El pívot argentino, Román González, grabó con su cámara la entrega de la medalla de bronce en Pekín

Medalla

En este equipo de EE.UU., salvo 3 ó 4 jugadores están todos los mejores del mundo NBA. Sin embargo, más allá de que fueran, de largo, los mejores, se dieron cuenta de que el mundo FIBA va en serio: ganaron y consiguieron sus objetivos: el oro y el respeto del imbatible que tenían antes del Mundial 2002.

 

Aprendieron a jugar más en equipo, atacaron mejor a las defensas zonales (aunque todavía les cuesta…), defendieron con muchísima más intensidad, respetaron al rival y lo estudiaron previamente, lo que hasta ahora no ocurría. Eso sí, todavía no han aprendido a que en el baloncesto FIBA se corre después de botar, y no antes (¡lo de los árbitros fue lamentable!). Tampoco han aprendido todavía a jugar a un ritmo lento. Cuando se les dominan los tiempos son bastantes más vulnerables de lo que parece.

 

Su jugador más representativo ha sido Kobe Bryant, una estrella bajada al mundo real, tal vez por voluntad propia o porque no le quedaba otra que respetarse a sí mismo, a sus compañeros y a los rivales.

 

España les desnudó muchas veces la falta de acoplamiento en la defensa del 5 para 5 y por eso estuvo a punto de arrancarle el oro, lo que hubiese supuesto el fin del reinado americano para siempre.

 

Merecida medalla la yankee: dieron espectáculo y volvieron a ser los mejores, el rival a batir, pero ¡ojo!, también saben que más allá de que España y Argentina (completo, sin tantos tocados) traigan a los mejores, ellos no son el famoso “Dream Team”. Me imagino que no volveremos a ver a equipos estadounidenses con jugadores universitario o profesionales de nivel medio: o van todos los buenos o pierden como hace unos años.

 

Orgullo

Es lo que sienten, merecidamente, los jugadores y los aficionados españoles; le jugaron de igual a igual a los mejores del mundo sin medir fuerzas (tal vez demasiado de igual a igual) y con un Felipe inconmensurable, el estandarte, la imagen de esta selección llamada en algún momento a destronar el poder de los atletas americanos.

 

Aito varió el planteamiento táctico respecto a como jugó España en estos últimos gloriosos años con Pepu. Fue valiente, acomodó a los dos jugadores que más conoce durante el año, con los habituales puntales de años anteriores. Y con defensas zonales asfixiantes cambió en muchas partes del los partidos el ritmo vertiginoso del rival.

 

Sólo queda decir: ¡Felicidades España! Coronando 6 años de logros importantes y sobre todo transmitiendo con su juego, trabajo y talento, que estarán peleando por las medallas por muchos años más.

 

Merecida medalla de plata con tintes de oro.

 

Cojones

Es lo que tiene la Selección Argentina, pero sería injusto justificar un logro tan importante como es la medalla de bronce con sólo este atributo. Se me ocurren muchas cosas, que ya leí, escuche, viví, y me siguen emocionando: la viva imagen es el “Chapu” Nocioni, jugando con una pierna, dejando en la cancha sangre, sudor, lágrimas, la rodilla, la ilusión… con muchos huevos y con el corazón enorme que desparrama en cada acción.

 

Ver a Luis pelear rebotes con gente, toda, más alta que él; a Paolo, siempre juzgado injustamente por su estatura cuando lo que hay que medir es su corazón… A la dosis que viene de fábrica en el ADN argentino hay que sumarle trabajo, compañerismo, inteligencia, voluntad, amor por esta camiseta. El abanderado de los argentinos, el mejor jugador argentino de todos los tiempos, llorando en el vestuario porque la inoportuna lesión le dejaba fuera de la competición… ¡Qué palabra mas grande para un argentino, “competir” y por una medalla olímpica! Esas lágrimas llenas de dolor se convirtieron en el detalle, tal vez, más importante del partido: Lituania jugó contra 6 y no pudo ganar.

 

Disfrutemos este momento, saboreemos los amantes del básquet argentino estos logros, porque tal vez no lo repitamos jamás o tal vez sí... Ya dije que nunca hay que subestimar el corazón de un campeón.

 

Salud amigos, salud compañeros y gracias por seguir haciéndonos soñar.