Como en Barcelona 92, en los Juegos de Pekín domina el baloncesto - por Fabián García
Manu Ginóbili liderando la delegación argentina en Pekín, los Juegos del baloncesto
Desde la partida de Buenos Aires transcurrieron algo así como 32 horas, con dos vuelos de los auténticamente largos en el medio, acompañantes ruidosos en el avión, cambios de climas varios y, sobre todo, mucho calor húmedo a la llegada a la capital china.
Llego prevenido. Una de las pocas personas con las que pude entablar una mínima charla en mi viaje resultó ser la esposa del embajador de Costa Rica en China y me alerta "en China te revisan todo. Los mails, las páginas de internet que visitas, absolutamente todo". Me acordaré de ella luego, cuando intente bajar de YouTube un vídeo de Yao Ming en Pekín y, sospechosamente, no pueda.
No pienso entrar a páginas porno, pero me preocupa un poco más el hecho de hacer algún comentario de los muchos que surgen a cada instante en este país tan especial, donde la sonrisa de la gente involucrada en los Juegos parece más dibujada que sincera.
De todos modos, no podemos quejarnos de la atención recibida al llegar. Miles de voluntarios se despliegan por el flamante aeropuerto internacional remodelado, aunque muy pocos hablan un inglés medianamente claro. Lo peor es que están convencidos de que lo hablan bien, lo que complica más las cosas.
Lo que queda claro desde el comienzo es el impresionante interés que existe aquí por el baloncesto. Curiosamente, en los Juegos donde cinco baloncestistas portaron la bandera de sus respectivos países (Sarunas Jasikevicius, Manu Ginóbili, Dirk Nowitzki, Andrei Kirilenko y Yao Ming), es este deporte el rey.
Viví Barcelona 92, mitad como espectador y mitad como periodista, y la presencia del primer y único Dream Team de la historia hizo que aquellos fueran los primeros en tener al baloncesto como principal actividad. Pues debo decir que en Pekín la situación se ha repetido.
¿Quién es el responsable? Yao Ming, sin dudas. Su figura forma parte de nuestra visual desde la misma salida del avión, a partir de un cartel publicitario de la tarjeta de crédito Visa, uno de los sponsors de los Juegos, que utiliza su imagen para dar la bienvenida.
Pero después se lo verá en otras decenas de anuncios, gigantografías por las calles, en las carteleras digitales y en casi todo lo que tenga que ver con la imagen internacional de Pekín 2008. Claro que Ming no es el único. Su presencia en la NBA hizo que millones de chinos se hicieran fanáticos de otro montón de jugadores que están aquí ahora, como Dirk Nowitzki, Pau Gasol o Manu Ginóbili, entre otros.
Puedo dar fe con un ejemplo personal. Un joven chino, de los pocos que manejan un inglés fluido, me cambió su celular usado por un autógrafo de Manu Ginóbili en su remera. Lamentablemente, no consiguió entradas para ver baloncesto y tuvo que conformarse con un ticket para la final del fútbol, en el que hincha por Argentina.
A partir de mañana, todo el colorido que rodea a estos Juegos tan especiales comenzará a dejarle paso a la competición. La presencia del mejor equipo de los Estados Unidos desde aquel 1992, más el agregado de tres o cuatro equipos con su potencial en el mejor momento (España, Argentina, Grecia, Rusia), convierten a Pekín en la cita más dura del baloncesto internacional en décadas, quizá la mejor desde la caída de Yugoslavia y la Unión Soviética. Por eso, cada detalle puede ser clave a futuro, aunque, a la larga, lo único que valdrá será estar bien mentalmente el 20, 22 y 24 de agosto.



