, tú no puedes hacerlo todo. Pero… ¡cómo lo va a hacer mal mi niño!

 

Después de media hora de terapia sales de casa de tu abuela y llamas a tu agente y le dices gritando que en el equipo no se te valora y quieres que te drafteen junto al Ricky ese.

Ya digo… Vaniditis.

 

“La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias sólo a nuestra vanidad”.

François De La Rochefoucauld