La mirada campeona - por Lucas Victoriano

Aquel día histórico de 2002, las miradas fluyeron en "La Albiceleste"

Cuando las circunstancias apremian, muchas veces salen de lo más hondo nuestros mas sinceros sentimientos; las formas de actuar, de enfrentar las consideradas situaciones límite. Ahí no nos engañamos, nos comportamos como de veras somos: damos un paso hacia delante, nos quedamos semiparalizados o esperamos que el curso de las cosas vayan a nuestro favor para, así, poder activarnos. Entonces se necesita un empujón. No es que quieras borrarte o que estés cagado, sino que alguien tome la delantera para seguirle.

 

Una vez que el equipo se da de bruces con esas situaciones, las miradas valen mucho más que los actos. Quiero explicarme bien para que no me malinterprete. Prefiero ver en los ojos de mis compañeros las mismas ganas, la misma tranquilidad, la misma ambición, la misma decisión. Que no sea sólo yo, sino la mayoría.

 

Si las palabras de los tuyos comunican más de lo que transmiten sus ojos, ponte en guardia. En cambio, cuando ves se dice lo justo y las miradas suficientes, entrarás a la cancha convencido de que ya tienes mucho ganado. Lo que trasmitimos con las miradas sirve para hablar en silencio a tus rivales y sobre todo a tus propios compañeros.

 

Jugar un partido trascendental es lo mas lindo que te puede pasar; saber que tu mente está sintiendo el miedo necesario para no acogotarte y suficiente pata mantenerte alerta; saber que la ilusión de muchos recae en tu buen hacer; saber que la victoria te ayuda a subir un peldaño más en pos de tus sueños. Te lleva, sí o si y más en nuestro deporte, a conectar con tus compañeros, alimentar las ganas de triunfo sabedor de que la mayoría se suma a la causa. El peso individual es menor si nos unimos y ponemos el hombro como equipo;  manejas mejor las pulsaciones elevadas, las miradas intercambiadas con tino en busca de la sintonía apropiada para asumir la responsabilidad del ser o no ser en ese partido, en esa temporada o en ese campeonato.

 

Un partido importante viene cargadísimo de tensiones, y a medida que se aproxima la hora del partido las cábalas, las estadísticas, las previsiones se acaban: sólo quedas tú y tus compañeros para jugar “el partido” de alta tensión. Y es ahí cuando entran en juego las miradas, la concentración, la intensidad, la inteligencia. No sólo juegas contra los rivales, sino también contra las situaciones, y sabes que quien mejor controla ese invisible partido tiene mayor fortaleza que su rival, más allá de si son mejores, candidatos, o simplemente van en busca de un milagro deportivo. Todo ello no sólo pasa en la alta competición,  también en muchos aspectos de la vida. Cuando juegas en conjunto, cuanto te sientes arropado, en simbiosis plena con tus compañeros de trabajo o con tu familia, las cosas se simplifican, los grandes obstáculos no parecen infranqueables.

 

Los grandes hitos se construyen a base de miradas, y estoy seguro que los campeones las sintieron, se agrandaron gracias a ellas, alcanzaron la fortaleza plena y por eso esculpieron su nombre en la historia.

Hasta pronto, Sergio... - por Lucas Victoriano

Desde TUBASKET.com, el más sentido pésame para la familia. Sergio debutó en ACB con el Forum

Desde acá, mi pequeño homenaje a un ex compañero, luchador como pocos y muy buena gente.

 

La noticia, lamentablemente, no nos pilló de sorpresa, pero saber que ya no está es una tragedia.

 

Yo prefiero recordarle con una sonrisa, porque si algo tenía Sergio era simpatía; un tío cachondo, siempre de buen humor… y eso que yo cuando le conocí traía "mochilas" y "mochilas" sobre su ancha espalda.

 

La primera "mochila" que le descubrí la traía de EEUU: venía llena de ilusión. Sergio estaba encantado de poder jugar en el Real Madrid; portaba miles de anécdotas universitarias, con estudios, baloncesto, fiestas y chistes, muchos chistes.

 

La otra "mochila" era más pesada y aunque al principio le costó acarrearla, la sacó adelante a base de ponerle cara al asunto. En su chaqueta se leía un apellido ilustre en el club blanco y por eso era el centro de las miradas; la "mochila" pesaba aún más sabiendo que su propio padre era el entrenador de equipo. Sergio la luchó y terminó jugando muchos minutos esa temporada, porque ya entonces demostraba que era un verdadero luchador.

 

Cuando le llamaron desde "arriba" se puso a hacer su última mochila, para emprender el viaje que inevitablemente, tarde o temprano, todos haremos. Pero él siguió luchando, y se la aguantó, con todo lo que ello significa. Porque estoy seguro de que más que pensar en él, estaba más preocupado por cómo estarían afrontando sus seres queridos los momentos más duros.

 

Lamento no haber podido estar en tus últimos días, para ayudarte a meter todos esos buenos momentos que pasamos juntos, rodeados de miles de amigos, a quienes dejas con las copas en la mano para brindar algún día, allá donde estés, como hicimos en más de una ocasión.

 

Extrañaremos tu forma de ser, tu forma de vivir. Me parece que 36 años son pocos; vos los exprimiste al máximo, te sobraba vida y buena onda. Y así te recordaré. Buen viaje y ya nos veremos.

 

Fuerte abrazo a Clifford y flía.

Basta de peros... - por Lucas Victoriano

Gallinari: más virtudes que defectos

Gente, otra vez os propongo un tema para debatir. Partiendo de la base que en este maravilloso deporte se puede debatir todo y nadie está en posesión de la verdad absoluta, esta semana lanzo un desafío a los que tanto gustan de hacer hincapié en lo que le falta a un jugador, en lugar de alabar lo que tiene.

 

Sí, les mostraré como los peros están eclipsando a los buenos jugadores o minimizando su talento. Antes, tener a un tipo que te abría las zonas a base de triples era una bendición, ahora es “solo” un tirador y no mucho más. Y así miles de ejemplos…

 

Hace unas semanas asistí a unos de los exitosos Circuitos Sub-20, que tanto ayudan a la progresión de los pibes. Muchos de ellos, de hecho, están ya preparados para jugar en una competencia de alto nivel. Sin embargo a mi alrededor volvió a aparecer, con mucha frecuencia, el vicio que hoy nos ocupa: el pero. Los aludidos, consultados o no, comienzan siempre opinando de un jugador con un adjetivo bueno, para luego soltar la ristra de peros: “ El jugador número 9 juega muy bien, pero no tira de fuera, no defiende bien, y muchas veces se le va la cabeza… (¡Jeje, 1 a 3 en contra!). A ese no ya no le fichamos”.

 

Venga, entonces buscamos a otro, un pívot. La opinión no tarde en oirse: “Juega bien el pick and roll, pero no va al rebote ofensivo, corre mal el balance defensivo y tira mal los tiros libres…”. A los más afortunados les ven dos o tres cosas buenas, pero al final los pero nunca son menos que las virtudes.

 

De tanto oirlas comencé a prestarle más atención a estas reflexiones, no sólo en la cancha o viendo algún partido en la grada, sino también en los bares, cunas del pero continuo y cuya costumbre ha sido importada al basket de otros deportes aún más populares. Una vez coincidí con gente del fútbol y me di cuenta de que los peros también van y vienen antes que las cosas bien hechas.

 

El caso es sacar peros. Tantos y tantas veces que algunos estudiosos de la estadística enseguida te buscan algo (que por supuesto existe… ¡somos humanos!) y lo remarcan sin pudor. Hoy en día  cualquier análisis termina con un pero; es imposible evitarlos. Incluso hasta al mismísimo Kobe Bryant (posiblemente el mejor jugador del mundo…), le sacan el inapelable pero… ¡¡¡es egoísta!!!.

 

¡Jajaja! Por favor, señores, es imposible que un jugador no tenga defectos, pero es injusto empapar los comentarios con pero. Lo más gracioso es que cuando nos referimos a un ex jugador, siempre hablamos maravillas de él, como si hubiese sido la réplica del niño prodigio Lebrón James. Y la frase pasa de ser un pero tras otro a ¡¡Qué bueno era!!, ¡¡Ese sí que sabía jugar!!. Pareciera que tenés que retirarte para que tus virtudes tapen tus defectos.

 

Por cierto y para acabar, sólo se me ocurre un jugador que rompería esta tendencia de teñir todo de peros y ese es Michael Jordan. Aunque no lo quería nombrar, no vaya a ser que aparezca algún iluminado y se le ocurra tirar del famoso y popular PERO.

Partidos vs partos - por Lucas Victoriano

La generación dorada

El ejemplo más reciente viene desde Liverpool, pero podría haber tenido lugar en Moscú, Melilla o en cualquier ciudad del mundo que por suerte disfrute de un deporte profesional en casa.

 

Las acusaciones de falta de profesionalidad hacia el jugador de fútbol, Xabi Alonso, por preferir quedarse con su mujer, a punto de parir, a viajar con su equipo al extranjero para jugar un partido de Champions, han sido el detonante final y definitivo de nuestras alarmas más sensibles. Las de todos aquellos deportistas profesionales que pensamos que no tenemos ningún derecho sobre nada, por ser jóvenes y estar bien pagados.

 

Mucha gente cree que en nuestro contrato vienen todas las obligaciones y ningún derecho. Los que pagan por vernos tal vez tengan parte de razón, pero no comparto que esas obligaciones se lleven al extremo de no permitir a un jugador asistir a uno de los acontecimientos más hermosos de la vida de un ser humano, como es vivir en persona el nacimiento de un hijo.

 

Y por supuesto no es la primera vez que ocurre. Se ha llegado a dar el caso de un jugador multado por su club, por preferir acompañar a su mujer el día más importante de la pareja y en un momento inaplazable, en lugar de ir a jugar un partido. En el trasfondo aparecen las duras críticas de la prensa y los aficionados que no comprenden cómo “un profesional” puede faltar a un partido.

 

Menos mal que siempre los hay valientes (aunque que no son más que sensatos despojados del miedo…), que prefieren soportar las críticas por defender sus convicciones. Yo brindo por ello. Sin embargo me pregunto a la vez si no nos estaremos pasando con este verso de que los partidos son una guerra o de que ganar está por encima de todo y de todos. A mí me gusta ganar; a todos los que yo conozco les gusta ganar, pero comparar una victoria, por muy importante que sea, con ver nacer a un hijo (y yo todavía no tenido ese placer…), es irracional.

 

Recapacitemos, por favor, con este tema que da para muchos pensamientos. Sería bueno conocer cómo piensan los aficionados (os animo a ello en este humilde blog…), pero desde mi óptica del jugador, estoy más que convencido de que si alguna vez me viera en el caso de Xabi Alonso, de Pablo Prigioni o del “Ogro” Kambala, elegiría sin dudarlo (si Dios así lo quiere…), ver nacer a mi hijo.

 

Dicho lo cual, espero la comprensión de los exigentes forofos, aquellos que creen que los colores lo son todo. Porque si pedimos a un tipo que no asista al nacimiento de su hijo, indirectamente le estamos pidiendo que deje de lado sus sentimientos… y sin sentimientos, ¿cómo puedes defender tu camiseta?, ¿cómo puedes sentir una derrota?, ¿cómo puedes lograr identificarte con tu equipo y así quedarte al año siguiente en lugar de irte adonde te den un euro más?

 

A un jugador profesional le estamos pidiendo fidelidad a los colores y esa fidelidad nace, precisamente, de los sentimientos de cada uno, ni siquiera del contrato, ni de ninguna frase demagógica por muy contundente que ésta sea. Los jugadores, por más o menos millones que ganemos, somos primero seres humanos. Que se nos tenga mal conceptuados o que se nos envidie muchas veces, no significa que debamos perder el norte pidiendo, o comparando, partidos por partos.

 

La pelota justiciera - por Lucas Victoriano

El final más increíble de la historia de la ACB

 

Los amantes del baloncesto llevamos grabados en nuestros archivos vitales muchas canastas que nos hicieron felices y también otras tantas que nos empujaron a la desilusión. Partidos y campeonatos ganados o periodos en función de que la grandiosa fortuna decidiera escupir o aspirar la naranja más hermosa de todas. En mi memoria ocupa un lugar de honor el balón más inteligente, aquel que jugó la final de liga más recordada de siempre…

 

Cuando la temporada estaba siendo injusta y dura con él, con su historia, con su talento; y cuando muchos se iban a quedar con una imagen equivocada de lo que es, fue y será este grandioso jugador, la pelota no quiso equivocarse.

 

Cuando el entrenador, viendo que su barco naufragaba, que su titulo no sé cuántos peligraba, que la angustia se entrometía en el corazón de los blancos, apareció esa  figura delgada y atlética con calva marca de la casa, ojeras inconfundibles y madera de líder silencioso; con el 11 en el lomo y con la muñeca récord de triples de la historia de la competición… Ese envidiable palmarés.

 

Faltaba poco tiempo; “su” equipo perdía la final. Nada más entrar a la cancha un traicionero primer plano de televisión enseñó su cara de desilusión, su enfado, su impotencia… la temporada y toda la carrera representadas por esos expresivos gestos. Lloré delante del televisor: no era justo ver así a un  grande, a un genio, a un ídolo… Pero el tipo siguió para adelante mientras los segundos arruinaban el sueño de la gran familia madridista.

 

Entonces apareció desde la esquina como un ángel  blanco. La inteligente pelota quiso pasar una vez más por las manos de quien la hizo pasar por el aro noche tras noche. Las manos de ese madrileño que nunca quiso moverse de la capital española; las de quien se negó a estudiar cualquier tentadora oferta para trasladar  su aérea canaleta imaginaria desde su brazo hasta la redes de la millonaria NBA. Los gajos de la pelota rodaban una vez más a la vista de los afortunados aficionados que pudieron vivir aquellos interminable momentos en vivo y en directo. La pelota ya conocía su destino, esos mails que el mítico Cervatillo enviaba sí o sí al tablero electrónico… ¡Yo saltaba! Y muchos a mi lado. Los que habíamos tenido la suerte de conocerle nos reconocíamos gozosos, ayudando a que “el protagonista” subiera al cielo soñado, a que lo tocara con las dos manos. De nuevo las manos. Siempre las mismas manos que luego recibirían ese trofeo nunca tan justo y justificado.

 

De los muchos que ganó el Madrid, éste era más suyo que ninguno, la casa blanca española se lo debía, el básquet mundial se lo debía, la vida se lo debía… el destino se lo debía. Y todavía hoy creo que se lo seguimos debiendo. Una retirada más gloriosa no va a tener nunca. Porque todo deportista sueña retirarse así. Sin embargo yo creo que aún queda un triple por meter, tal vez bajo la atenta mirada de sus inseparables seres queridos, de sus viejos amigos, de los viejos compañeros, de los viejos rivales… de todos aquellos que nos sentimos orgullosos de haber compartido algún partido con el querido “Pelau“.

 

Por eso propongo una despedida en cancha, vestido con el traje que te hizo inmortal, con tus hijos en tu equipo y con millones de pelotas deseando la mejor de las suertes: ser la elegida para que ÉL la tire al aro.

 

Yo... Lucas Victoriano

Hola a todos aquellos que estén leyendo al servidor. Cada semana intentaré ponerle onda al espacio y así intercambiar ideas y experiencias que desde los 5 años vivo al lado de la pelota, Soy Lucas Victoriano. Tucumano de nacimiento, argentino de corazón y enamorado de España, mi segunda casa. Cuando me pidieron escribir unas líneas en esta pagina no lo dudé. Me gusta leer y exponer mis ideas, pero sobre todo aprender de los demás. Acá lo que yo puedo aportar es todo aquello que fui recogiendo a través de los años de profesional: en Argentina, en Italia y en las distintas ligas españolas en las que todavía tengo la fortuna de jugar.

Últimos comentarios...

  • VILLALENGUA62

    Suerte campeón. Demuestrales lo que vales.

  • FER- I*LL

    MUCHA SUERTE CRACK!!!

  • titin

    ok tiobob, pero tb la cantó andrelo, gracias de todos modos por llevarme hasta la raíz, siempre se agradece, aunque ahora que han pasado los días creo que pega más aquel tema de los inolvidables Abuelos: Muerdo el anzuelo y vuelvo A empezar de nuevo cada vez. Tengo en la mano una carta Para jugar el juego cuando quieras. Good luck Lucky